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A Valtteri Bottas se le sigue viendo en la parrilla de Fórmula 1, pero su cabeza y su dinero ya no viven solo en el paddock. El finlandés ha levantado un pequeño ecosistema empresarial alrededor de tres gustos muy personales -café, vino y ginebra-.

En ese triángulo, su proyecto más visible es Oath Gin, una marca creada junto a su pareja, la ciclista australiana Tiffany Cromwell. Oath nació como algo más que un acuerdo comercial. Bottas y Cromwell se implicaron desde el diseño de la receta hasta el plan de negocio.

La ginebra mezcla avena procedente de la granja de un tío del piloto en Finlandia con pieles de manzana de Adelaide Hills, en Australia, donde creció ella, y se destila en lotes relativamente pequeños, lejos de la producción masiva.

Esa narrativa de origen compartido convive con una realidad muy concreta: hay capital suyo en juego. "Hay una inversión cuando empiezas una empresa y empiezas a producir cosas. Pero, con suerte, a finales de este año deberíamos ser rentables; ese es más o menos el plan", explicaba en Autosport al poco de lanzar la marca.

Bottas insiste una y otra vez en que Oath no es un capricho caro sin hoja de cálculo detrás. La empresa tiene que sostenerse sola, aunque su peso relativo en su patrimonio sea pequeño frente a los contratos de la F1.

Valtteri Bottas, durante una rueda de prensa Reuters

"Obviamente, a largo plazo no pensamos perder dinero. Pero no creo que vaya a ser lo que me haga rico en comparación con la F1", admitía en esa misma entrevista. El mensaje es claro: pasión, sí; pero con umbral de pérdidas muy definido.

Los primeros datos dan una idea de la escala. En su primer año completo en el mercado, Oath vendió unas 33.000 botellas en Europa, un volumen modesto frente a los gigantes del sector, pero relevante para una marca de autor que se sitúa en la gama media-alta.

Bottas no pretende competir por cantidad, sino por identidad. "No vamos a ser un productor de masas. Eso no está realmente en los planes, porque es un proyecto hecho por pura pasión", resume.

Esa pasión está empotrada en un horizonte claramente largo. "Tenemos un plan a largo plazo para esta empresa… es algo para el largo plazo, sin duda", insiste el finlandés, consciente de que construir marca en el mundo de las espirituosas exige paciencia, distribución y repetición.

Mientras tanto, su nombre y su imagen -el mullet, el bigote, el ciclista amateur- sirven de anzuelo en mercados donde la F1 tiene tirón, pero la ginebra finlandesa es todavía exótica.

En el presente, Oath Gin encaja en una estrategia de diversificación mucho más amplia. Bottas posee en torno al 20% de la tostadora Kahiwa Coffee Roastery, ha lanzado su propio vino Ihana y ha ido entrando también en inmobiliario y en el club de hockey de su ciudad, los Lahti Pelicans.

Él mismo lo explica como una manera de preparar el día después de la F1: "Desde hace unos años empecé a invertir en muchas cosas distintas, porque es importante tener otras cosas, otras pasiones, a las que dedicarte después de tu carrera", contaba en una entrevista reciente.

Eso no significa que se permita frivolidades con el balance. "Por supuesto, también me aseguro de no tirar el dinero en estas cosas. Quiero que me vaya bien en ese lado, así que también se trata de planificar con anticipación", añade.

En ese plan, Oath Gin ocupa un lugar peculiar: es su relato embotellado entre Finlandia y Australia, pero también una prueba de que incluso un "proyecto de pasión" tiene que cuadrar números.