Publicada

El Real Madrid celebró una goleada y Vinicius se quedó con otra noche de preguntas. El 4-1 ante el Leipzig no alivió al brasileño, que abandonó el césped del Bernabéu en el minuto 70, con la cabeza baja y sin discutir la decisión de José Mourinho.

Había escuchado silbidos durante la primera parte y volvió a oírlos al ser sustituido. Después, mientras sus compañeros agradecían el apoyo del público, él tomó el camino del vestuario. La victoria colectiva no encontró reflejo en su gesto.

La primera protesta llegó en el minuto 23. Un pase desacertado durante un contraataque bastó para que una parte de la grada expresara su impaciencia. No fue una pitada generalizada ni sostenida, pero sí un aviso para un futbolista al que cada intervención parece someter a examen.

Vinicius todavía tenía tiempo para cambiar el ambiente y encontró ocasiones para hacerlo. Sin embargo, su partido volvió a dejar una ausencia especialmente llamativa: no intentó ningún regate.

Cero, como ante la Roma. El jugador que tantas veces ha construido sus noches desde el desafío al defensor volvió a quedarse sin ese recurso. Esta vez sí buscó la portería: terminó con tres disparos, dos de ellos muy peligrosos.

En el segundo, una intervención del guardameta evitó un gol que habría podido modificar el relato de su actuación. Hubo amenaza en sus remates, pero no continuidad en el desequilibrio. Su aportación ofensiva apareció en acciones aisladas, sin esa insistencia que suele convertirlo en un problema constante para el rival.

Cuando Mourinho ordenó el cambio, tampoco apareció la protesta. Vinicius se situó junto a la línea de cal y aguardó allí su salida, reduciendo el trayecto hasta abandonar el campo. No hubo aspavientos ni una discusión con el banquillo. Se marchó cabizbajo, sin rechistar, entre nuevos silbidos.

Vinicius se marcha del campo cabizbajo tras ser cambiado ante el Leipzig. EFE

La escena mostró a un futbolista apagado: más recogido en su decepción que dispuesto a exteriorizarla. Quedaban veinte minutos y espacios para atacar, pero su oportunidad de reconciliarse con la noche había terminado.

Diomande se hace intocable

El contraste lo puso quien entró por él. Yan Diomande aprovechó ese tramo final para asistir a Mbappé y marcar con una volea espectacular. En apenas veinte minutos, el relevo participó directamente en dos goles y añadió otra dificultad a la situación del brasileño: la comparación inmediata.

Allí donde Vinicius había encontrado obstáculos, su sustituto dejó acciones decisivas. El Bernabéu pasó de despedir al brasileño con pitos a celebrar el impacto del atacante que había ocupado su lugar.

Mbappé quiso separar esa imagen de tristeza de cualquier falta de compromiso. "Está bien que esté triste. Eso significa que quiere dar mucho al equipo y a la gente", explicó después.

El francés acompañó esa lectura con un mensaje de confianza: "Tiene que estar tranquilo, estar orgulloso de quien es, porque es un gran jugador. Todo llegará porque la calidad la tiene". No cuestionó su capacidad; intentó recordársela en una noche en la que su compañero volvió a necesitar respaldo.

Mourinho también lo defendió, aunque desde otra perspectiva. "Vini ha hecho un partido bueno tácticamente para su entrenador. Ha cerrado muy bien", destacó, antes de recordar la parada que le negó el gol.

Y marcó una distancia entre la valoración profesional y el ánimo del jugador: "Solo él puede explicar si se siente triste, pero su entrenador está contento".

Vinicius no desarrolló públicamente su propia explicación. Eligió unas pocas palabras en Instagram: "Viviendo cada momento. Todo pasa". Un mensaje breve tras una noche de ocasiones sin premio, silbidos y una sustitución aceptada en silencio, mientras otro aprovechaba los minutos que él dejaba.