Juan Quintero fue perla colombiana, promesa mundial y estrella en ciernes; pero también decepción europea, joven sin explotar y talento irregular. A sus 25 años, lo ha sido todo y no ha sido nada. Pero todavía le queda. Sabe que esto no se ha acabado, que las alabanzas se fueron pero pueden volver, que está a tiempo. Y, en este Mundial, lo está demostrando. Él fue el responsable de meter el gol en el primer encuentro contra Japón –un disparo de falta por debajo de la barrera– y él fue el que se encargo de mecer a Colombia para convertir la clasificación el algo plausible. Esta vez, sin goles, pero con una asistencia y, sobre todo, una contribución omnipresente [narración y estadísticas: 0-3].

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En este alegato, le acompañó James, autor de dos pases de gol en el partido: uno de Yerry Mina y otro de Cuadrado. El centrocampista del Bayern, con libertad y galones, acunó la pelota en las inmediaciones del área para llevar a su equipo hacia la victoria. Pero no sólo eso. Él también fue el encargado de acelerar en las transiciones rápidas, de poner orden entre el desconcierto y de bajar hasta su área para robar una pelota. De nuevo, fue aquel del que se enamoró el Real Madrid en Brasil. Y, sí, no marcó. ¡Pero qué nivel!


Ambos, Quintero y James resucitaron a una selección necesitada. Colombia no tuvo suerte ni tino en el primer encuentro. Ante Japón, jugó 86 minutos con un hombre menos. Y, esta vez, no quiso que le sucediese lo mismo. De hecho, no podía. Una derrota lo conducía al abismo. Por eso, con Yerry Mina en defensa, sin tomar riesgos y tocando la pelota, la selección cafetera se puso el mono de trabajo y dejó sin respiración a los polacos. Tocó, tocó y tocó y creó ocasiones. De Falcao, la mayoría. O de James. O de Cuadrado. De muchos. Hasta que llegó el gol. El centrocampista del Bayern, desde la banda derecha, la colgó y Yerry Mina no tuvo mas que rematar solo. Cabezazo y para dentro. Y a bailar antes de irse al túnel de vestuarios.


Pero Colombia, en la primera mitad, sólo calentó. El verdadero baile llegó en la segunda mitad. Con menos ritmo y corazón pero con más cabeza, la selección cafetera se tiró al cuello de los polacos, que cierran un Mundial para olvidar y quedan eliminados. Quintero, que ya había intentado dar varios pases de gol, encontró a Falcao, le filtró un balón entre la defensa y se la dejó para que éste, a su edad y después de perderse el Mundial de Brasil por lesión, se redimiera. O lo que es lo mismo: marcara con un disparo con el exterior el segundo.


El tercero, llegó en una contra. Con la selección polaca entregada en busca de algún signo de vida, James puso la directa para ponerle un balón largo a Cuadrado y que éste, como un caballo de carreras, cabalgara desde atrás para plantarse solo en el área polaca y definir a la perfección con un disparo pegado al palo. Y se acabó. Colombia, con este resultado, depende de sí misma para estar en octavos: si derrota a Senegal en el último partido de la fase de grupos, estará dentro; de lo contrario, tendrá que mirar resultados ajenos. En cualquier caso, ha mejorado sensaciones y ha explotado… justo lo que le faltaba a Quintero.