La primera vez que el alcalde de León, Antonio Silván, escuchó hablar del proyecto qatarí de la Cultural Leonesa, fue al cruzarse en el Ayuntamiento, un piso por debajo de su despacho, con Felipe Llamazares, director general del club. “Felipe me dijo: vengo a contarle al concejal el proyecto que se está fraguando. Me dio cuatro pinceladas, e inmediatamente, le dije: sube”.

En los mismos sofás donde hablaron del proyecto, el alcalde recibe a EL ESPAÑOL y habla desde lo personal, como leonés y como socio del club, de la nueva era del fútbol en la ciudad. “Lo que se está viendo en el campo, y lo que se está viendo fuera del campo, a nivel de dirección, está sonando muy bien. Y eso lo percibe el leonés, por supuesto. Suena muy bien. Hay una muy buena relación institucional entre club y Ayuntamiento. Hay ganas de gol, pero con los pies en el suelo”.

Ese buen sonido que recibe el alcalde llega de una jugada maestra entre el club y la Academia Aspire, que sueña con poner patas arriba el fútbol qatarí, puliendo a sus perlas en su casa, con entrenadores extranjeros, y en equipos europeos, a cambio de gestionar entidades necesitadas, y viceversa. La clave: ese punto masoquista que siempre hay en cualquier amante del deporte. Solo debe existir una profesión más sufrida que la de árbitro ACB, y es la de director general de un equipo de fútbol de Segunda División B. Felipe Llamazares ha hecho doblete. Y lo lleva con buena cara. 

"Hay mucha similitud entre arbitrar y dirigir un club de fútbol"

“Arbitrando no se sufre, se disfruta. Y hay otra cosa que no sabéis, el arbitraje es tremendamente formativo para la vida. Hay mucha similitud entre arbitrar y dirigir un club de fútbol: gestionar emociones, convivir con el error permanentemente, aguantar la presión, tomar decisiones bajo presión, hay gente que no sabe hacerlo. Aquí hay presión de la gente, de la prensa, de los accionistas. También hay que tener autocontrol. Por no meter un gol no podemos liarnos la manta a la cabeza". Llamazares luce sosegado aunque en las oficinas del club todo va a cien por hora. Hoy toca comer deprisa y corriendo encima de los ordenadores. No todos los días viene el Real Madrid.

“No lo pensé. Si lo pienso, no entro –reconoce el director–. Es una pizca de inconsciencia. Si llego a tener conciencia de cómo estaba el club, no hubiera entrado. Debía tres millones de euros en Tercera División, las cuentas embargadas, los trabajadores ocho meses sin cobrar, no había por dónde cogerlo”. Todo surge de algo tan básico como la propia vida: los contactos. Y esto nos devuelve a la cancha de baloncesto. “Fue Basket connection. José Lasa es abogado, y representa los intereses de Aspire en España. Yo hacía bastante que no le veía, pero siempre tuvo buena relación con él. Preguntó en el mercado futbolístico porque necesitaba un club de Segunda B para comprar. Hubo un representante que le dijo que el mejor proyecto estaba en León y lo lideraba un tal Felipe Llamazares. Y me llamó".



Lasa, además, venía con Antonio Martín, ambos campeones de Europa con el Madrid de Sabonis. Casi nada. Al alcalde también le marcó esta situación. “Yo iba con cautela. Le pedí que lo modulara. Estamos cansados de ver proyectos asiáticos de todo tipo, hasta de hindúes en Cantabria, que luego desaparecen y si te he visto no me acuerdo. Pero en este caso me dio buenas sensaciones por las personas que presentaban el proyecto: Antonio Martín, Lasa, Iván Bravo. Daba solvencia al proyecto".

Estadio Reino de León.

Tras la entrada en el club de Llamazares, y antes de la llegada de Aspire, la situación era lamentable: “La primera idea fue crear un proyecto para la base. En León había mercado para el fútbol, pero estaba desprestigiado, estaba mal. Por eso empezamos por abajo. Yo me preocupé de la parte deportiva. Cuando ascendimos de Tercera a Segunda B teníamos una papeleta tremenda, pagar 360.000€ que habían dejado pendiente a jugadores los anteriores gestores, y un aval de 400.000€ para la categoría. Ese fue el momento crítico del club”.

