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En una época en la que casi todos los discursos sobre deporte de alto rendimiento demonizan el azúcar, Eliud Kipchoge sigue defendiendo un ritual que desconcierta a más de un nutricionista.

El doble campeón olímpico y plusmarquista mundial de maratón, que a sus 41 años continúa moviéndose en la élite, ha detallado en varias entrevistas que una parte clave de su día a día pasa por el té con azúcar y por una dieta tan rutinaria como espartana.

El portal oficial de los Juegos Olímpicos publicó en abril de 2023 un amplio reportaje sobre su alimentación. En ese texto se explicaba que, como "recompensa" dentro de un menú por lo demás muy sencillo, al keniano le gusta añadir una cantidad generosa de azúcar a su té matutino y que llega a poner alrededor de tres cucharadas bien colmadas en cada taza.

El dato cuadra con otra pieza previa, donde se calculaba que el maratoniano ingiere un mínimo de quince cucharadas al día, repartidas en casi dos litros de té, lo que equivaldría a unos 62 gramos de hidratos y unas 300 calorías extra.

Ese mismo artículo de Olympics.com rescataba una declaración de Kipchoge a la BBC que ayuda a entender el contexto de ese "exceso" de azúcar.

Kipchoge gana la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio. REUTERS.

Preguntado por lo que toma en los días más exigentes, respondió: "Pero durante los días duros de entrenamiento, como tres a la semana, tomo té, algunas frutas, plátano y huevos para reponer la energía que pierdo y, sobre todo, para reparar los tejidos desgarrados".

Es decir, esa combinación de té muy azucarado, fruta y proteína ligera le sirve como repostaje rápido tras sesiones que pueden superar los 30 kilómetros.

Más allá del té, la base de la dieta de Kipchoge apenas ha cambiado en dos décadas. Hay varias frases suyas que describen un menú casi inmutable.

"Mi desayuno es muy sencillo. Bebo té keniano con pan más plátano en días fáciles de ejercitar. Cuando el día es difícil, como otras frutas y añado un huevo. A las 16 horas después de la sesión de la tarde, como avena", ha dicho en el pasado.

Una dieta diaria que se completa así: "Para la cena es típicamente keniana: ugali (harina de maíz cocida al agua), con ternera, col o espinacas. Y todavía un vaso de mursik (leche de vaca fermentada) para acelerar y facilitar la digestión. A veces como chocolate y papas fritas, pero sigue siendo excepcional. Nunca bebo alcohol. Mi conciencia personal y profesional no me permite hacerlo".

Otra reflexión suya que resume bien su filosofía es la siguiente: "El 80% de toda la comida que he comido desde el comienzo de mi carrera es la misma, variando un poco, aunque a veces como más proteínas para renovar el tejido muscular después de las sesiones más difíciles. Sano, sencillo y eficaz".

El corredor vive y entrena en el campamento de Kaptagat rodeado de platos muy similares entre sí: ugali como centro del plato, frijoles, arroz, patatas, verduras de hoja verde como el managu o la col rizada, algo de carne magra y fruta como postre.

Su nutricionista, Armand Bettonviel, explicaba en ese reportaje de Olympics.com que, con volúmenes de hasta 220 kilómetros semanales, la prioridad es llenar al máximo los depósitos de glucógeno con grandes cantidades de carbohidratos.

Por eso el menú se apoya en arroz, pasta, patata, avena, plátano o pan blanco, evitando en muchos casos los integrales para no disparar las molestias gastrointestinales en carrera. El propio Kipchoge complementa esa estrategia con más de tres litros de agua diarios y una disciplina férrea con el sueño, durmiendo ocho horas por la noche y dos de siesta.

El resultado es una paradoja interesante: uno de los mejores maratonianos de la historia se sostiene sobre una dieta casi monástica en su sencillez, pero con un punto heterodoxo -ese té con azúcar a cucharadas- que desafía el dogma moderno.

Mientras muchos ajustan al milímetro cada gramo de sacarosa, Kipchoge sigue saliendo a entrenar desde Kaptagat con su pan, su ugali y su taza cargada, convencido de que, en su caso, "sano, sencillo y eficaz" también incluye un buen golpe de azúcar.