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Primero le pasó a Lance Stroll y luego a Fernando Alonso. Cada vez que surge un problema en el AMR26 el monoplaza ya no vuelve a salir a pista hasta pasadas unas cuantas horas. Un tiempo muy valioso que se pierde ante la dificultad de encontrar los problemas en la unidad de potencia.

Desde Aston Martin se han mostrado reacios a señalar con el dedo a su socio de motores, Honda, por el respaldo que merece un fabricante que ha ganado Mundiales con Red Bull, pero es un hecho que el chasis futurista de Newey no encuentra, por ahora, un propulsor a su altura. 

La comparativa de kilometraje es muy pobre en comparación con la gran mayoría de pilotos del resto de equipos. Y lo más preocupante: el AMR26 llega en pañales al GP de Australia (8 de marzo), y ninguna de las evoluciones previstas en el cuaderno de Newey podrá resolver las carencias de fiabilidad actuales de la unidad de potencia.

Aunque desde 2022 los motores utilizados por Red Bull y Racing Bulls se gestionaban desde Sakura, el departamento de diseño fue desmantelado y sus equipos se redistribuyeron en otras divisiones del fabricante japonés, desde la aviación ejecutiva hasta el desarrollo de cohetes no tripulados.

Con la reactivación del programa de Fórmula 1 de cara al reglamento de 2026, fue necesario reconstruir prácticamente desde cero el grupo de trabajo. La estructura que había sustentado los éxitos de Verstappen y Red Bull ya no existía.

Pese a ello, pocos anticipaban un arranque tan complejo en la nueva alianza entre Aston Martin y Honda. Adrian Newey, al frente del proyecto, asume la responsabilidad y centra sus esfuerzos en encontrar soluciones que permitan reconducir el rumbo.

Adrian Newey, pensativo durante la segunda semana de los test de Baréin. Europa Press

El gurú de la Fórmula 1 ha creado un coche ambicioso aerodinámicamente, con ideas revolucionarias que debe pulir para aspirar a estar arriba, pero no tiene un motor a su altura ni a la de las manos de Fernando Alonso y la ambición del equipo, que quiere ganar. Y sin un propulsor que empuje el vehículo, de inicio no hay nada que hacer.

El equipo iba muy retrasado en su plan de trabajo por esos constantes problemas de unidad de potencia y en el penúltimo día de test, por la tarde, tras una mañana productiva, el asturiano estaba realizando la primera simulación de carrera del equipo. Pero en la vuelta 25, el motor volvió a fallar.

Un presente desolador

Fernando mantiene la confianza en que la situación se reconduzca a lo largo de la temporada, una convicción que comparte todo el equipo verde. Sin embargo, el arranque del curso se presenta especialmente exigente.

La escudería ha estado lastrada por reiterados problemas de motor -y algún inconveniente puntual en la caja de cambios- durante las dos tandas de pruebas celebradas en Baréin.

Con solo una jornada de test por delante, destinada íntegramente a Lance Stroll, el margen de maniobra es mínimo. Hasta ahora, el equipo apenas ha podido completar una simulación de carrera de 25 vueltas antes de que el propulsor Honda volviera a fallar. Pese a contar todavía con tres horas disponibles, el monoplaza ya no regresó a la pista.

La próxima vez que Alonso se ponga al volante del Aston Martin será el 6 de marzo, en los entrenamientos libres del Gran Premio de Australia, primera cita del calendario. Allí, el día 8, deberá afrontar 58 vueltas en carrera, más del doble de las que el equipo logró completar de forma consecutiva este jueves en Baréin.

Fernando Alonso rodando con el Aston Martin AMR26 en los test de Baréin EFE

A día de hoy, nadie puede garantizar que el monoplaza de Silverstone esté en condiciones de ver la bandera a cuadros en la prueba inaugural. No es un contratiempo que pueda solucionar Adrian Newey desde el plano aerodinámico: el foco está en el motor, responsabilidad exclusiva de Honda.

Los propulsores quedarán homologados el 1 de marzo, en apenas diez días, y el margen de reacción parece mínimo salvo que la firma japonesa obre un giro radical.

Porque el problema no es solo de fiabilidad. También falta rendimiento. El motor es, según los datos manejados en el paddock, el menos competitivo de la parrilla tanto en potencia como en consistencia, y además lo equipa en exclusiva Aston Martin. Sin rodaje suficiente, el equipo no puede acumular kilómetros ni recopilar información clave para su desarrollo.

La confianza de Newey

Así, la escudería británica podría aterrizar en Australia en fase embrionaria, mientras sus rivales ya ruedan con proyectos plenamente maduros.

En el apartado aerodinámico, Aston Martin confía en que las ideas de Newey permitan construir un coche competitivo. La caja de cambios, diseñada por el propio equipo, también está en proceso de mejora. Pero todo depende de Honda, que aún tiene margen reglamentario para evolucionar su unidad de potencia.

La FIA diseñó una normativa específica para casos como este, con el objetivo de equilibrar el rendimiento entre fabricantes. Es el sistema ADUO, que permite a los motoristas más rezagados desarrollar sus propulsores bajo ciertas condiciones.

Tras la sexta carrera (Miami), la duodécima (Bélgica) y la decimoctava (Singapur), se evaluará el rendimiento acumulado. Si un motor presenta un déficit del 3% respecto al más potente, podrá acogerse a esta categoría y disponer de más horas de banco de pruebas durante un periodo que puede extenderse hasta doce meses, salvo decisión contraria de la FIA.

Honda podría así introducir una evolución de cara a la séptima prueba del calendario, en Canadá. Ahí están depositadas muchas de las esperanzas de Aston Martin: si el motor da un paso adelante, creen que podrán entrar en la pelea. El futuro inmediato está en manos de la marca japonesa.

No conviene olvidar que Honda fue la firma que llevó a Red Bull al título mundial antes de su salida oficial de la Fórmula 1 en 2021, con Max Verstappen coronándose campeón.

Desde entonces, la estructura energética gestionó su motor con una base técnica heredada en gran parte de los ingenieros japoneses. Honda, por su parte, tuvo que reconstruir su departamento de F1 desde cero, con expectativas altas… pero un inicio que ha resultado mucho más complejo de lo previsto. La reacción es obligada.