Keylor Navas fue villano y después héroe. Falló y salvó. Se movió, como su público, en esa bipolaridad que tanto se paladea en Chamartín. Erró primero en una jugada tonta -una de tantas-, y después alzó los brazos. De nuevo, la afición del Bernabéu fijó su mirada en la portería, ese lugar donde se catapultó a un tal Casillas como ángel de la eternidad y, también, ese sitio del que tuvo que despedirse entre silbidos. Allí, poco tiempo después, estuvo a punto de llegar un tal De Gea, pero finalmente se quedó el costarricense. Pues bien, él, como sus fieles, expuso sus dos versiones: con cantada primero y paradón después. Todo, en cualquier caso, decisivo -para mal y para bien- para que su equipo se impusiera al Betis (2-1) y se aupara a la primera posición.

Pero toca ir por partes. La noche no comenzó bien para el portero costarricense. Saltó al césped y, en la primera gran ocasión del Betis, falló. Brasanac partió en posición reglamentaria y Keylor Navas salió mal. Debió ser expulsado y el colegiado, Mateu Lahoz, tuvo que pitar libre directo, pero no lo hizo.



Sin embargo, su gran fallo llegó después. Sanabria disparó desde fuera del área, el guardameta detuvo la pelota y se la metió dentro de la portería. Lo hizo con un movimiento involuntario, pero sin querer empujó el balón y lo metió dentro de su propia portería.



¿Y qué pasó? El Bernabéu pitó al guardameta casi hasta el final del partido. Pudo aplaudirle o animarlo, pero optó por los silbidos. Su público contestó a los toques de pelota de Keylor Navas con pitos. Así hasta el final del encuentro, cuando cambiaría la tónica. Pero antes, el Real Madrid reduciría distancias: marcó primero Cristiano Ronaldo y después lo hizo, como también es habitual, Sergio Ramos. Kroos se la puso en la cabeza en un córner y el central remató de cabeza.



Sin embargo, poco después, antes de que terminara el partido, los silbidos se convirtieron en aplausos. Sanabria, esta vez de cabeza, remató cerca del palo y Keylor Navas, con una buena estirada, detuvo la pelota y evitó que el Betis empatara el partido. De nuevo, el costarricense se llevó los aplausos del Bernabéu y de Sergio Ramos, que tras marcar fue a darle un abrazo y, después del partido, reconoció haberlo hecho para animarlo: “Cuando los jugadores fallan necesitan cariño y quería dárselo a Keylor. Al final, ha hecho un paradón y recupera la confianza”.



Más allá de lo ocurrido en el partido, es inevitable que Keylor Navas no sea puesto en duda de aquí a final de temporada. La portería del Bernabéu siempre ha sido un lugar incómodo y no iba a ser menos para el costarricense, que ve cómo su futuro vestido de blanco puede peligrar en verano. De Gea y Courtois están al acecho. Pero todo dependerá, en cualquier caso, de sus actuaciones de aquí a que termine la campaña. Y, por supuesto, de lo que reclame o dicte el Bernabéu.

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