"El tribunal dictaminó que Wayne Cleveland, de 40 años, era el responsable australiano de un entramado que importaba cocaína de los Estados Unidos con la ayuda del personal corrupto de Gate Gourmet, una empresa de catering que presta servicios a varias aerolíneas en el aeropuerto de Sídney. El 2 de diciembre de 2007, los funcionarios de aduanas encontraron 12 bloques de polvo blanco en el contenedor de basura en el inodoro del vuelo UA839 de United Airlines. Los bloques contenían 2,8 kilogramos de cocaína pura con un valor en la calle cercano a un millón de dólares. Las drogas habían sido destinadas a ser recogidas por otro empleado de Gate Gourmet".

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Esa fue lo que recogieron los medios de comunicación locales cuando Wayne Cleveland, uno de los surfistas más famosos de los suburbios del este de Sídney, en Nueva Gales del Sur, fue arrestado al descubrir que era el responsable de un entramado que traficaba con droga en Australia. En ese momento era padre de familia y 30 federales rodearon su casa. Los niños no le miraron nunca de la misma manera nunca más.

La vida de Cleveland siempre fue muy distinta. Sí que es cierto que nació en una zona donde él mismo dice que "si creces allí, o te conviertes en un atleta de élite o en un criminal de élite". Se puede decir que él se quedó en un punto intermedio. Alcanzó la élite con la tabla de surf. Era un afamado surfista tanto en su Australia natal como en Hawaii, la tierra de este deporte. Ganaba dinero, pero eso no era lo que importaba.

Lo que le cambiaba todo era la adrenalina. Probablemente el surf sea uno de los deportes en los que más se produce esa hormona. No solo bastaba con aparecer en las páginas de las revistas, aunque fuera la tabla lo que condujo su vida desde pequeño. Hubo un momento de su vida en el que necesitaba algo más. Y ese punto más se lo dio la droga.

Adrenalina más droga

Surcar la ola Ours del Cabo Solander no era suficiente para Cleveland. La dureza de crecer en la zona de Maroubra hizo de él una persona fuera de lo común. Nadaba con tiburones, pero él era más voraz, intrépido y, porqué no decirlo, alocado. Pero lo deportivo quedó a un lado y entró en un nuevo universo que le proporcionaba más dinero y más experiencias.

"Imagina caminar por un aeropuerto con 3 kilos de cocaína pegados al cuerpo... eso era pura adrenalina", comenta ahora en un documental en la cuenta de YouTube Zoku Creative. El dinero se multiplicaba, pero también los contactos. Una cuestión que le proporcionaba aumentar la escala de sus negocios hasta el punto de que se convirtió en un traficante de cocaína. "Ganaba 300.000 dólares por cada encargo. En ningún otro trabajo puedes conseguir eso", explica ahora sobre su caso.

Wayne Cleveland, en una fotografía reciente

Pero un día el entramado que montó se cayó. La policía confiscó todo lo que tenía. Una gran casa, todos los bienes y toda su ambición quedó encerrada durante un largo período de tiempo. Le condenaron a 16 años, pero a los diez salió de la cárcel por su buen comportamiento.

Un cambio de vida

Ahora ha vuelto a ver a sus cuatro hijos, un hijastro y tres niñas. Poco a poco está recuperando una vida normal, alejada del mundo de la droga y en su Maroubra natal. Ha vuelto al lugar de sus orígenes para tratar de que nadie siga su ejemplo de ambición exacerbada y de negocios ilegales.

Ahora se dedica al mundo del deporte y tiene una cadena de crossfit. Junto a Convict Fitness ahora ayuda a todos aquellos que se quieren poner en forma. Tiene un título de entrenador de boxeo y sigue dando clases de surf. Pero, sobre todo, da charlas para concienciar a los jóvenes de la zona.

Lejos quedó su condición de Bra Boy, la banda con la que organizaba todo el tráfico internacional de drogas. Esa etapa en la que mientras cabalgaba las olas más grandes del planeta quedó atrás, con los años de prisión y con el recuerdo que ahora sirve para que otros no caigan en lo mismo. Que el ejemplo de Wayne Cleveland valga para no mezclar ese maravilloso deporte como es el surf con los problemas convictos por las drogas.

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