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Jon Rahm fue presentado en diciembre de 2023 como la pieza definitiva del ambicioso proyecto saudí para transformar el golf mundial. Menos de tres años después, el español está dispuesto a renunciar a casi 90 millones de euros para recuperar su libertad.

La operación retrata mejor que ninguna cuenta de resultados el colapso de LIV Golf: el circuito que pretendía conquistar este deporte a golpe de talonario ya no puede garantizar ni los contratos con los que atrajo a sus principales estrellas.

El golfista de Barrika ha alcanzado un acuerdo de separación con la competición dentro del procedimiento de bancarrota abierto en Estados Unidos. Rahm libera a LIV de todas las cantidades que todavía podía reclamarle, incluidos pagos anuales, premios, bonificaciones y compromisos contractuales.

Según The Times, el importe pendiente rondaba los 100 millones de dólares, unos 89,45 millones de euros, de un contrato original cifrado en aproximadamente 300 millones de dólares. El pacto todavía deberá recibir la aprobación del juez Michael Kaplan, encargado del caso, en una audiencia prevista para el 5 de noviembre.

A cambio, el ganador de dos grandes recuperará el control de su nombre, su imagen y sus derechos comerciales. También conservará las marcas "Rahmbo" y "Legion XIII", denominación del equipo que capitaneó durante su etapa en LIV, aunque renunciará a su participación accionarial en esa franquicia y tendrá restricciones para emplear ese nombre dentro de otra liga.

La organización podrá seguir utilizando el contenido histórico correspondiente a los torneos que disputó con ella.

¿A qué renuncia Rahm?

La dimensión de la renuncia resulta todavía más llamativa al observar los documentos judiciales. Cuando LIV solicitó el 8 de septiembre la protección del Capítulo 11 de la legislación estadounidense, Rahm aparecía como su mayor acreedor no garantizado, con 7,47 millones de dólares pendientes de cobro.

Esa cantidad reflejaba obligaciones ya vencidas, pero no el dinero futuro contemplado en su contrato. Con su acuerdo, el español acepta perder ambos conceptos para romper definitivamente cualquier vínculo.

Jon Rahm, en un torneo del circuito LIV Golf Europa Press

Su abogado, John Beck, ya había anticipado el desenlace durante una de las vistas del proceso: "El señor Rahm ha revisado de forma independiente los términos propuestos para LIV 2.0 y ha determinado que son inaceptables para él, por lo que no participará en el proyecto".

La frase resume el cambio sufrido por la competición. El jugador que simbolizó el mayor golpe de LIV al golf tradicional no considera suficientemente atractivo el nuevo modelo que intenta salvarla.

Historia de una caída

La historia comenzó en junio de 2022 con una propuesta diseñada para romper las estructuras del deporte profesional. Torneos de 54 hoyos, salidas simultáneas, ausencia de corte y una clasificación por equipos pretendían ofrecer un producto más corto y dinámico. Pero su verdadero argumento fue económico: contratos garantizados y bolsas de premios contra las que el PGA Tour difícilmente podía competir.

En su primera campaña se anunciaron ocho pruebas con 255 millones de dólares en premios, y figuras como Phil Mickelson, Dustin Johnson, Brooks Koepka, Bryson DeChambeau y Cameron Smith aceptaron incorporarse.

Todo dependía, sin embargo, de que el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí mantuviera abierto el grifo. Los documentos de la bancarrota sitúan en 5.300 millones de dólares las aportaciones de capital realizadas por el PIF entre 2021 y febrero de 2026.

A esa cifra se sumaba un préstamo cuyo saldo había alcanzado los 495 millones. El proyecto podía asumir pérdidas extraordinarias mientras contara con el respaldo ilimitado de su propietario, pero nunca consiguió desarrollar ingresos suficientes para sostener ese nivel de gasto.

Las cuentas disponibles de su actividad fuera de Estados Unidos ya habían mostrado ese desequilibrio. En 2023, LIV ingresó alrededor de 37 millones de dólares en esos mercados y registró unas pérdidas operativas próximas a los 394 millones.

La facturación procedía principalmente de cánones pagados por las sedes, patrocinios, entradas y hospitalidad, mientras los derechos audiovisuales representaban una porción mucho menor. El circuito logró notoriedad, pero no convirtió la atención pública en un negocio capaz de financiar sus contratos, premios y costosa producción internacional.

La retirada del fondo saudí

El principio del fin llegó cuando el fondo saudí comunicó que dejaría de aportar capital más allá de 2026. En su explicación, el PIF admitió que el esfuerzo financiero que exigía LIV a largo plazo había dejado de encajar en su estrategia.

Sin esa cobertura, la liga aplazó su torneo de Luisiana, canceló la final prevista en Michigan y acabó concentrando el desenlace de la temporada en Indiana. También redujo personal antes de acudir al tribunal de Nueva Jersey para protegerse de sus acreedores.

