Hoy por hoy la pelea más grande de todos los tiempos se mide en dólares y si el Mayweather-Pacquiao del pasado mayo de 2015 alcanzó los 300 millones de dólares, nadie sabe qué pasará el próximo mes de junio. Tampoco se sabe dónde, aunque conociendo a Money no será  muy lejos de Las Vegas. Lo único seguro es que el mejor libra por libra de su generación ha decidido salir de su retiro para enfrentarse a la superestrella de las artes marciales mixtas, Conor McGregor.

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Aún faltan formalidades, especialmente la firma del fontanero irlandés en el contrato que oficialice la pelea (discusiones sobre el dinero aparte), pero nadie duda de que el rey del MMA aceptará el reto. De hecho, ha sido McGregor quien ha presionado un día tras otro al invicto Mayweather: 49 peleas sin conocer la derrota, igualando el récord de Rocky Marciano, a una del medio centenar y la leyenda más absoluta.

De hecho, la gran ventaja de esta pelea para Mayweather ("Sólo salgo de mi retiro para no oír más excusas") es que su récord permanecerá inalterable por mucho que gane o en el hipotético caso de que McGregor, que aceptaría boxear y dejar de lado el resto de artes marciales mixtas con las que se maneja en la UFC, le hiciese besar la lona.

El desafío, que en un principio parecía destinado al olvido por la insistencia de Mayweather en apartarse del cuadrilatero, ha encontrado un nuevo cariz, pues es ahora McGregor quien opone más resistencia. De hecho, el pasado 7 de marzo, Mayweather ya acusó al irlandés de estar esquivando la pelea: "No quiere realmente luchar. Si quiere luchar, que firme el contrato. Es lo que yo voy a hacer: voy a redactar esta noche un contrato, lo firmaré y se lo enviaré por fax, a ver si él es capaz de firmarlo”.