Publicada

Sobre el hielo, Javier Fernández (Madrid, 1991) aprendió muy pronto que los silencios pesan tanto como los aplausos. Durante años, cada giro suyo llenó pabellones y madrugadas frente al televisor, cuando España descubrió que también sabía emocionarse con un deporte que apenas entendía. El que se caía una y otra vez en una pista de barrio acabó cambiando la forma en la que el país mira al patinaje artístico.

Su palmarés habla solo: medalla olímpica, dos títulos mundiales, siete coronas europeas y una colección de programas que ya forman parte de la memoria sentimental del deporte español. Pero detrás de las medallas hay once años lejos de casa, dudas, sacrificios y un desafío constante a un sistema que, casi nunca, se lo puso fácil. Javier no solo compitió contra rivales; También lo hizo contra la falta de tradición, de pistas y de recursos.

Ocho años después de su retirada, la pregunta es inevitable: ¿qué queda de todo aquello? El ex patinador vive ahora en ese territorio ambiguo donde los ídolos aprenden a ser personas corrientes sin dejar de ser referentes. Ya no persigue desventajas ni se juega una temporada en cuatro minutos de programa, pero sigue respirando deporte en cada decisión que toma.

Javier Fernández, medallista olímpico de patinaje artístico. David Morales

En conversación con EL ESPAÑOL, Javier Fernández repasa su nueva vida: las horas como entrenador, los proyectos que mantienen vivo el patinaje en España, la realidad de un deporte que crece en talento, pero no siempre en estructuras y del papel de España en los Juegos Olímpicos de Invierno. Habla sin rencor, pero con la claridad de quien sabe que el camino que él abrió aún no se ha asfaltado del todo.

Entre la nostalgia por la competición y la satisfacción del deber cumplido, Javier se mueve ahora en un punto intermedio: el de quien entiende que su gran salto ya no está en el hielo, sino en ayudar a otros a despegar. Porque su historia, lejos de terminar con la retirada, sigue escribiéndose cada vez que un niño se calza unos patines soñando con imitarle.

Parece que fue ayer, pero ya han pasado ocho años de tu retirada ¿Qué ha sido de tu vida desde entonces?

Soy autónomo. Estoy a todo y siempre ligado al deporte, especialmente al patinaje sobre hielo. Estoy dando clases de entrenador sobre todo fuera de España. También hago cosas con la Federación Madrileña de patinaje sobre hielo. También estoy con las pistas de hielo en Navidad, donde ponemos dos o tres para que la gente pueda disfrutar de este deporte.

Además, sigo haciendo exhibiciones. Cada vez menos, es cierto, pero de vez en cuando hago. El resto del tiempo, hago otras cosas relacionadas con el patinaje.

No te separas del patinaje, pero imagino que será duro verse desde el otro lado de la barrera

Creo que todo deportista, cuando ve una competición o a otros competidores, le crece el gusanillo. Ha vivido esos momentos o ha obtenido esos logros y te llegan recuerdos. Pero eso no quiere decir que me gustaría volver a competir. No tiene nada que ver. Sí que crece el gusanillo, pero no es algo malo. Quizá es lo más interesante que te puede pasar.

Lo has logrado todo en tu carrera. Medalla olímpica, dos Mundiales, siete Europeos... ¿Con qué momento te quedas?

Es muy complicado y difícil, pero creo que una de las cosas más especiales que me ha podido pasar relacionada con el deporte ha sido ser abanderado en unos Juegos Olímpicos. Ir con la bandera de España enfrente del equipo olímpico, de los grandes deportistas de nuestro país. Eso es uno de los momentos más icónicos, uno de los más especiales que puedes vivir como deportista, estar en unos Juegos Olímpicos e ir en la cabeza del equipo español.

¿Esperabas que ibas a lograr todo esto cuando te vas con 17 años a vivir a Toronto?

