Madrid

El Real Madrid, en Copa de Europa, es indestructible. Y lo es por un ansia incansable de ganar, que no se agota ni cuando ya parece que un ciclo acabó. Ganar, ganar y ganar. De cualquiera manera, en cualquier circunstancia. Y lo es también por sobreponerse. Ayer, hoy y también mañana. Y por saber sufrir. Los blancos, otra vez en la final de Champions. Tres consecutivas. Cuatro en cinco años. Legendario. Espectacular.

Zidane valora el pase a la final del Real Madrid

Y las tres con Zidane, con Cristiano, con Ramos, con Modric, con Marcelo, con Kroos.... y con Benzema, miembros de un equipo inolvidable, que amenaza seriamente con igualar al Madrid de los años 50, el mejor de toda la historia del fútbol. Hay que resaltar al delantero francés porque su partido, así es el fútbol, le puede valer la continuidad en la temporada en la que peor estuvo. Pero apareció (¡y de qué manera!) en el encuentro más importante del curso.

El Real Madrid hace de lo imposible su rutina. Por eso es tan grande y por eso tiene tantas Copas de Europa en su escudo. Es el fútbol en toda su expresión: goles, competitividad, aguante, sufrimiento remontada y superación. Al Bayern le ha remontado en los dos partidos de esta eliminatoria. Al Bayern, el coloso de Europa. Antes también eliminó a la Juventus y al PSG. Una Champions perfecta en la que ha sufrido mucho. Quizá esto le da más valor.

El Real Madrid está en Kiev (la final es el sábado 26 de mayo) gracias a su resistencia. También a su cabeza. Cuando aparecieron los fantasmas de la Juventus (marcó Kimmich en el minuto 3), el Madrid los espantó con calma. Tuvo muchos desconciertos en defensa, pero fue capaz de controlar los impulsos. A los ocho minutos del gol alemán, respondió el Madrid. Con la cabeza de Benzema.

El francés, que jugó casi por obligación, al retrasar Zidane a Lucas al lateral, se reivindicó de la manera más bonita, en unas semifinales de Champions, la misma ronda en la que inventó la jugada en el Calderón o en la que ya marcó al Bayern en 2014. Dos goles claves, salvadores y vitales. El primero, en remate de cabeza en el segundo palo tras un exquisito pase de Marcelo. 

Y el segundo, el que marcó la eliminatoria, en un horroroso fallo de Ulreich, el portero del Bayern que ya no es que esté a la mitad de nivel que demostró Neuer (lesionado todo el año), sino que está a años luz del primer nivel europeo. El fútbol es eso, fallos y aciertos. Y momentos, porque esto sucedió en el minuto 1 de la segunda parte. Sales de descanso y un error grosero de tu portero te cambia todo. 

Benzema celebra uno de sus goles al Bayern. REUTERS

Empató James en el 66', pidiendo perdón el colombiano a un Bernabéu al que no le quedó otra cosa que sufrir y sufrir. 25 minutos agónicos en los que se acercó al gol en algunos momentos pero también vio la eliminación cerca. El Bayern apretó muchísimo, compitiendo al máximo. Igual este Bayern de Heynckes que el de Guardiola o Ancelotti. Pero no llegaron a la remontada los alemanes. Y explotó de felicidad el Bernabéu.

El Madrid, sí, otra vez en una final de Copa de Europa. Y ahora toca ganarla, como en 1998, en 2000, en 2002, en 2014, en 2016 y en 2017. La lista de años dorados cada vez se hace más larga. Desde 1981 no pierde una. Fue ante el Liverpool, el equipo que ahora puede ser su rival en la del próximo 26 de mayo en Kiev. Los ingleses tendrán que cerrar su pase este miércoles en Roma. Los españoles, en cambio, ya lo tienen.

El Real Madrid y la Copa de Europa. Ya lo cantaba un madridista y español universal: la vida sigue igual. Y no hay quien lo cambie.