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Jenson Button fue durante años la cara amable del paddock: campeón del mundo con Brawn GP en 2009, piloto de referencia en McLaren y uno de los grandes nombres de la era moderna de la Fórmula 1.

Hoy, con 46 años, su vida se parece poco a aquella agenda de viajes interminables, pero tampoco encaja en el tópico del ex piloto retirado y ausente. Button se ha reinventado como experto en televisión, empresario, atleta de fitness y, desde este año, nuevo 'compañero' institucional de Fernando Alonso en Aston Martin.

Su primera metamorfosis llegó cuando dejó de competir a tiempo completo en F1, pero no se alejó de los circuitos. Dio el salto a los micrófonos, convirtiéndose en analista y comentarista para distintas plataformas, aprovechando su reputación de campeón y su imagen de tipo didáctico para explicar el deporte a la audiencia.

Ese papel de voz autorizada le permitió seguir dentro del paddock, hablar con los pilotos y aportar contexto técnico sin tener que soportar el estrés del cronómetro.

Al mismo tiempo, Button se negó a cortar de golpe con la adrenalina de las carreras. Compitió en el Súper GT japonés, donde llegó a proclamarse campeón, y más tarde se probó en el Mundial de Resistencia, con programas con Jota y otras estructuras en prototipos y GT.

Jenson Button, con el uniforme de Aston Martin F1 Aston Martin F1

Él mismo repetía que seguía sintiéndose piloto, solo que en un entorno distinto al de la F1, y esa etapa le sirvió también para conocer el negocio desde el otro lado: se involucró en la gestión del equipo Jenson Team Rocket RJN en campeonatos de GT británicos.

Esa hiperactividad, sin embargo, chocó con una vida personal cada vez más asentada en Estados Unidos. Button formó una familia con la modelo Brittny Ward, con la que se casó y con la que tiene dos hijos, y empezó a reconocer en público que las temporadas completas fuera de casa tenían un peaje que ya no estaba dispuesto a pagar.

A finales de 2025, aprovechó el final de su programa en resistencia, anunció que decía adiós a la competición profesional y admitió que había "echado de menos muchas cosas" de su vida familiar.

Lejos de desaparecer, el británico ha encontrado otra vía para seguir pegado al gran circo. Aston Martin anunció este mes de febrero su fichaje como embajador de la marca y del equipo de F1, subrayando su "credibilidad" como campeón del mundo y su capacidad para conectar con el gran público.

Su papel pasa por apoyar la proyección internacional del proyecto de Lawrence Stroll y participar en acciones comerciales, de imagen y de relato alrededor del equipo en el que compite Fernando Alonso, lo que le convierte en una especie de compañero externo del asturiano, más en el ámbito corporativo que en el deportivo.

La transformación de Button también se nota en el espejo. En una entrevista reciente, explicaba que ha ganado alrededor de 11 kilos desde su etapa en F1, pero no de forma descuidada, sino a base de entrenamiento de fuerza y preparación de pruebas tipo Hyrox, combinando carrera a pie con ejercicios funcionales.

El que fuera sinónimo de piloto delgado y afilado se presenta ahora como un atleta más voluminoso, centrado en el rendimiento general y en transmitir un mensaje de salud y disciplina más allá del volante.

Button, en resumen, ha construido una segunda vida en la que sigue orbitando alrededor de la Fórmula 1 sin necesidad de un casco ni un mono ignífugo.

Televisión, negocios, familia, proyectos deportivos y un rol de imagen en Aston Martin dibujan el retrato de un campeón que no ha querido romper con su pasado, pero que ha sabido rediseñar su presente para seguir siendo relevante en el mismo universo que le llevó a la cima.