Imagen de un torneo del LIV Golf Europa Press

La solicitud de bancarrota presentó activos estimados entre 100 y 500 millones de dólares frente a unas obligaciones situadas entre 500 y 1.000 millones. Los 27 mayores acreedores acumulaban más de 64 millones, de los cuales alrededor de 45 millones correspondían a jugadores.

Tras Rahm figuraban DeChambeau, Dustin Johnson, Cameron Smith y Adrian Meronk. Esas cifras mostraban una paradoja devastadora: los golfistas que habían recibido fortunas para abandonar los circuitos tradicionales se convertían ahora en acreedores de la liga que debía asegurarles estabilidad.

El Capítulo 11 no implica necesariamente la liquidación inmediata, sino que permite reorganizar deudas y contratos mientras la compañía continúa operando. LIV pretende aprovechar ese mecanismo para desprenderse de sus compromisos más gravosos y reaparecer en 2027 bajo una estructura mucho más austera.

BC Partners Credit ha planteado una financiación de hasta 300 millones de dólares, condicionada a la aprobación judicial y a que exista un número suficiente de jugadores dispuestos a comprometerse con la nueva competición. El plazo inicial para obtener esas adhesiones se ha ampliado hasta el 25 de octubre.

La denominada LIV 2.0 contempla un calendario reducido a diez torneos, con aproximadamente la mitad fuera de Estados Unidos, y sustituiría parte de los grandes pagos garantizados por participaciones accionariales. Los jugadores controlarían en conjunto el 52,5% del nuevo circuito, mientras BC Partners y otros posibles inversores conservarían el 45%, dejando el resto para la dirección.

"Nuestro objetivo es facilitar que LIV Golf salga del proceso de reestructuración con una base financiera sólida y un impulso renovado de cara a 2027", aseguró Ted Goldthorpe, responsable de BC Partners Credit.

La propuesta, sin embargo, debe convencer a profesionales que llegaron atraídos por cantidades aseguradas y que ahora asumirían parte del riesgo empresarial. Rahm ya ha rechazado esa transformación, y el juez ha permitido rescindir los contratos de otros 19 jugadores, entre ellos DeChambeau, Cameron Smith y Dustin Johnson.

Su liberación no significa que todos vayan a marcharse, pero les permite negociar nuevas condiciones con LIV o buscar un destino diferente. La fuga de sus nombres más reconocibles podría restar todavía más valor comercial al campeonato que BC Partners intenta rescatar.

El DP World Tour y el PGA Tour

El contexto exterior tampoco ayuda. El DP World Tour ha decidido que quienes se inscriban en LIV para 2027 no podrán conservar simultáneamente su condición de miembros del circuito europeo. "Los jugadores deben tomar una decisión. Contamos con normas y reglamentos para proteger nuestro circuito, los cuales todos nuestros miembros deben cumplir", afirmó su director ejecutivo, Guy Kinnings.

La medida resulta especialmente sensible porque pertenecer al DP World Tour constituye un requisito para representar a Europa en la Ryder Cup de 2027, que se disputará en Adare Manor, Irlanda.

Abandonar LIV tampoco garantiza una reincorporación inmediata al PGA Tour. Su máximo responsable, Brian Rolapp, ha descartado por ahora repetir el programa extraordinario que facilitó el regreso de Brooks Koepka.

El circuito estadounidense exige que cualquier candidato demuestre primero que está completamente libre de obligaciones contractuales, algo que Rahm conseguirá si el juez aprueba su pacto, pero no ha establecido después un acceso directo. El español mantiene, no obstante, su afiliación al DP World Tour.

Jon Rahm y su eufórica celebración con aficionados tras ganar la Ryder Cup 2025 Reuters

El anunciado acuerdo de 2023 entre el PGA Tour, el DP World Tour y el PIF tampoco resolvió la fractura. Aquel marco puso fin a los litigios y proyectó una sociedad comercial conjunta, pero expiró sin convertirse en un pacto definitivo.

Mientras las negociaciones se estancaban, el PGA Tour reforzó sus finanzas con capital estadounidense y LIV continuó consumiendo recursos sin consolidarse como alternativa rentable.

Por eso, la salida de Rahm representa mucho más que la pérdida de una estrella. LIV aún puede sobrevivir jurídicamente y reaparecer con otro propietario, menos torneos y jugadores convertidos en accionistas.

Lo que termina es el modelo original: una competición sostenida por petrodólares, contratos descomunales y la certeza de que el dinero saudí cubriría indefinidamente cualquier pérdida.

Que su fichaje más emblemático prefiera sacrificar casi 90 millones de euros antes que continuar explica hasta qué punto aquella promesa se ha desmoronado.