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Álex Crivillé (Seva, Barcelona, 1970) representa un punto de inflexión en la historia del motociclismo español al coronarse como el primer campeón del mundo nacional en la mítica cilindrada de 500cc en 1999, tras haber conquistado previamente el título de 125cc en 1989.

Su legado sentó las bases para la posterior generación de pilotos ibéricos que terminarían hegemonizando el Mundial, pero antes de los títulos hubo una infancia impregnada de motor.

Así lo rememoraba el propio Crivillé al hablar de sus inicios: "La pasión empezó desde pequeño, desde que a los 4 años empecé a ir en moto por el pueblo, porque en casa siempre olía a gasolina ya que mi hermano corría las 24 Horas de Montjuic".

Ese entorno rural y cercano forjó un vínculo puro con las dos ruedas, alejado en un principio de cualquier tipo de presión competitiva: "En la zona en la que vivía era fácil ir en moto, por el monte o por carreteras poco transitadas. Me apasionaba la moto pero en ese momento ni mucho menos pensaba en ser piloto; simplemente disfrutaba del placer de conducir una motocicleta, de sentirme libre… Me lo pasaba bien".

El giro definitivo hacia el profesionalismo llegó gracias a la visión de su hermano mayor, quien supo delegar su propio sueño en él: "Mi hermano mayor era el que corría, pero él nunca pudo llegar a carreras de alta competición porque era muy costoso y quizá tampoco hubiese llegado porque hay que tener el don innato para hacerlo. Pero a él le encantaba este mundo, vio en mí que podía conseguirlo y fuimos a por ello".

El catalizador de esta aventura deportiva fue un evento de captación de talentos: "Llegó un momento en el que mi hermano me incitó a participar en el Criterium Solo Moto. Probamos suerte allí, era una selección de pilotos con muchos inscritos y acabamos segundos".

Ese gran resultado marcó el inicio de su exitosa carrera, tal y como él mismo explica: "Gracias a ello me inicié en el mundo de la competición, me pagaron el Campeonato de España, lo ganamos al segundo año, después pasamos al equipo de la Federación junto a Derbi, y así fuimos paso a paso hasta llegar al Mundial".

Su progresión fue meteórica, logrando el campeonato de 125cc con solo 19 años y la primera victoria española en 500cc en Assen 1992. El cenit llegó en 1999 con Repsol Honda, firmando cuatro victorias consecutivas para levantar la corona en Brasil. Tras 15 temporadas, 194 Grandes Premios, 15 victorias y 43 podios en 500cc, Crivillé demostró que ganar en la máxima categoría era posible, allanando el camino a futuras leyendas de nuestro país.