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Esteban Ocon fue, durante años, el niño de la caravana que soñaba con la Fórmula 1. Hijo de Laurent, mecánico de un pequeño taller, y de Sabrina, encargada del papeleo del negocio familiar, creció lejos de los lujos que suelen rodear a los aspirantes al Gran Circo, pero con una obsesión muy clara: algún día quería ser piloto de Fórmula 1.

Su historia comenzó a forjarse en los karts, cuando sus padres descubrieron que aquel niño callado se transformaba al subir a un volante. La pasión, sin embargo, chocó pronto con la realidad económica.

El taller y la casa en Normandía apenas alcanzaban para vivir, y sostener una carrera internacional de karting parecía imposible. En ese contexto, sus padres tomaron una decisión extrema: "Vendieron el garaje, vendieron la casa", recordó él años más tarde, consciente de que cada vuelta que daba llevaba el peso de ese sacrificio.

La familia Ocon se quedó sin hogar fijo, pero no sin plan. Con el dinero de la venta, compraron una caravana que se convirtió en casa, taller y oficina itinerante, con la que recorrieron Europa persiguiendo campeonatos de karting.

"Tendría 11 o 12 años, lo recordaba todo, no podía permitirme fallar con todos los sacrificios que habían hecho mis padres", explicaba el francés, que insistía en que, pese a la dureza, "al final fue una buena vida, siempre en movimiento, no me molestaba vivir en el camper".

Esteban Ocon atiende a los medios tras el GP de Qatar. Europa Press

La vida en la caravana también dejaba cicatrices lejos de los circuitos. Ocon contó que muchas veces aparcaban directamente delante del colegio tras volver de una carrera un domingo por la noche, para que él pudiera entrar a clase el lunes por la mañana.

Esa rutina, sumada a las ausencias por entrenamientos y carreras, lo convirtió en un chico solitario: "No tenía muchos amigos", admitía. En el patio escuchaba burlas: "Muchos me decían: 'Eres un gitano, ¿qué haces aquí?'", recordó, antes de añadir que sentía un gran respeto por la comunidad itinerante, "porque ellos nos vendieron la caravana".

Un gran peso sobre sus hombros

El entorno tampoco siempre creyó en él. El propio piloto rememoró cómo un director de escuela le advirtió que dejara de lado las carreras: "Me dijo: 'Tienes que dejar esto, es un deporte para ricos, no tienes ninguna posibilidad'".

Años después, Ocon sintetizó el peso que cargó desde joven: sentía que llevaba "a la familia sobre los hombros" cada vez que se subía al kart, una presión que, según confesó, moldeó su carácter directo y combativo en la Fórmula 1.

Mientras otros rivales disponían de equipos oficiales, motoristas y neumáticos nuevos, la familia Ocon hacía malabares.

Su padre elegía chasis usados y motores de segunda mano y, en los test, llegaban incluso a rebuscar neumáticos ligeramente usados en los contenedores de otros pilotos para que Esteban pudiera dar unas vueltas más.

"Muchos podían contar con un gran apoyo; nosotros teníamos un kart usado y dos motores usados", relató, subrayando que solo en carrera, cuando todos montaban el mismo material, se sentía realmente en igualdad de condiciones.

Los resultados, sin embargo, fueron llegando. Ocon empezó a destacar en las categorías inferiores, llamó la atención de equipos importantes y, en 2014, se proclamó campeón de la Fórmula 3 Europea por delante de un tal Max Verstappen, otro niño prodigio del karting.

Ese título abrió las puertas del programa de jóvenes pilotos de Mercedes y, con el tiempo, de la parrilla de Fórmula 1, donde debutó con Force India tras su paso por Lotus y Renault en roles de probador y reserva.

Cuando por fin se asentó en la máxima categoría, Ocon tuvo claro que cada punto sumado era, en realidad, una forma de devolver algo de todo lo que sus padres habían arriesgado.

"No fue fácil, se hicieron muchos sacrificios para que yo pudiera seguir corriendo, estuvimos viviendo en una caravana durante mucho tiempo", reconoció en una entrevista, con la serenidad de quien sabe que su historia no encaja en el tópico del piloto de cuna rica.

De la casa vendida a la caravana y de la caravana al paddock de la Fórmula 1, el camino de Esteban Ocon fue, sobre todo, la historia de una familia que lo apostó todo a un sueño