El Gran Premio de Japón de Fórmula 1 y el Gran Premio de Estados Unidos de MotoGP cerraron este pasado fin de semana un tramo inicial del campeonato que nadie imaginó tan convulso cuando a principios de año se diseñaron los calendarios.
Lo que debería haber sido el trampolín natural hacia las carreras de Oriente Medio se ha convertido en el punto de partida de una pausa forzada, incómoda e inédita: la guerra en Irán ha fracturado el calendario de los dos campeonatos más seguidos del mundo del motor.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares coordinados contra objetivos iraníes. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: misiles y drones impactaron contra bases militares estadounidenses en Qatar, Kuwait, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos.
En cuestión de horas, los aeropuertos de Dubái y Doha -escalas habituales e imprescindibles para el paddock- cerraron sus operaciones. La maquinaria logística del deporte motor quedó atrapada en medio de una crisis bélica de imprevisibles consecuencias.
Mohammed Ben Sulayem, presidente de la FIA, fue el primero en pronunciarse con cautela, afirmando que "la seguridad y el bienestar" serían los ejes que guiarían cualquier decisión sobre el calendario.
La F1, por su parte, intentó transmitir normalidad señalando que sus próximas tres carreras -Australia, China y Japón- no se disputaban en Oriente Medio.
Circuito de Losail, GP de Qatar.
A mediados de marzo, la FIA confirmó lo inevitable: los Grandes Premios de Baréin y Arabia Saudita quedaban suspendidos. La decisión redujo el calendario de la temporada 2026 a 22 carreras y abrió un vacío de cinco semanas que nadie tenía previsto.
La próxima cita del Gran Circo no llegará hasta el primer fin de semana de mayo, cuando el Gran Premio de Miami reanude el campeonato.
El impacto económico es significativo. Según un informe de Guggenheim Partners, la cancelación de ambas carreras representará para la F1 unas pérdidas de alrededor de 200 millones de dólares en ingresos anuales y cerca de 80 millones de dólares en EBITDA (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization), el indicador financiero que mide la rentabilidad operativa de una empresa antes de deducir intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones
Baréin y Arabia Saudita pagan juntos aproximadamente 115 millones de dólares al año en derechos de organización, con contratos que se extienden hasta 2036 y 2030 respectivamente. Los acuerdos sobreviven, pero los ingresos se evaporan.
En pro de la seguridad
MotoGP, por su parte, abrió la temporada en Tailandia cuando los primeros misiles ya surcaban el cielo del Golfo Pérsico. Más de 1.500 personas estaban trabajando en Buriram cuando estalló el conflicto, y la mayoría habían escalado en Oriente Próximo para llegar a la cita.
Mientras la temporada avanzó por Brasil y llegó a Austin este fin de semana, la incertidumbre sobre Qatar fue creciendo hasta hacerse insostenible. Carmelo Ezpeleta, CEO de MotoGP Sports Entertainment Group -anteriormente conocida como Dorna-, reconoció que sería "difícil que se pueda disputar la carrera de Qatar" en su fecha original del 12 de abril.
"Estamos evaluando todas las opciones, porque nuestra prioridad es que la carrera se desarrolle de manera segura", afirmó el ejecutivo.
La decisión oficial llegó el 14 de marzo: el Gran Premio de Qatar, previsto inicialmente para disputarse entre el 10 y el 13 de abril, quedaba aplazado al 8 de noviembre. El efecto dominó afectó también a las últimas citas del calendario: el GP de Portugal en Portimão pasó al 22 de noviembre y la final de temporada en Valencia se desplazó al 29 de ese mes.
La decisión, tomada en coordinación con la FIM y las autoridades cataríes, tuvo como principio rector "garantizar la seguridad, el bienestar y la máxima calidad del evento para todos los participantes y asistentes", según explicó el propio Ezpeleta.
Jorge Martín rueda durante la sesión de clasificación del GP de los Estados Unidos.
El Gran Premio de Estados Unidos, celebrado este domingo en COTA, fue así la última cita del campeonato antes de un paréntesis que no se romperá hasta el Gran Premio de España en Jerez, previsto para finales de abril.
El parón forzado por la guerra pone de manifiesto una vulnerabilidad estructural que tanto la F1 como MotoGP han tardado en reconocer: la dependencia de un modelo de crecimiento anclado en regiones políticamente volátiles.
Oriente Medio se convirtió en la mina de oro del deporte motor durante la última década, con contratos millonarios y carreras pensadas para proyectar la imagen de modernidad de estados del Golfo. Pero ese mismo modelo se revela como un talón de Aquiles cuando la geopolítica se impone a la agenda deportiva.
