Madrid

Un pelotazo dirigido a la grada. Tres fuertes raquetazos en las zapatillas. Una mirada de furia. Y otra. Y luego otra más. Un manto de quejas infinito y mil reproches en voz alta. Un ojo que acabó medio morado por un golpe con la raqueta. El martes por la mañana, en el estadio número tres de la Caja Mágica, Garbiñe Muguruza finalizó su segundo entrenamiento para preparar el Mutua Madrid Open con un saco de malas pulgas encima, consumida por la frustración de ver que nada de lo que intentó le salió bien.

La española, que afronta su parte más delicada de la temporada (defiende 2.415 puntos de los 4.691 que tiene actualmente), corre un riesgo importante tras coronarse el año pasado en Roland Garros y abrir la caja de los truenos: se podría ir fuera de las 15 primeras del mundo si no iguala los resultados que la llevaron a lo más alto con la llegada de su primer grande hace casi un año. 

“No ha cambiado nada, soy la misma persona”, se arrancó Garbiñe este viernes, sentada en un sillón de cuero blanco en la segunda planta de la zona de jugadores, a unos pocos metros de los vestuarios de la pista Manolo Santana. “Sé que tengo un Grand Slam a mis espaldas, pero quizás eso hace que tenga más ganas de volver a tener más títulos”, prosiguió la número seis del mundo, que debutará en el torneo contra la suiza Bacsinszky (3-0 en el cara a cara). “La realidad es que en Madrid no me siento favorita para ganar el título porque no es un torneo en el que me haya sentido especialmente cómoda”, añadió la española, que nunca ha pasado de la segunda ronda en el tercer Premier Mandatory de la temporada. "Siempre que vengo aquí quiero intentar mejorar el resultado del año pasado. Ese es el objetivo".

Muguruza, durante un entrenamiento en Madrid. Álvaro Díaz Mutua Madrid Open

Después de ganar Roland Garros, y como ella misma reconoció, Muguruza entró en una peligrosa espiral de juego, incapaz de gestionar la presión de saberse favorita a todos los títulos después de bautizarse en París, donde volverá con la obligación de defender la corona para no desplomarse. “Cualquier torneo influye en la preparación para Roland Garros, pero no es verdad que Roland Garros sea mi objetivo principal esta temporada”, reconoció la española, rebajando la presión. “Es un torneo importante como también lo es este”, añadió, antes de sacar pecho por la tolerancia al sufrimiento, quizás lo que más ha mejorado en los últimos meses.

“Mientras más partidos complicados juegas más aprendes”, aseguró Garbiñe, que en los cuatro primeros meses de 2017 ha superado siete de los nueve partidos que se decidieron en la tercera manga. “Al final, es todo una cuestión de experiencia. He aprendido cómo jugar en los momentos importantes, cómo pensar, qué actitud tener, qué cosas no hacer… Antes estaba nerviosa, me venían pensamientos negativos. Ahora intento aparcarlos, estar más tranquila”, cerró la española, protagonista de un negativo arranque de la gira de tierra batida en Stuttgart, donde se inclinó a la primera contra la estonia Kontaveit. 

Así, y mientras Muguruza intentaba borrar de su cabeza la oportunidad que le ofrece Madrid (65 puntos defiende) para escalar el Everest que tiene por delante (semifinales en Roma y título en Roland Garros), el resto de españolas que jugarán en la Caja Mágica se preparaban para lo que se les viene encima: Carla Suárez debutará contra la china Peng, Lara Arruabarrena se estrenará ante Cristina McHale y Sara Sorribes medirá fuerzas con Samantha Stosur. 

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