Lucas Ocampos nació en Quilmes (Buenos Aires, Argentina) en 1994. Un año antes, Roberto Baggio ganaba el Balón de Oro, Bill Clinton sucedía a Bush padre como presidente de los Estados Unidos y el Olympique de Marsella se proclamaba campeón de Europa. Entonces, claro, él no podía atisbar ni la importancia que tendrían aquellos hechos en su vida ni su incidencia futura. Este miércoles (20:45 horas), sin embargo, todo aquello cobra importancia. Mucho tiempo después, el equipo francés puede levantar de nuevo un título continental, la Europa League. “Estoy seguro de que lo vamos a hacer”, afirmaba, con contundencia, el extremo, antes de la final. Y añadía: “Voy a ser la pesadilla de Godín”.

Aquel Olympique del 93, obviamente, era un equipo totalmente diferente al que comparece este miércoles en Lyon contra el Atlético. Tras ganar la Champions, se derrumbó. La entidad fue acusada de comprar el último partido de la Ligue 1 y de dopar a los jugadores. Bajó a Segunda y no pudo defender su título. Ni siquiera pudo disputar la Supercopa europea ni la Intercontinetal. Aquel éxito derivó en un batacazo histórico, algo que es difícil que ocurra esta vez. O, al menos, con las mismas dimensiones.

El Olympique de Rudi García es un equipo confeccionado con cabeza. Frank McCourt, su presidente –propietario también en su momento de los Dodgers y dueño de la maratón de Los Ángeles y del 50% de una competición de caballos– modificó la estrategia a seguir tras comprar el club en el verano de 2016. Con Zubizarreta en la dirección deportiva, se rodeó bien y ha conseguido, con sus decisiones y las de su entorno, llevar al Marsella a una final Europea.

Lucas Ocampos celebra un gol con el Olympique de Marsella. Reuters

Muchos jugadores, como Dimitri Payet o el propio Thauvin se han apoyado en esa buena planificación para relanzar sus carreras. El primero, a sus 31 años, ha recuperado su mejor fútbol con su vuelta a Francia, y el segundo ha hecho lo propio. Pero, entre ellos, también hay otro: Lucas Ocampos. El argentino, a sus 23 años, ha jugado 51 partidos esta temporada y marcado 16 goles (nueve en Ligue 1 y cuatro en Europa League). “He estudiado mucho a los defensas del Atlético que juegan por mi lado (el izquierdo) para intentar sobrepasarlos”, confesaba el extremo, que, ahora sí, ha centrado la cabeza.

Hace unos años, sin embargo, su realidad era diferente. Tras debutar con River y ser reclutado por el Mónaco de Ranieri, Lucas Ocampos no cumplió con lo que se le requería. “Siempre digo que si hoy estuviera con Claudio, habría aprendido el doble. No le hacía caso y hoy me arrepiento porque habría aprendido muchas cosas. Sus equipos eran tácticamente perfectos. Si le hubiese escuchado, me hubiese convertido en un jugador físico antes”, reconoció, tiempo después, en una entrevista con la agencia EFE.

En ese momento, empezó su ‘mili’. Fichó por el Olympique de Bielsa y después se fue cedido al Genoa y el Milan. Pero su mejor versión no la recuperó hasta su vuelta a Marsella. Pasó de estar “flaquito” y pesar 78 kilos a subir hasta los 85. Y, a su vez, dejó de admirar la posesión para centrarse en otro tipo de fútbol, el de Simeone. “Coincidí con su hijo en Italia y me he cruzado varias veces con el Cholo. Hoy me siento más cómodo con ese estilo físico que pregona”, explicaba.

Y así es como ha crecido esta temporada. Lucas Ocampos, a sus 23 años, está en su mejor momento. No ha sido convocado por la selección argentina para ir al Mundial, pero no pierde la fe. “Sé que si hago bien las cosas, acabaré estando en una lista”. Y así será. Su primera baza para conseguirlo, este miércoles, con la final de la Europa League como atractivo y con el Atlético al otro lado. Desde el extremo izquierdo, aquel chico nacido en el 94 tras la resaca de la Copa de Europa del Olympique de Marsella. El mismo que hoy sueña con devolverle la gloria a los franceses mucho tiempo después.

Lucas Ocampos celebra un gol con el Olympique de Marsella. Reuters

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