Queda un partido, apenas 60 minutos y todo habrá acabado. España tocará el cielo de Cracovia o quedará sumida en el consuelo de la plata. Pero eso será el domingo. Hasta entonces, sólo puede soñar con acariciar ese metal reservado a unos pocos elegidos. Si lo hará o no, eso queda pendiente del futuro. Lo cierto es que volverá a estar en la final –la cuarta en un Europeo (1996, 1998 y 2006)– después de conjugar su mejor actuación, contra Croacia (33-29). Con fallos puntuales, momentos de suspense y algunas dudas. Pero casi siempre por delante, sin perderle la cara al partido ni dejarse caer. Con carácter y, sobre todo, un Víctor Tomás que apareció al final para robar dos balones de oro y, de paso, encumbrar a una generación única.



No quiso España, una vez más, cambiar su rutina. Comenzó mal y tuvo que navegar a contracorriente (1-4), pero se mantuvo en la cuerda gracias a un gran Raúl Entrerríos. Resistió como ha hecho durante todo el campeonato y avanzó dando pequeños pasos, como el felino que se acerca a su presa hasta saltar a por ella. Porque así lo hizo el conjunto de Manolo Cadenas: ajustó en defensa, contrarrestó el ataque croata y se lanzó al cuello de su rival. Primero, con Álex Dujshebaev y Antonio García igualando (13-13); y después, con tres acciones de Cristian Ugalde, que puso distancia en el electrónico y le cedió el testigo a Julen para que marcara su territorio en el pivote (4 tantos y 100% de acierto en el primer acto).



Capituló España un primer tiempo de dulce para sostener la ventaja en la segunda mitad. Puso ritmo, aceleró la música y mantuvo el tempo. Sin excesos, pero con una distancia prudencial sobre su rival, bajando las pulsaciones e incluso entrando en una peligrosa comodidad. Al fin y al cabo, quién dijo que fuera a ser sencillo clasificarse para una final. Y así fue. Croacia, que ya había superado a Polonia por más de 11 goles en la Main Round, recurrió a la fe y se volvió a meter en el partido.



Recortó al contraataque, con Manuel Strlek cabalgando sin freno (23-21), pero España no se borró del partido. Ajustó la defensa de nuevo y agarró la victoria con fuerza para no dejarla escapar. Víctor Tomás robó dos balones y ajustició a Croacia a la contra (24-22). Y después Pérez de Vargas hizo el resto con otras dos paradas. Ellos dos, junto a Valero Rivera (6/6), Antonio García (6/6) y Julen Aguinagalde (5/6) fueron los responsables absolutos del pase a la final. Pero no los únicos, pues sería injusto encumbrar a alguien en un equipo que vive, reacciona y gana gracias a sus múltiples caras.



Con todas esas caras España se jugará el oro y el pase a los Juegos Olímpicos contra Alemania (17:30 horas, el domingo). Pero eso es futuro. Y, de momento, toca beberse el presente, pero sin atragantarse. El objetivo está más cerca, casi se puede tocar, pero queda un partido, apenas 60 minutos, una vida en balonmano.