Hace menos de un mes, el Sevilla parecía destinado a caer al precipicio. Perdía contra el Betis en el derbi (3-5) y se cuestionaba todo: si fue acertada la destitución de Berizzo, si Montella era el sustituto idóneo, si los fichajes habían sido los correctos en verano… En fin, todo. En el Atlético, sin embargo, por las mismas fechas, la cara era bien distinta: la llegada de Diego Costa había revolucionado al equipo de Simeone y, de repente, se aspiraba a todo sin remilgos. Pasado ese tiempo, los papeles han cambiado. Ahora, los que sonríen son los hispalenses, clasificados para las semifinales de la Copa del Rey, y los que lloran son los colchoneros [narración y estadísticas: 3-1].



El fútbol es así, dirán los implicados. Y, en efecto, así es. De lo contrario, sería muy fácil acertar las quinielas. Pero más allá de la culpa que se le atribuya al deporte como azote, lo cierto es que el Atlético, desde aquel día contra el Getafe, se ha ido cayendo progresivamente. No lo hizo contra el Eibar (0-1), de milagro. O, mejor dicho, de no ser por Oblak. Pero sí después. Perdió ante el Sevilla en la ida de la Copa del Rey (1-2), empató frente al Girona en Liga (1-1) y naufragó en el Sánchez Pizjuán en la vuelta (1-3). En resumen, más allá de la eliminación en cuartos de final, el conjunto de Simeone ha encajado seis goles en los últimos tres partidos. ¿Y cuántos ha marcado? Tan solo tres. Eso lo explica todo.



El Atlético, aunque parezca mentira, se ha resquebrajado desde abajo. Permitió que el Sevilla, en la primera jugada del partido, a los 28 segundos, le marcara el primer gol. Sarabia entró por la banda y Escudero, llegando desde atrás, remató a placer. 1-0 y a por la remontada, pensaría Simeone. Y ésta pudo llegar. Griezmann, poco después, recibió un buen balón de Gameiro, vio a Sergio Rico adelantado y se atrevió desde 30 metros. Gol y a seguir. Los colchoneros volvían a creer antes del descanso. Pero hasta ahí llegaron sus aspiraciones.



Comenzada la segunda mitad, mismo error. Saúl derriba a Correa dentro del área y Banega convierte desde los once metros. ¿Final? No hasta el minuto 79. Con Torres, Gameiro, Griezmann, Carrasco y Correa en el campo, el Atlético no fue capaz de recortar distancias. ¿Y qué hizo el Sevilla? Sentenciar. Sarabia, en una contra, dirigió la pelota hasta el área rojiblanca y batió a Moyá para sentenciar el partido y dar la clasificación a su equipo. Y fin de la historia.



El Sevilla, perdido hace menos de un mes, ha recuperado su juego y sus aspiraciones. Ha pasado de ronda y ha destrozado al Atlético por medio. Sabe que está a tres partidos de ganar la Copa del Rey y que puede dar guerra en la Champions. Es decir, su temporada, cuando todavía tercia el mes de enero, es mejor que la del equipo de Simeone. Los rojiblancos, en cambio, han echado por la borda prácticamente todas sus aspiraciones en la última semana. Se han distanciado del Barcelona tras su empate contra el Girona (están a 11 puntos del liderato), están fuera de la Copa y dependen exclusivamente de la Europa League. Quizás sea el fútbol el culpable. Quién sabe. Lo cierto es que el Atlético se vuelve a casa tras un duro correctivo y con la temporada puesta en cuestión seriamente. 

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