El alcalde no se quedó tranquilo hasta que apareció la llamada inyección económica, y lo explica muy castizamente. “Después vino la prueba del nueve. Porque aquí mucho bla bla bla pero –la mano escenifica el típico gesto de pagar–, claro, el club estaba a punto de desaparecer. Vinieron aquí y tacatá –la mano vuelve a escena–, y sin aparente contraprestación. Eso ya, significa algo. Vamos manteniendo el contacto con ellos, había buena sintonía, y antes de comenzar la temporada volvieron a poner dinero, para el equipo, contrataciones y salarios".

“Fuimos poco a poco condonando la deuda. De los tres millones lo dejamos en 1.700.000€ porque fuimos negociando con acreedores que lo pasaban a capital” –Felipe Llamazares se adentra en la realidad con precisión de cirujano–. “Entonces apareció Aspire. Pagó la deuda, y luego cubre el presupuesto anual. El presupuesto pasa de los dos millones de euros. Y paga el déficit. Cuanto menos déficit tenga que poner, más implicado estará. Lo que no quieren en un saco sin fondo. Por eso el partido contra el Real Madrid, en cuestiones de regular déficit, es fundamental".

“Después de un proceso negociador de un mes –continúa desgranando los detalles estructurales–, llegamos a un acuerdo. Lo más importante de todo es el perfil de todas las personas que forman Aspire, aparte del dinero. Ahí apareció Iván Bravo, que es el Director General de la Academia. Se organizó un consejo asesor que lo forman José Lasa, Antonio Martín e Ignacio Álvarez, y yo dirijo el club junto a Iván Bravo”.

Ilusión y paciencia

Los aficionados, cuando se van acercando al Estadio Reino de León por la ribera del río Bernesga, ahora van con más garbo, pero siempre ha habido dudas. “La afición al principio estaba escéptica, y yo lo entiendo. Se habían hecho muchas barbaridades en el pasado en el club” –empatiza el Director–. “Los empresarios que lo llevaban prometieron que iban a jugar en Champions. La gente ya no se creía nada. Lo nuestro se lo fue creyendo poco a poco y ahora se lo cree. Ven que es un proyecto distinto porque aquí se plantean las cosas a medio-largo plazo. La Cultu tiene ahora mismo 3.400 socios. Para que este club sea del nivel que queremos tenemos que ser 6.000 socios".

Todo hace indicar que hay y habrá paciencia, y de por el momento no parece artificial la relación de la academia con los leoneses. “Tenemos que ser abiertos. La ciudad, el equipo y el propio deporte tamiza los posibles peligros relacionados con este proyecto de inversión extranjera –asegura el alcalde, preocupado también en el inicio por este tema–. La dimensión deportiva va a permitir conciliar la realidad de la ciudad y el equipo, y lo que es hoy esta apuesta exterior. Hoy tiene el nombre de Qatar pero podría tener otro. Vamos a mirarlo con esperanza. Esta ciudad quiere ser una ciudad abierta y acogedora. Si se han fijado en nosotros, vamos a trasladar esa reciprocidad".

Felipe Llamazares, a la izquierda, en el momento de la firma con Aspire.

A este respecto, Llamazares, que no para de recibir llamadas al móvil, responde en la misma línea: “El año pasado estuvieron cuatro qataríes jugando, como parte de la formación. El público les tiene que acoger como propios, como parte de la cantera, porque gracias a ellos, y a sacarnos de la ruina, estamos jugando ahora contra el Real Madrid”. Los teléfonos arden en el Estadio, en los pasillos se amontonan las cámaras de televisión.

Los dieciseisavos de final de la Copa del Rey 2016/17, y el esperado cruce con el Real Madrid, ponen a prueba el experimento. Con Rubén de la Barrera al frente del banquillo, el gran momento de juego, el apoyo de Aspire, y con todas las cámaras, ahora sí, fijas en León. Aún hay restos en el estadio de la última visita de la Selección Española, hay banderines aplastados bajo las gradas. La gran noche, sin embargo, es este miércoles.

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