El apellido Urdangarin ha vuelto a resonar con fuerza en las canchas del balonmano español, pero esta vez con un nuevo protagonista. Pablo Urdangarin, hijo del mítico Iñaki Urdangarin, continúa dando pasos agigantados en su carrera deportiva, demostrando partido a partido que su lugar en la élite no es fruto de su linaje, sino de su talento, constancia y esfuerzo diario.
El joven extremo derecho ha ido construyendo una trayectoria sólida, yendo de menos a más. Tras pasar por las categorías formativas de clubes europeos de gran nivel como el TSV Hannover-Burgdorf alemán y el HBC Nantes francés, Pablo regresó a España para vestir la camiseta del Barça, el mismo escenario donde su padre hizo historia.
Sin embargo, buscando mayor protagonismo, minutos y la oportunidad de madurar como jugador profesional en la exigente Liga ASOBAL, tomó la valiente decisión de fichar por el Fraikin BM Granollers. Allí se ha consolidado como un especialista rápido, con gran capacidad anotadora y muy letal al contraataque.
Inevitablemente, las comparaciones con Iñaki, toda una leyenda del Barça y de la selección, han sido una constante desde sus inicios. En una reciente entrevista concedida al diario Mundo Deportivo, el jugador abordó con total naturalidad lo que supone llevar el peso de su apellido.
Lejos de quejarse, fue muy claro respecto a las críticas: "Contras muy pocas, aparte de la gente que puede decir lo que quiera, comentarios y tal, pero a mí eso no suele afectarme mucho. Yo sé que mi padre siempre me ha ayudado y que estoy aquí por lo que me he ganado yo mismo, no por cualquier otra cosa".
De hecho, el jugador del Granollers prefiere enfocarse en el privilegio de tener a su mejor consejero en casa: "Pros he tenido un montón, he tenido una leyenda del balonmano a mi lado todos estos años y lo seguiré teniendo, así que es otro recurso que puedo disfrutar y seguir aprendiendo de él, aún me falta mucho".
Todo este trabajo silencioso y su excelente rendimiento en la liga doméstica tuvieron su premio definitivo cuando Jordi Ribera lo convocó para debutar con la selección española absoluta de los Hispanos.
Este hito marcó un punto de inflexión en su carrera deportiva. Sobre aquella llamada que lo catapultó a la escena internacional, Pablo reflexionó: "A mi debut con la Selección fui un poco más nervioso de lo normal, pero iba con toda la ilusión del mundo. Me he quitado un peso de encima y ahora ya estoy mucho más tranquilo. Lo he disfrutado al máximo".
