Soy poco mitómana y nunca he sido muy aficionada a hacerme fotos. Pero el día de la inauguración cambié por completo esa idea. Camino de Maracaná, y recordando que estos son los últimos Juegos Olímpicos que voy a vivir como deportista, tomé la decisión de fabricarme un montón de recuerdos para guardar con cariño y sacarlos a la luz cuando llegue el momento, que terminará llegando en unos años. Rafa Nadal, Felipe Reyes y el resto del equipo de baloncesto, Gemma Mengual, Ona Carbonell, todos mis compañeros del equipo de tenis… no dejé títere con cabeza.



Aunque la mejor preparada para la inauguración fue Arantxa, mi pareja de dobles. Armada con una cámara GoPro y con el famoso palo extensible para selfies, lo grabó todo en alta definición desde una óptica que no tuvo ninguna televisión. Lógicamente no hemos tenido tiempo para verlo con tranquilidad, pero cuando nos sentemos en el futuro a rememorar ese momento mágico nos alegraremos mucho de la idea que tuvo Arantxa al meter en la maleta todos sus juguetes tecnológicos para usarlos en Brasil.



Que Rafa fuese el abanderado fue un honor para el tenis como deporte global y una suerte para todos nosotros, por haber coincidido en la misma generación que él. El premio a su impecable trayectoria estuvo en ese desfile con la bandera española. Tanto él, como Murray, Wozniacki y Muller, abanderados de sus respectivos países, pusieron al tenis en primera línea y demostraron una vez más la importancia que tiene nuestro deporte dentro de los Juegos.

Anabel Medina en el autobús camino de la ceremonia.

De nuevo, y como conté hace unos días con la Villa, los Juegos de Río siguen sorprendiendo a los atletas, quizás por todas las cosas malas que habíamos ido escuchando y leyendo antes de llegar aquí. Sin lugar a dudas, la ceremonia de inauguración fue la mejor organizada de todas en las que he estado, hablando siempre desde el punto de vista del atleta. Nos llevaron en autobús hasta Maracaná y habilitaron un estadio anexo para que esperásemos nuestro turno tranquilamente, sentados en la grada. Allí hablamos, cantamos y también echamos algún que otro baile, aguardando la explosión definitiva que llegó al salir a la noche de Río para presentarnos al mundo con la alegría que nos distingue.



Además, tuvimos la suerte de desfilar este año bien pronto. Como en portugués nuestro país se escribe empezando por la letra ‘e’ (Espanha), evitamos la larga espera que sufrimos en Londres (donde desfilamos como Spain, casi al final). Eso nos permitió ver desde dentro del estadio casi todo el desfile, disfrutando de la ceremonia junto al resto de atletas en la pista y viviendo una experiencia diferente a la de otros Juegos.

Anabel Medina junto a todo el equipo.



Ahora sí, y una vez encendida la llama olímpica, la hora de competir ha llegado. Este domingo nos toca saltar a pista y ya no hay marcha atrás ni tiempo para bromas. Aunque el sábado por la tarde hemos aprovechado para ir a ver la Gimnasia artística, mi deporte favorito en los Juegos, la mañana la hemos empleado en apurar los últimos detalles.



Para preparar el estreno hemos entrenado con las hermanas Chan, una de las mejores parejas del mundo. La decisión de subir la exigencia de los entrenamientos corresponde a una lógica simple: aquí cada partido cuesta sangre, sudor y lágrimas. Lo bueno es que lo sabemos de sobra y que estamos listas para dar todo lo que llevamos dentro.

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