La cuna del fútbol tiene muchas singularidades. La tarta del descanso, las pintas de cerveza de antes, los desplazamientos masivos, los cánticos constantes… son muy suyos, puede que demasiado. En los últimos años muchos han sido los grandes que han apostado por las competiciones coperas antes que por la Europa League y culturalmente lo ven como algo lógico. Sólo el Liverpool subcampeón de la Europa League pasada se dio cuenta de la valía de esta competición –que se lo digan al Sevilla-. Tras años de rotaciones sin sentido y de ver como Tottenham, Everton o el propio Liverpool de Rodgers hacían el ridículo, ahora le toca al Manchester United. Lejos de ser una obligación, la Europa League debe ser la competición donde los de Mourinho vayan forjándose como un colectivo ganador.

Del desastre en Watford a la racanería en Liverpool

Estamos en octubre y el United ya ha tenido su primera crisis ya superada. Como en el fútbol no existen soluciones mágicas –menos aún en una institución que se exige ser la mejor aunque esté lejos de ello-, Mourinho ha elaborado un plan que poco a poco va dando sus frutos. Su proyecto mostró su peor versión en el campo del Watford, donde cayó 3-1 y sumó su tercera derrota consecutiva. Desde entonces, el entrenador portugués recuperó su pragmatismo, aquel que inicia proyectos desde la solidez defensiva. Una evolución clara que recogen los datos: menos tiros en contra, los rivales tocan menos el balón en su tercio defensivo y necesitan más tiempo y posesiones más largas para batir a David De Gea.

datos defensivos

Esa evolución en el sistema tomó cuerpo dando oportunidades a aquellos que rindieron en Europa League. El once titular ha cambiado mucho destacando las incorporaciones de Chris Smalling y Marcus Rashford, quienes fueron titulares por primera vez esta temporada en competición continental. Otros como Ander Herrera jugaron los noventa minutos la primera jornada de liga, volvieron al once tras buenas actuaciones en Europa League, o el ejemplo de Ashley Young, quien disputó sus primeros minutos de la temporada en este torneo menospreciado por muchos ingleses.

Desde aquel día en Watford, el United ha conseguido ensamblar piezas y los resultados se han notado. Aunque Mourinho lo tiene muy claro: solidez defensiva ahora y ya se verá en los próximos días como mejorar el ataque. De hecho, muchos se han quejado de la falta de ambición en el 0-0 en Anfield el pasado lunes, pero sigue su hoja de ruta habitual. Mourinho siempre ha dejado partidos así en las visitas a los grandes, en especial en su primer año al frente de un proyecto grande. Tiene sentido que este United dé un giro más defensivo respecto a lo que vimos a principio de curso: a día de hoy sólo pueden superar a Arsenal, City, Tottenham e incluso Liverpool siendo conservadores atrás.

Las mejoras pendientes para la Europa League

Si uno lo piensa bien, el United tiene algo positivo en la Europa League, evidentemente no es la Champions, pero tampoco vivirá con tanta presión los días malos. Psicológicamente necesitan sentirse gigantes y eso en Champions no se les puede garantizar. Aquellas tres derrotas seguidas contra City, Feyenoord y Watford ya hicieron tambalearse a José Mourinho y en Europa League tiene oxígeno extra para progresar en lo colectivo y en lo individual. La misión es apuntalar un sistema defensivo que desarmó al Liverpool, sólo el City genera más ocasiones en Premier que los de Klopp, y aprovechar el partido contra el Fenerbahçe para encontrar soluciones en ataque. De hecho, en Premier se nota que los de Mourinho no dominan tanto los partidos como los tres primeros clasificados de Premier, basta con comparar la diferencia de goles esta temporada (Premier, competición europea y, en el caso del United, Supercopa).

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¿Qué le falta al United? Fluidez en el ataque. Mourinho ha renunciado a laterales muy ofensivos para que prevalezca el orden y buen trato de balón de Blind y el esfuerzo de Valencia. Además en la medular han adelantado a Paul Pogba, quien estará más cerca de la mediapunta y en el doble pivote Fellaini domina cada balón suelto y Ander Herrera da señales de volverse más británico: más trabajo, más entradas, más recuperaciones y con la calidad en el pase de siempre. Trabajo y más trabajo. Todo esto acompañado por más juego directo y sin apenas sacar el balón desde atrás: en Anfield sus dos centrales dieron en total 11 pases, la pareja del Liverpool dio 162. Si vemos el mapa de pases de los de Mourinho se aprecia cómo no quieren correr riesgos en campo propio.

El problema viene más arriba. Si Mourinho no da más libertad a las bandas en ataque, el United no llegará con muchos hombres y eso con Ibrahimovic de delantero es un problema. El sueco se ha especializado en los últimos años en juntarse con la medular y si nadie le da desmarques ni apoyos por delante el equipo acaba sin crear peligro y él se desquicia entre batallas rodeado de centrales o incomodándose con Pogba. Mourinho necesita activar en Europa League a hombres como Memphis Depay, involucrar defensivamente a Anthony Martial o mejorar la ubicación de Jesse Lingard. A través de pruebas así en debe encontrar la solución para sus dudas en ataque y, sobre todo, mejorar el rendimiento colectivo para potenciar el talento individual de Zlatan Ibrahimovic y Paul Pogba, jugadores con destellos que pueden decidir partidos pero que por sí solos no son capaces de sostener el rendimiento colectivo necesario. Y para todas esas pruebas, Mourinho necesita la Europa League. Lejos de ser un problema, es un aliado para ir a más.

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