En absoluto, no me lo imaginaba. Creo que son cosas que nunca se piensan o por lo menos yo no lo tenía en mente ni en mis planes. Al principio hacía el deporte como una actividad extraescolar. Me fui a vivir con 17 años fuera de España para continuar con los entrenamientos y estuve 11 años viviendo fuera.

Javier Fernández, durante sus inicios en el patinaje.

Me fui con 17 y volví con 28. Tuve que salir a otros países para buscarme la vida, para encontrar el mejor entrenamiento posible e intentar lograr algo, aunque nunca tienes nada asegurado. Hay que dejar cosas de lado y hacer esfuerzos extra para conseguir aquello que nunca se ha conseguido.

¿Tuviste que sacrificar muchas cosas?

Sí. Como todo deportista de élite siempre tienes que dejar cosas de lado. Nosotros lo hacemos de la mejor manera posible, de una manera que sabemos que es parte de nosotros. No es algo que te impongan, es algo que nos nace como deportistas.

Pero claro tienes que dejar cosas: la familia, los amigos, el estar en casa, buscarte la vida con gente que te ha ayudado en todos los lados donde has estado, pero no es lo mismo que dormir todos los días en tu casa. Esa es una de las cosas más importantes que he tenido que dejar de lado.

¿Hubo momentos de miedo y ganas de abandonarlo todo?

En los momentos malos siempre te planteas todo: si quieres continuar o no, sobre todo estando fuera, lejos de la gente que más te apoya. Al final, tienes que conformarte con hablar por el móvil con tus padres, tus amigos, tu hermana.

En esos momentos uno se pregunta: ¿realmente merece la pena hacer esto? Cuando vas a una competición y las piernas te tiemblan antes siquiera de salir a patinar, te replanteas muchas veces qué necesidad tienes de pasarlo mal.

Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. REUTERS

Pero luego, lo que nos da ganas de continuar son esos momentos buenos: la adrenalina, el nerviosismo, la ansiedad de querer hacerlo bien y que todo el esfuerzo dé sus frutos. Esa sensación de "lo he hecho bien", de que el trabajo ha valido la pena, es un regalo para cualquier deportista.

Pasaste de tener un sueño a convertirte en referente del patinaje español ¿Sentiste presión?

Cuanto más te acercas al podio o más alto llegas, por supuesto, hay más nerviosismo. Los ojos empiezan a estar puestos en ti, hay muchas personas que tienen esperanzas en ti, y eso es completamente normal. Pero para el deportista es un sentimiento constante de no querer defraudar, de no querer que el apoyo de la gente sea en vano.

Ya somos muy exigentes con nosotros mismos y siempre queremos hacerlo bien. Cuanto más te acercas al podio, o cuando ya has ganado una medalla y quieres volver a hacerlo, esos son los momentos en los que existe más tensión y nerviosismo. Pero todo deportista que diga que no se pone nervioso, creo que miente.

Ahora, con perspectiva ¿Crees que se ha valorado lo suficiente tu figura?

Creo que he tenido muchísimo apoyo a lo largo de mi trayectoria por parte de muchas instituciones, sobre todo en el ámbito deportivo. Siempre se puede pedir más, pero ha habido entidades como el Consejo Superior de Deportes, la Federación y el Comité Olímpico Español que nos han apoyado con becas para la preparación de los Juegos Olímpicos. También he sentido el respaldo de instituciones como la Casa Real, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, sí tengo que decir que después no ha habido tanto seguimiento ni apoyo. No hay suficientes pistas de hielo; de hecho, hay menos que cuando yo competía, aunque ahora estén más llenas. Todavía no contamos con una pista de hielo.

Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

Han pasado varios años desde tus inicios ¿Los jóvenes que empiezan ahora tienen más oportunidades que tú o siguen con los mismos obstáculos?

Yo creo que, más o menos, siguen teniendo lo mismo. Hay pequeños cambios dentro de algunas áreas de la Federación para intentar ayudar. Hay mucha conversación sobre hacer cosas más grandes, pero llevo escuchando las mismas ideas durante los últimos ocho años, así que creo que aún falta un poco más de acción.

