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Carlos Sainz Jr. lleva una década compitiendo al más alto nivel del automovilismo mundial, pero su visión sobre la gestión del dinero tiene poco que ver con los vehículos de inversión que recomiendan los bancos privados.

Mientras sus colegas de paddock diversifican en fondos indexados, startups tecnológicas o inmuebles de lujo, el piloto de Williams ha construido una colección de cinco Ferraris de serie limitada cuyo valor actual supera los 10 millones de euros, el doble de lo que invirtió originalmente.

La estrategia no nació de un capricho de coleccionista, sino de un cálculo financiero deliberado tras escuchar a asesores de confianza durante sus cuatro temporadas en la Scuderia Ferrari.

"Me dijeron que era un muy buen negocio, muy buena inversión, sobre todo las ediciones limitadas de Ferrari, que suben mucho de valor", explicó en octubre de 2025 en una entrevista en El Partidazo de COPE.

La propuesta era simple: transformar liquidez en activos tangibles con mercado secundario robusto y demanda internacional insaciable.

Carlos Sainz, en una rueda de prensa en la Fórmula 1 Europa Press

Hoy esa intuición se ha materializado en un pequeño museo rodante que incluye joyas como el Ferrari Daytona SP3 -solo 599 unidades fabricadas- que pasó de costar dos millones de euros a cotizarse cerca de los cinco millones en el mercado de coleccionistas.

El Ferrari 812 Competizione duplicó su precio en apenas dos años, y el SF90 XX se revalorizó un 95 por ciento. "En vez de tener el dinero invertido en el banco, prefiero tener un dinero apartado en coches de colección que espero que, a la larga, me den beneficio", resumió el piloto.

Pero más allá de los números, Sainz defiende una filosofía de gestión patrimonial basada en el control directo. "Lo que hacen los bancos con tu dinero, aunque intento estar pendiente, no lo controlas al 100 por ciento", declaró en esa misma entrevista publicada.

Esa desconfianza hacia la opacidad de los productos financieros convencionales le llevó a priorizar activos que puede ver, tocar y decidir cuándo vender.

La ironía de su estrategia es que los Ferraris apenas circulan. "Los otros Ferraris ni los uso porque son coches realmente de colección", admitió, asumiendo que cada kilómetro recorrido es una variable de descuento en la reventa futura.

Su vehículo diario sigue siendo un Volkswagen Golf GTI de 18 años de antigüedad, regalo de sus padres cuando cumplió la mayoría de edad.

Con un salario base de 10 millones de dólares en Williams, al que se suman entre seis y diez millones anuales por patrocinios, Sainz pertenece al club de deportistas cuya ventana de ingresos extraordinarios es breve pero intensa.

Su decisión de invertir en objetos de coleccionismo con mercado probado refleja una tendencia creciente entre atletas de élite: buscar rentabilidad fuera de los circuitos tradicionales, literalmente.

Mientras el quinto Ferrari -un F80 de 4 millones de euros y 1.200 caballos- espera entrega este año, Sainz afronta su segunda temporada en Williams con una certeza: en su garaje de Mónaco no solo hay coches, sino un balance que crece incluso cuando él no está al volante.