Melbourne

A las seis de la tarde del sábado, a poco más de 24 horas del comienzo de la final del Abierto de Australia, Toni Nadal y Carlos Moyà suben en ascensor hasta lo más alto de la Rod Laver Arena para reunirse con EL ESPAÑOL en el lounge de Lavazza, patrocinador oficial del torneo.

Allí, viendo a través de una enorme cristalera la pista central donde Rafael Nadal buscará este domingo el título de campeón contra Roger Federer, los dos entrenadores del número nueve dialogan sobre el partido que tiene al mundo en vilo y recuerdan cómo pasaron de conocerse en Mallorca hace mucho tiempo a terminar entrenando al mismo jugador, sentados uno al lado del otro en el banquillo.

Toni Nadal. Te conocí cuando eras un niño pequeño que empezaba a destacar en los torneos de Mallorca. Me acuerdo del peinado que llevabas, de cómo ibas vestido. Jugabas muy bien. Evidentemente, no pensaba en ningún momento que llegarías a jugar al nivel que luego alcanzaste.

Carlos Moyà. Recuerdo que eras el entrenador del equipo de Tenis Manacor. Eran jugadores Sub 12, Sub 14... los de Manacor eran duros, siempre jugábamos partidos muy difíciles. Me acuerdo que en esa época ya estabas por allí.

T.N. Luego, la relación en el circuito fue muy buena. Te portaste siempre de manera increíble con Rafael, desde los inicios. Nosotros nos incorporamos al circuito bastantes años más tarde que tú y fue de gran ayuda tener una persona de Mallorca con la que podíamos entrenar de vez en cuando. Estás más arropado cuando tienes un número uno de tu comunidad al lado. Rafael estaba encantado de que nos ayudases en aquel momento, fue una gran suerte.

C.M. Tener a un mallorquín que se incorporaba al circuito me hacía gracia, la verdad. Si no es buena gente se para ahí la relación, pero luego ves que es buena gente y lo único que quieres es ayudar desde fuera a esa incorporación nueva que acaba de llegar. Aunque fueran pequeños detalles, siempre tuve claro que quería hacerlo así. Tener a alguien de tu isla viajando contigo por el mundo es especial.

Carlos Moyà en un entrenamiento junto a Rafael Nadal. REUTERS

T.N. Sinceramente, es anormal que lo aceptaras de una forma tan natural. Eras el primer número uno de España, el tenista de referencia, y apareció otro jugador joven que te quitó protagonismo. No lo digo con chulería, pero apareció un joven que te pasó por encima. Lo normal habría sido tener celos. Así que por esa razón te estamos doblemente agradecidos por el trato que nos dispensaste, tanto Rafael como toda la familia. Demostraste tu calidad humana al no anteponer tu estatus. Siempre fuiste muy cercano y ayudaste en todo lo que estuvo en tu mano, sin pensar en si Rafael ganaría más que tú. Eso explica claramente qué clase de persona eres.

C.M. Ahora estamos en una etapa nueva. Desde que me he incorporado al equipo, la comunicación ha sido muy fácil. Antes también hablábamos. Por ejemplo, si Rafa se lesionaba o ganaba un torneo le enviaba un mensaje dándole ánimos o la enhorabuena. Obviamente, ahora hay mucha más comunicación porque lo que buscamos todos es el beneficio de Rafa. En un equipo tan extenso tiene que haber comunicación, eso es clave. Vemos el tenis de forma muy parecida, aunque tú conoces más a Rafa de todos estos años y sabes mejor lo que necesita. Desde fuera, yo también tengo una impresión de eso que le hace falta. Hasta ahora todo ha funcionado genial.

T.N. Ante Dimitrov, yo no lo pasé mal en el banquillo, salvo en el momento decisivo cuando Rafael iba a ganar. Estaba muy contento con su juego. Hay veces que me pongo muy nervioso, pero contra Dimitrov no me ocurrió, no sé por qué razón. Solo se me aceleró el corazón en el momento final.

C.M. Yo disfruté, pero lo pasé muy mal. La calidad del partido fue increíble, de los mejores que he visto nunca, pero obviamente sufrí. Había un plus especial porque soy amigo de Rafa. En la Davis, por ejemplo, es distinto. Hay que aportar calma porque la competición es muy tensa. También fui con jugadores poco experimentados la mayoría de las veces, así que intenté transmitir normalidad. Rafa juega mucho con el equipo, es de los tenistas que más mira al banquillo para animarse. Así que intentas dar apoyo. Estaba nervioso porque lo veía cerca, pero al mismo tiempo veía que se le escapaba. Llegó un momento donde se convirtió en una batalla mental. Intentas que no decaiga, aunque después de lo que he visto con Rafa es difícil que le pase en momentos así. Estaba más nervioso de lo habitual.

T.N. Hace tres años que no estábamos en una final de Grand Slam y casi ni me acuerdo. Ha habido momentos en los que me ha costado mucho dormir la noche antes, cuando piensas en la diferencia que hay entre ganar o perder. Cuando pierdes has hecho un buen torneo, pero no levantas el título. Piensas más que en un partido normal porque es un momento especial. El domingo se juegan muchísimo los dos. Rafael tiene la oportunidad de convertirse en el segundo jugador de la historia con más grandes. Para Federer, ganar el 18 sería un paso casi definitivo y abrir distancias, que nadie le pueda alcanzar, al menos de momento.

C.M. Como entrenador, en mi corta experiencia, los nervios llegan el día de la final. Empiezas a ver que el momento de la verdad está cerca y aparece la tensión. Piensas en el partido, en la forma de jugar y muchos detalles se te escapan.

T.N. Básicamente, hay que jugar bien. Creo que sabemos cómo tenemos que jugar, no sé si será suficiente. Rafael sabe cómo tiene que jugar porque se han enfrentado muchas veces. Es cierto que el Federer de hoy es un poco diferente, tiene 35 años y juega más rápido, acortando más los puntos. Rafael tiene que ser fiel a su esquema de juego e intentar que Federer no pueda golpear la derecha con comodidad.

C.M. Lógicamente, cuando estás en una final hay posibilidades de ganar el título. El cara a cara puede sugerir que sí, pero es una final y puede pasar de todo. Como dices, creo que tenemos que estar centrados en cómo debe jugar Rafa. Lo está haciendo bien, con confianza. Tiene un juego que históricamente le ha molestado mucho a Federer. Ganará el que consiga imponer su estilo. Federer buscará acortar los puntos, que la bola no pase más de dos o tres veces por encima de la red, pero si Rafa logra que eso no suceda va a tener opciones seguro.

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