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"El AMR26 de Melbourne será muy diferente al que vimos en Barcelona". Así de contundente se mostró el pasado martes Adrian Newey después de la expectación que generó el monoplaza que rodó sobre el circuito de Barcelona-Cataluña en los primeros test de pretemporada.

No fue hasta el mes de marzo de 2025 cuando el gurú británico se puso el uniforme verde de Aston Martin y empezó a trabajar en el diseño de un coche que, con solo su presencia, ya ha confirmado las expectativas sobre él. El AMR26 es diferente a lo que han llevado el resto de escuderías.

Esto ha provocado el profundo análisis de todos los detalles que están llevando a cabo los ingenieros de Mercedes, Red Bull, Ferrari, McLaren, Williams, Alpine, Haas, Audi y Cadillac. Sorprende ver no solo la confección de esa suspensión trasera anclada arriba en el soporte del ala posterior y las soluciones de refrigeración, sino las cosas que no se aprecian.

No encuentran en el monoplaza elementos que deberían estar ahí a tenor de lo que estipula el reglamento y que Newey ha ocultado o se los ha saltado -cosa poco probable-. Y eso está provocando muchos quebraderos de cabeza entre los rivales tras analizar al milímetro el diseño del AMR26.

Si el diseño llevara la firma de cualquier otro ingeniero, muchos pensarían que se trata de una simple variación estética o de un detalle pasado por alto. Sin embargo, cuando detrás está el gurú con 13 títulos mundiales en su historial, nada es casual: tanto lo que se muestra como lo que falta adquiere un significado especial.

Una apuesta diferente

Lo que llama la atención en el nuevo monoplaza de Fernando Alonso es la ausencia de la aerodinámica activa -conocido como el DRS-. No aparecen los sistemas hidráulicos que varios equipos ya han incorporado para accionar los 'flaps' superiores del alerón delantero, una de las grandes novedades introducidas por el reglamento FIA 2026.

Entre los equipos se interpreta esta ausencia como la posible apuesta de Newey y su equipo por un sistema de activación electrónica.

El AMR26 pilotado por Lance Stroll. ASTON MARTIN F1

Todo pasaría por un sensor encargado de enviar la señal a un mecanismo eléctrico, cuya ubicación exacta sigue siendo una incógnita, aunque podría situarse bajo el morro.

De confirmarse, supondría un notable ahorro de peso en esa zona y en el conjunto del monoplaza, una ventaja importante en el actual escenario técnico.

El pasado martes, en declaraciones a Aston Martin, Adrian Newey desgranó las claves del nuevo monoplaza y dejó claro que no hay límites. "El AMR26 de Melbourne será muy diferente al que vimos en Barcelona. Y el que terminará la temporada será muy diferente al que empezó".

El AMR26, de momento, luce imponente. Pero el británico no quiere poner un adjetivo a su creación, pese a que es plenamente consciente de la realidad. "Nunca considero a mis diseños como agresivos. Sólo sigo la dirección que creo correcta. La que hemos tomado puede verse como agresiva, pues hay características que no se habían implementado. ¿Lo hace agresivo? Posiblemente. O posiblemente no".

"Hemos construido algo que tiene mucho potencial de desarrollo. Evitamos que esté optimizado, pero que no tenga ese potencial. Hay componentes (alerones, carrocería o elementos que se pueden cambiar) con esa capacidad", expuso.

El proceso del diseño

Antes de comprobar tanto rendimiento como evolución, el primer AMR26 ya es real y Newey relató qué proceso llevó a cabo para diseñarlo: "El diseño comienza en cómo se distribuye el peso, después a la suspensión y los alerones, que son diferentes. Después los pontones y el tratamiento de la parte trasera, que es algo diferente".

"Es mucho más de lo que se ha intentado en el equipo. Requiere una colaboración estrecha con los diseñadores, pero todos estuvimos a la altura", añadió.

Adrian Newey, en la entrevista concedida a Aston Martin.

Una de las limitaciones que ha tenido el nacimiento de este monoplaza ha sido el correcto funcionamiento de un túnel de viento que "no estuvo listo hasta abril y empezamos con retraso. No metimos un modelo de 2026 hasta mediados de abril cuando los demás lo hicieron a principios de año. Nos dejó una desventaja de cuatro meses, y provocó un ciclo de investigación reducido. El objetivo era Barcelona y lo conseguimos", cerró el británico.