Fernando Alonso, hoy piloto de Aston Martin y uno de los grandes nombres de la Fórmula 1, dejó algunas de las confesiones más crudas sobre su infancia en una entrevista con la edición española de la revista GQ, realizada en plena etapa de explosión mediática de su carrera.
Allí habló sin rodeos del vínculo con su padre, José Luis, y de una educación marcada por la exigencia, la contención emocional y el sacrificio familiar para sostener su camino hacia la élite del motor.
En aquella conversación, el asturiano explicaba que creció en una casa donde el afecto se medía más en horas de trabajo y esfuerzo económico que en gestos físicos o palabras dulces.
Por eso, al repasar su relación con su padre, resumía ese tipo de paternidad con una frase que impactó a muchos seguidores del piloto: "Mi padre me quiere con toda su alma, pero nunca me ha abrazado, ni siquiera cuando me ha visto en dificultades", contó en GQ, poniendo palabras a una distancia emocional que él mismo asocia con una forma de educar muy propia de otra generación.
Lejos de presentarlo como un reproche, Alonso enmarcaba esas palabras en un análisis más amplio sobre su carácter y su manera de estar en el mundo.
Fernando Alonso, en el paddock de la F1 con Aston Martin
"Soy consciente de que soy un hombre chapado a la antigua. Doy un verdadero valor a las palabras como al honor, el sentido del deber y el respeto", relató en esa misma entrevista, dejando claro que su escala de prioridades se construyó en ese entorno familiar exigente, austero y muy poco dado a exhibir emociones.
El piloto reconocía también que ese modelo se ha replicado en su propia personalidad y en la forma en la que gestiona las relaciones personales.
"En eso somos iguales, ante las manifestaciones afectivas nos bloqueamos", añadía, asumiendo que la coraza que muchos perciben en él fuera del coche tiene raíces muy profundas en su historia familiar. Esa frialdad aparente, sugería, funciona como un escudo ante la exposición mediática y las presiones de una vida entera bajo los focos.
Al mismo tiempo, Alonso insistía en subrayar el agradecimiento hacia sus padres y el contexto en el que se tomaron aquellas decisiones. Recordaba que buena parte del salario de sus progenitores se destinaba a mantenerlo compitiendo en karting y que, desde niño, entendió que su obligación era estar a la altura de ese sacrificio, convertirlo en resultados y en una carrera sólida en el automovilismo.
Ese pacto no escrito, entre un padre poco dado a los abrazos y un hijo que asumía la responsabilidad de no fallar, es el que explica en buena medida el carácter extremadamente competitivo que hoy sigue mostrando con 44 años al volante de un Aston Martin.
En la actualidad, con el piloto a las puertas de estrenar paternidad y ya en la fase madura de su trayectoria deportiva, aquellas frases de GQ resuenan con nueva fuerza.
El propio Alonso ha reconocido en diferentes ocasiones que quiere ser un padre distinto, sin renunciar a los valores que heredó pero incorporando una forma más abierta de expresar el cariño.
Entre la dureza de la infancia y el reto de construir su propia familia se mueve ahora la versión más íntima de un campeón que, al mirar atrás, se define con una sinceridad poco habitual en el paddock: "Mi padre nunca me ha abrazado" y "soy un hombre chapado a la antigua".
