Carlos Serrano
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Marc Márquez tuvo su primer contacto con una moto cuando apenas tenía cuatro años. Solo uno después ya competía en categorías inferiores de enduro. Su hermano pequeño, Álex, observaba con atención sus primeros pasos y llegó a imaginarse en el futuro como su mecánico.

Sin embargo, a los ocho años se puso también a los mandos de una moto y descubrió que la pasión por pilotar acabaría formando parte de su vida.

Con el paso de los años, los hermanos de Cervera se han ganado un lugar destacado en la historia del motociclismo. En 2025 protagonizaron un hecho excepcional al terminar una misma temporada como campeón y subcampeón, con Marc por delante de Álex.

Además, el curso comenzó con ambos en el podio del Gran Premio de Tailandia, convirtiéndose en los primeros hermanos capaces de firmar un doblete en la categoría reina.

Mucho antes de los títulos, los podios y la fama, hubo una familia acompañando cada paso. Roser Alentà, madre de ambos, conserva en la memoria aquellos primeros años en los que el motociclismo todavía era una afición familiar y nadie podía imaginar hasta dónde llegarían sus hijos.

Marc y Álex Márquez celebran la primera y segunda posición, respectivamente, en el Gran Premio de Argentina.gana el duelo fratricida entre los hermanos Márquez en Argentina e iguala las 90 victorias de Ángel Nieto Reuters

"Àlex le quitaba el barro a la moto de Marc, quería arreglarle la moto. Le acabamos comprando una moto también a él, una 'Yamaha Peewee' de enduro, con ruedecitas de apoyo. Al principio no le ponía demasiado ímpetu. Hasta que fue más grande y los dos se picaban haciendo supermotard y dirt-track. A Àlex le gustaba pilotar, a Marc le encantaba ganar", explicaba Roser en una entrevista con La Vanguardia.

Aunque compartir profesión y apellido los ha unido durante toda su trayectoria, sus personalidades comenzaron a mostrar diferencias desde que eran pequeños. La competición entre ambos no ocultaba dos formas de ser distintas, algo que su madre recuerda perfectamente.

"Àlex siempre ha sido muy tozudo, yo a veces le llamo 'Torito', es Tauro, se le daban bien los trabajos manuales, montar las piezas de Lego", comentaba Roser al describir al menor de sus hijos.

La personalidad de Marc, en cambio, era diferente incluso en el ámbito escolar. "Marc era muy aplicado, el primero de la clase estudiando, se le daban muy bien las Matemáticas y el Dibujo, sacaba nueves y dieces", revela su madre.

También recuerda que "le habría gustado estudiar una carrera", aunque "no tenía paciencia con las manualidades", una faceta en la que sí destacaba Àlex.

Los dos fueron avanzando a través de las distintas categorías hasta alcanzar el campeonato del mundo y compartir finalmente parrilla en MotoGP. Para la familia Márquez, aquel momento supuso la culminación de muchos años de trabajo y sacrificios.

La rivalidad deportiva nunca ha impedido que los dos hermanos mantengan una relación estrecha. Lejos de entender el éxito del otro como una amenaza, los triunfos de uno también han sido motivo de celebración para el otro.

Una complicidad que se ha hecho especialmente visible durante las últimas temporadas, ya instalados ambos entre los grandes nombres del motociclismo mundial.

Detrás de esa realidad quedan años mucho menos glamurosos: desplazamientos en una caravana de segunda mano, renuncia a vacaciones y numerosos esfuerzos económicos y personales para poder mantener viva la carrera deportiva de los dos hermanos.

Con el tiempo, todos aquellos sacrificios han quedado recompensados. Marc y Àlex Márquez se han convertido en referentes del motociclismo español y en un ejemplo de perseverancia dentro del deporte del motor.

Un recorrido en el que el talento y el trabajo han sido fundamentales, pero en el que la familia siempre ha desempeñado un papel esencial.