España tiende a idolatrar lo extranjero. En los pueblos, por ejemplo, en verano, llegan los forasteros, esas personas a las que no se conoce pero que, de repente, aparecen por las calles y se hacen notar. Y no, no son hijos de “Fulano o Mengano”. Son nuevos, andan con otros aires, llegan de la ciudad y visten ropa de marca. Y claro, ante eso, no queda otra que abrir la boca y adorar. “¡Guau, ojalá y ser así!”, se acostumbra a oír por las calles. Pero eso, que no es sino un fenómeno de un tiempo por caducar, ocurre desde tiempos inmemoriales. Quizás, desde que Berlanga grabó "Bienvenido, Mr. Marshall" o desde que las suecas -¡qué suecas!- eran las MUJERES. Sí, en mayúsculas.



Aquello, fenotipo de la historia de España, sigue reproduciéndose en casi cualquier ámbito de la vida y, por supuesto, en el fútbol. Sobre el campo, a los ojos de las directivas, no es lo mismo llamarse Juan que Rivaldinho. Y, obviamente, ocurre algo parecido cuando llega un presidente foráneo. La muestra, en Valencia. Allí, en momentos de dificultad, llegó Peter Lim a lo 'Mr. Marshall': prometió sanear las cuentas, una política racional de fichajes y un equipo de Champions. Sin embargo, toda aquella música celestial ha acabado tornándose en el peor “chunda-chunda” de la discoteca.



El Valencia, cuando todavía no ha capitulado la decimoquinta jornada de Liga, es decimoséptimo y está empatado a puntos con el Sporting, equipo que abre la zona caliente. Es decir, después de la derrota contra la Real Sociedad (3-2), el conjunto ché podría acabar el fin de semana en descenso si los de Gijón sacan un punto contra el Espanyol en Cornellá. Un drama que se resume en los siguientes datos: tres victorias, tres empates y ocho derrotas en 15 partidos.

Algo inusual para un club que, históricamente, ha estado acostumbrado a luchar por meterse en Champions o incluso por ganar la Liga. De ahí las palabras de Santi Mina tras la debacle: “Si no sacamos los cojones, nos vamos a la mierda. Hay que dejarse el alma porque no nos merecemos esto”.

Cancelo se lamenta en Anoeta. EFE



230 MILLONES EN FICHAJES Y 17 JUGADORES



Esta última derrota no es sino la crónica de una muerte anunciada. El club, desde que llegara Peter Lim, año tras año, ha invertido en fichajes, pero lo ha hecho sin cabeza y acudiendo al mercado sin la planificación adecuada. No se puede argumentar otra cosa en virtud al balance deportivo y económico de la entidad. En total, se ha gastado 230 millones de euros y ha contratado a 17 jugadores hasta verse con el agua al cuello, sin un estilo de fútbol definido ni una dirección concreta a la que mirar. Pitos en la grada para el entrenador, el presidente y el utillero. Contra cualquiera.



Así, el club se ha visto inmerso en una crisis con pocos precedentes y ha igualado sus dos peores arranques en 15 jornadas. En la 82/83, el conjunto ché comenzó la temporada con Manolo Mestré en el banquillo, pero acabó con Miljan Miljanic y salvándose en la última jornada gracias a un gol de Miguel Tendillo al Real Madrid. Y en la 97/98 calcó el mismo inicio con Jorge Valdano, pero fue relevado por Claudio Ranieri, que aupó a los suyos hasta la novena posición a final de temporada.

Ahora, precisamente, la pelota le ha caído a otro compatriota de Ranieri, Cesare Prandelli, cuarto técnico del Valencia en los últimos tres años -desde que llegara Peter Lim-. Pero el técnico italiano, que lleva apenas dos meses en el banquillo y llegó sustituyendo a Pako Ayestarán, no ha conseguido que su equipo despierte. De ahí su discurso del pasado viernes, en el que cargó contra los jugadores: “Quiero entender quién quiere quedarse aquí con la voluntad de sufrir, y quien no quiera… ¡Fuera! Quien no tenga carácter, temperamento y personalidad, quien no tenga amor por la camiseta, ¡fuera!”, instó el exseleccionador azzurro.



Y eso, el compromiso, es lo único que puede salvar a la entidad este invierno. Para cambiar la situación ya se ha anunciado desde el club la voluntad de incorporar a nuevos jugadores y deshacerse de algunos de la plantilla actual. Pero lo que es evidente a estas alturas es que eso no ocurrirá si no se hace con cabeza. Está, en cualquier caso, en la mano de Prandelli. Él tiene la llave. Y también Lim, ese 'Mr. Marshall' que llegó, cual político, con muchas promesas que hoy por hoy no ha cumplido. ¿Lo hará en el futuro? Ya se verá. En cualquier caso, no es cosa de dinero, sino de planificación. Si eso no se comprende desde la directiva, entonces difícilmente revertirá la situación. 

Los jugadores de la Real Sociedad celebran su gol. EFE

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