El problema no se ha solucionado todavía...

Pues imagínate. Tenemos a Tomás entrenando en otro país, tenemos parejas que también están entrenando fuera porque aquí realmente no hay esa facilidad.

Tenemos talento, pero no contamos con las condiciones necesarias en una pista de hielo que permita un entrenamiento de alto rendimiento. Al no tenerlas, siempre vamos a contracorriente, nos damos contra la pared, porque no podemos disponer de muchas horas de entrenamiento o porque las pistas de hielo no están como deberían. Cuando estás trabajando a un nivel tan alto, esos pequeños detalles muchas veces marcan la diferencia.

¿Crees que en España falta tradición por este tipo de deportes?

Sí, por supuesto que falta tradición, pero también falta animar a las empresas. Hay muchos inversores que tienen ganas y no saben dónde invertir su dinero, y en este deporte sí se puede. Las pistas de hielo están abarrotadas de gente. Es un deporte caro de mantener; una pista de hielo no es lo mismo que poner cemento.

Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. David Morales

Pero hay muchísimas personas interesadas en practicar deportes sobre hielo. No solo es el patinaje en todas sus modalidades, sino también el hockey, el curling, el patinaje sincronizado, las escuelas… hay muchas cosas que se pueden hacer.

La mejor manera es brindar al país con una buena actuación en los Juegos ¿Cómo ves al equipo español de cara a Milano-Cortina?

Veo que el equipo español tiene muchas posibilidades de darnos sorpresas; este puede ser perfectamente el tercer ciclo consecutivo en el que traigamos medallas. Tenemos grandes deportistas tanto en nieve como en hielo, así que no pierdas la esperanza.

Conozco la trayectoria que están haciendo y sé que pueden conseguirlo; les veo muy bien, la verdad. Son 20 deportistas, que dentro de unos Juegos Olímpicos de Invierno es una cifra bastante importante. Ojalá tuviésemos más y ojalá, en el futuro, tengamos muchos más.

Se habla mucho de Olivia Smart y Tim Dieck. ¿Cómo les ves? ¿Pueden optar a medalla?

Son grandísimos deportistas, con muchísimo carisma sobre el hielo, y será la primera vez que estén en unos Juegos Olímpicos como pareja; juntos es la primera vez que vamos a disfrutar de ellos en este escenario. Hay un nivel muy alto en la danza dentro del patinaje sobre hielo y ellos siguen estando entre los mejores, así que creo que no habrá problema para que consigan, como mínimo, un diploma.

Vamos a intentar apoyarles al máximo para que estén lo más cerca posible de las medallas, pero el nivel es muy alto y hay muchas cosas que tienen que darse.

Lo más inteligente y lo más importante es lo que han dicho Olivia y Tim: que tienen que disfrutar, vivir otra experiencia y hacer su trabajo; esto es la élite de la élite. Si ellos van, hacen su programa -que es muy bueno-, a partir de ahí ya depende de lo que hagan los demás deportistas. Nunca se sabe, podemos llevarnos una sorpresa; es una medalla muy complicada, pero tampoco puedo decir que sea imposible.

Tu labor ya no es competir, pero puedes seguir sirviendo de inspiración ¿Qué le dices a alguien que está iniciando el proceso que empezaste tú cuando tenías 17 años?

Le diría que es un deporte increíble. Muy complicado y muy completo, pero de los más bonitos que existen. La sensación que puedes llegar a tener sobre una superficie que no es la habitual, con unos patines que lo hacen todo aún más complejo, y aun así poder hacer muchísimas más cosas de las que imaginas en ese hielo, es algo único.

Esa sensación de velocidad, de poder saltar, girar en el aire, entender la música e interpretarla… todo eso hace que se unan no solo el deporte, sino también el arte y la parte musical. Es un deporte tan completo que terminas aprendiendo muchísimas cosas que luego te ayudan también en la vida, no solo dentro del propio deporte.