Carlos Sainz atiende a los medios desde la azotea de los Cines Callao, el espacio que Williams ha convertido en su particular cuartel general durante su estancia en Madrid.
La cita, organizada por Estrella Galicia, tiene un componente especial: pocas veces se ha hablado tanto de Fórmula 1 en esta ciudad con un Gran Premio a punto de celebrarse a tan solo unos kilómetros.
Madring apura sus últimos trabajos antes de abrir sus puertas y Madrid se prepara para recibir por primera vez una carrera que llega al calendario con personalidad propia. Entre los pilotos llamados a protagonizar este estreno está, por supuesto, Carlos Sainz.
Hay carreras que se disputan contra un cronómetro y hay carreras que se disputan contra los recuerdos. Para Carlos Sainz, Madrid será las dos cosas.
Este fin de semana, el piloto madrileño correrá por primera vez un Gran Premio de Fórmula 1 en la ciudad en la que nació, creció y aprendió a imaginarse como piloto. A pocos kilómetros de casa. Delante de su gente. En un circuito que hace apenas unos meses todavía no existía.
No obstante, esta cita está condicionada por lo deportivo, y es que el FW46 no va a permitir a Sainz luchar por los puntos, ni mucho menos por los podios o las victorias
Madrid le espera. Williams, no tanto
La Fórmula 1 regresa a Madrid más de cuatro décadas después. Lo hace con un circuito nuevo, Madring, y con una ciudad entregada a un acontecimiento que llevaba demasiado tiempo esperando. Es por ello que Sainz es, inevitablemente, uno de los rostros de ese regreso.
Pero el piloto llega a casa con una paradoja difícil de esconder. Corre ante su público en el que probablemente sea el Gran Premio más especial de su carrera y, al mismo tiempo, lo hace con uno de los coches menos competitivos de la parrilla.
Williams atraviesa un momento extraño. El equipo que el año pasado sorprendió con una quinta posición en el Mundial de Constructores y permitió a Sainz subir al podio en dos ocasiones se ha quedado atrás en 2026.
Carlos Sainz observa el casco que lucirá en el GP de España.
El madrileño apenas suma seis puntos y la lucha habitual por entrar entre los diez primeros se ha convertido en una tarea mucho más complicada. Sainz ni siquiera necesita mirar la clasificación para saberlo. Lo siente en cada vuelta. "Ahora mismo para nosotros incluso puntuar está complicadísimo", reconoció este miércoles en el evento organizado por Estrella Galicia.
El calendario tampoco ayuda. Madrid aparece justo cuando Williams está a las puertas de introducir un nuevo paquete de mejoras, pero todavía no ha llegado el momento. Queda una carrera. Después llegará Bakú.
"Quiero pensar que vamos a ir a las carreras de Bakú en adelante con opciones y con la ambición de coger algún punto”, explicó. No obstante, ni siquiera los puntos son ya suficientes para él.
Sainz no quiere convertirse en un especialista en rescatar un décimo puesto. No después de haber ganado subido a podios y ganado carreras tanto en McLaren como en Ferrari. No después de haber demostrado que puede estar delante cuando tiene las herramientas.
Quiere volver a luchar
El piloto de Williams sabe que este año toca resistir, por eso ya habla de 2027: de fábrica, de desarrollo, de invertir ahora para recoger después. "Nos tenemos que centrar en trabajar en el coche del año que viene", explicó.
No quiere un Williams que simplemente le permita puntuar. Quiere un Williams que le permita lucirse, para eso ha renovado. "Que sea un coche que de verdad te permita lucirte un poco más", reclamó.
Y después llegó la frase que resume mejor que ninguna otra qué espera de los próximos meses: volver a luchar por podios, recuperar el nivel mostrado por el equipo el año pasado y utilizarlo como "catapulta para dar el siguiente salto".
Hay algo casi cruel en todo esto. Sainz llega a su casa cuando menos puede aprovecharla. El Gran Premio que durante años imaginó desde la distancia aparece ahora en el calendario, pero no en las condiciones que habría elegido.
No tiene un Ferrari. No tiene un McLaren. No tiene un Williams capaz de pelear con los mejores. De hecho, tiene un coche que, hoy, le obliga a mirar mucho más atrás de donde querría. Y, aun así, Madrid lo espera.
Madring se estrena en el campeonato con 22 curvas y una identidad propia, en una carrera que devuelve a la capital española al mapa de la Fórmula 1 desde aquel último Gran Premio disputado en Jarama en 1981.
