A. M.
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Nico Pino se ha convertido en uno de los ejemplos más interesantes de cómo un deportista de élite puede usar las finanzas y el emprendimiento para intentar llegar a la cima del automovilismo sin depender solo de los patrocinadores clásicos.

El piloto chileno ha creado su propia estructura empresarial y un modelo de inversión tipo "startup" para financiar su camino hacia la Fórmula 1, con mensajes muy directos sobre el dinero y el valor económico de un piloto.

Nicolás Ignacio Pino Muñoz (Santiago de Chile, 2004) es un piloto de automovilismo que ha destacado en las categorías de resistencia y en prototipos, compitiendo en ELMS, IMSA y el Mundial de Resistencia.

Ha sido uno de los pilotos más jóvenes en correr pruebas como las 24 Horas de Daytona y Le Mans, logrando podios en LMP2 y consolidándose como uno de los talentos chilenos con mayor proyección internacional.

Pino creó la sociedad NP78 para centralizar sus derechos de imagen y todos los contratos presentes y futuros, planteando su carrera "como una startup, como un proyecto de inversión de riesgo".

Nico Pino, durante una de sus carreras Redes sociales

Su modelo se apoya en captar aportantes de alto patrimonio y, a la vez, abrir la puerta a aficionados e inversores minoristas a través de plataformas como Tiketally, donde cualquiera puede entrar en el proyecto con tickets desde importes bajos.

En ese contexto de autofinanciación, Pino subraya el enorme valor económico que se concentra en la élite del motor: "Cuando un piloto llega a la Fórmula 1, tiene un valor de 50 millones de euros", una frase que resume el potencial de retorno que él ofrece a quienes apuestan por su carrera.

También ha explicado que su propuesta consiste en que "los inversionistas ponen lucas en el proyecto y luego son parte de un porcentaje de lo que vaya a ganar en el futuro", trasladando al deporte un esquema muy similar al capital riesgo tecnológico.

El caso de Pino encaja en una tendencia cada vez más clara en el deporte profesional: la carrera es corta, la inversión para llegar a la élite es millonaria y la gestión financiera deja de ser un tema secundario para convertirse en parte del plan deportivo.

En automovilismo, completar la escalera desde el karting hasta las puertas de la F1 puede implicar inversiones de varios millones de euros, por lo que estructurar bien contratos, derechos de imagen y vehículos de inversión marca la diferencia entre quedarse a medio camino o llegar arriba.

Pino no solo vende resultados en pista, vende un relato: un joven piloto que profesionaliza su estructura, crea una empresa propia y ofrece un marco legal y financiero claro a quienes quieran compartir el riesgo de su sueño de Fórmula 1.

Su enfoque lo sitúa en la nueva ola de deportistas que hablan abiertamente de patrimonio, retorno y riesgo, y que entienden que, en el deporte moderno, el talento se mide tanto en décimas por vuelta como en capacidad para diseñar un proyecto sostenible en el tiempo.