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Hay circuitos que necesitan años para construir una identidad, pero MadRing quiere empezar a hacerlo desde su primera vuelta. El nuevo trazado madrileño ya está preparado para recibir a la Fórmula 1 y, a pocas horas de que los monoplazas comiencen a rodar oficialmente, la sensación que deja al recorrerlo es la de estar ante algo diferente.

No es sólo un circuito urbano ni tampoco un trazado permanente al uso. Es una combinación de ambos mundos que lleva al piloto desde las largas rectas y las fuertes frenadas de la primera parte hasta una sucesión de curvas rápidas, desniveles y muros que obligan a acercarse al límite.

EL ESPAÑOL estuvo este jueves sobre el asfalto, en el día de medios que abre la actividad del Gran Premio de España, para recorrer los 5.419 metros que unen las zonas de IFEMA y Valdebebas. El circuito ya está completamente vestido de gala para recibir a la Fórmula 1.

La espera se prolonga desde 1981, cuando la categoría reina del automovilismo disputó su último Gran Premio en Madrid, entonces en el Jarama. Cuarenta y cinco años después, el Gran Circo regresa a la capital con un escenario completamente distinto.

MadRing, integrado en el entorno de IFEMA y Valdebebas, cuenta con 22 curvas y una configuración que mezcla zonas urbanas con sectores construidos específicamente para la competición. Y basta con pasar por él para entender por qué ha despertado tanta curiosidad entre pilotos y equipos.

"Diría que está entre Mónaco y Jeddah", explicaba Mike Krack, jefe de operaciones de Aston Martin. La comparación ayuda a entender lo que propone Madrid: la proximidad de los muros propia de un circuito urbano y, al mismo tiempo, sectores en los que la velocidad será protagonista.

La primera parte del trazado ofrece algunas de las oportunidades más claras para adelantar. Las rectas superan el medio kilómetro y desembocan en frenadas en las que los pilotos tendrán que apurar al máximo. Pero, a medida que la vuelta avanza hacia la zona permanente, el circuito cambia de carácter.

Es ahí donde empiezan a aparecer con más claridad los elementos que convierten a MadRing en un desafío. Los muros se acercan, las curvas adquieren personalidad y el desnivel empieza a formar parte de la conducción.

Las marcas dejadas por los monoplazas de Fórmula 3 durante sus primeros test todavía son visibles sobre el asfalto. La pista ya ha tenido sus primeras pruebas y los pilotos de la F1 afrontarán ahora el verdadero examen.

Uno de los puntos singulares aparece en la subida hacia Valdebebas. La conocida como Subida de las Cárcavas introduce un desnivel importante antes de desembocar en la zona más rápida del circuito.

El trazado oficial confirma la presencia de pendientes ascendentes y descendentes en este sector, antes de entrar en la secuencia que conduce hacia La Monumental.

La madre de todas las curvas

La curva 12 concentra buena parte de las miradas. La Monumental es una curva peraltada de 547,82 metros y hasta un 24% de inclinación. Según la información oficial del circuito, los pilotos pasarán alrededor de seis segundos girando a alta velocidad antes de afrontar la siguiente frenada.

No se trata únicamente de una curva espectacular para el espectador. Es también uno de los puntos que más interrogantes plantea desde el punto de vista técnico.

La sucesión de la chicane previa está concebida precisamente para reducir la velocidad antes de que los monoplazas entren en la larga curva peraltada. A su salida, los coches alcanzarán de nuevo una velocidad elevada antes de llegar a la frenada de la curva 13.

Desde Williams F1 lo resumían así: "Es una curva de medio kilómetro de peralte que se tomará a alta velocidad en seis segundos. Su salida es ciega. No hay nada en el calendario que afectará así al coche, piloto y los neumáticos".

Vista aérea de La Monumental, la culva peraltada del circuito MadRing. MadRing

Es probablemente la mejor descripción de lo que pretende ser MadRing. No busca únicamente ofrecer una postal reconocible para el espectador. Quiere introducir un elemento de exigencia que tenga consecuencias sobre el coche y sobre quien lo conduce.

El propio Krack resumía sus sensaciones con una frase que encaja con lo que se percibe sobre el terreno: "Es desafiante, vienes de todo el circuito arriba y abajo; y te encuentras con el desnivel. Soy muy positivo por lo que veremos aquí".

Un circuito todavía por descubrir

La verdadera dimensión del trazado, sin embargo, no se conocerá hasta que los Fórmula 1 comiencen a rodar. El circuito es nuevo para la parrilla y los equipos tendrán que construir sus referencias prácticamente desde cero.

Carlos Sainz fue el primer piloto en completar una vuelta al trazado ya asfaltado, en mayo, y entonces definió Madring como un circuito "híbrido, técnico y rápido". El madrileño destacó especialmente la combinación de largas rectas, fuertes frenadas, curvas enlazadas y sectores de alta velocidad.

Ahora llega el momento en el que esas primeras impresiones tendrán que convertirse en datos. Los entrenamientos libres servirán para conocer cómo responde el asfalto, cuánto castiga a los neumáticos y dónde están realmente los límites.

Fuera del asfalto, MadRing también ha terminado de transformarse para acoger su primer Gran Premio. El circuito llega al fin de semana con gradas, Fan Zones, espacios de hospitality, accesos y pasarelas preparados.

La zona de Valdebebas concentra uno de los grandes espacios para aficionados. Allí, la Plaza se convertirá en uno de los puntos de encuentro del Gran Premio. La dimensión del dispositivo evidencia también el interés que ha despertado la llegada de la Fórmula 1 a la capital.

Las entradas generales están agotadas y el circuito afronta su estreno con una expectación acorde con el regreso de la categoría reina a Madrid después de 45 años.

El Gran Premio de España estrenará un escenario que no quiere limitarse a ser un lugar más en el calendario. MadRing ya es una realidad. Ahora sólo falta descubrir qué ocurre cuando la Fórmula 1 lo lleve al límite.