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David Raum terminó el primer entrenamiento de Yan Diomande con una felicitación pendiente. Se acercó a Marcel Schäfer, responsable deportivo del Leipzig, le estrechó la mano y celebró el fichaje.

El capitán del equipo alemán había necesitado una sesión para revisar sus expectativas sobre aquel adolescente llegado del Leganés. "Todos pensaban que era un proyecto, probablemente un jugador que no jugaría", recordó en declaraciones dadas al club en la despedida de Diomande.

El dorsal 49 reforzaba aquella impresión de apuesta a largo plazo, según relató Raum. Poco más de un año después, aquel desconocido futbolista de Costa de Marfil pertenece al Real Madrid y recibe este miércoles al Leipzig en el Bernabéu, en la tercera jornada de la Champions.

Aquella escena de cuando Yan era un recién llegado a Alemania desde el Leganés explica su capacidad para impresionar, pero su presente exige algo distinto: transformar ese impacto en un puesto dentro de un ataque donde las jerarquías preceden a su llegada.

El talento necesitó más tiempo

El Leipzig anunció su incorporación el 16 de julio de 2025. Diomande tenía 18 años y apenas diez partidos con el Leganés, donde había marcado dos goles. Su primera gran conquista alemana fue, por tanto, interna: convencer a compañeros que no lo conocían antes de adquirir notoriedad entre los aficionados.

Pero entusiasmar en un entrenamiento y producir cada fin de semana no fueron procesos simultáneos. Aunque participó desde el inicio del curso, su primera intervención directa en un gol de la Bundesliga llegó en la octava jornada.

Yan Diomande, durante su temporada en el Leipzig. Europa Press

Entonces concentró varias respuestas en una tarde: abrió el marcador y entregó dos asistencias en el 0-6 al Augsburgo. Ese intervalo importa para entender su adaptación actual. El recuerdo de su explosión puede comprimir una temporada entera en unos cuantos destellos y ocultar el tiempo que necesitó para convertir sus condiciones en resultados.

Un hat-trick contra el Eintracht, también en un triunfo por 6-0, terminó de amplificar su nombre. Fue el segundo futbolista más joven en conseguir tres goles en un partido de Bundesliga.

Sin embargo, reducir aquella etapa a su velocidad y sus remates dejaría fuera una parte decisiva de su aprendizaje: la que lo convirtió en un jugador útil incluso cuando la acción no terminaba en la portería contraria.

Carrera en dirección contraria

Uno de los episodios que el Leipzig eligió para despedirlo no fue un gol. Ante el Werder Bremen, después de un córner favorable, Jens Stage salió al contragolpe con ventaja. Diomande recorrió el camino de vuelta y lo alcanzó dentro de su propia área, donde evitó una ocasión con una entrada. Esa jugada permitió observar algo menos vistoso que el regate: la disposición a corregir una situación defensiva.

Ole Werner, su entrenador entonces, destacaba precisamente su contribución tras perder el balón. Esa dimensión ofrece una conexión con el Madrid de Mourinho: el argumento para reclamar minutos no tiene por qué limitarse a desequilibrar arriba. También puede descansar en la capacidad para sostener al equipo cuando sus atacantes pierden la posesión.

El propio Diomande relacionaba su adaptación con un entorno dispuesto a acompañar sus errores. "Incluso cuando cometía errores, me ayudaban a corregirlos", explicó a la Bundesliga.

En aquella entrevista también valoró la tranquilidad de Leipzig y el apoyo de su padre y del personal del club. Su salto no fue únicamente una exhibición de autosuficiencia: hubo una estructura que le permitió aprender mientras competía.

Terminó la Bundesliga con doce goles y ocho asistencias en 33 encuentros y contribuyó al regreso del Leipzig a la Champions. Contando todas las competiciones, alcanzó trece tantos y diez pases de gol en 36 partidos. Este miércoles tendrá enfrente al equipo con el que ayudó a conquistar esa clasificación europea.

Del anonimato a los 125 M€

En Madrid, las expectativas invirtieron el recorrido. El club anunció su contratación hasta 2033 sin publicar, como es habitual, el importe; un fijo de 125 millones de euros, con otros quince sujetos a variables. Ya no llegaba alguien al que pocos conocían, sino un adolescente cuyo precio podía hacer esperar respuestas inmediatas.

Mourinho lo describió con una imagen al poco de empezar la temporada: "En vez de jugar con el 25, juega con el 125 de lo que se ha pagado". Esa comparación entre dorsal y traspaso, en un tono de broma, escondía la tensión real de su incorporación: la magnitud de la inversión invita a juzgarlo como si hubiera comprado un rendimiento plenamente desarrollado.

Yan Diomande celebrando su gol contra el Sevilla. Europa Press

Sus últimas actuaciones empiezan a ofrecer argumentos futbolísticos. Marcó el gol del triunfo ante el Villarreal, asistió a Mbappé en Roma y firmó un tanto y una asistencia frente al Sevilla. En el encuentro europeo también completó seis regates, ganó trece duelos y recuperó cuatro balones. Son indicios de una aportación más amplia que la del extremo reservado para una acción aislada.

Todavía falta precisión. Mourinho insistió después del Sevilla en que debía mejorar la definición y el último pase, aunque reconoció su crecimiento.

El espejo de Vinicius

La sanción liguera de Vinicius abrió espacio al marfileño, pero no afecta a la Champions. Mourinho confirmó en rueda de prensa al brasileño por la izquierda ante el Leipzig y no despejó la participación de Diomande. Presentar el reencuentro como una titularidad asegurada o un relevo consumado falsearía el momento: el recién llegado ha fortalecido su candidatura, pero la competencia sigue siendo enorme.

"Lo que hace a un jugador intocable es su rendimiento en el campo", afirmó el técnico este martes al ser preguntado si consideraba así a Vinicius. Para Diomande, desafiar las jerarquías consiste ahora en sostener actuaciones que obliguen a reconsiderar las decisiones, también cuando todos estén disponibles.

Raum, que lo conoce bien, explicó que gana atrevimiento a medida que encadena acciones y recibe balones. El Leipzig intentará limitar aquello que primero celebró. El Madrid, en cambio, necesita averiguar cuánto puede crecer ese mismo impulso sin perder equilibrio.

Un entrenamiento bastó para despertar la admiración de sus antiguos compañeros; conquistar un sitio estable entre sus nuevas estrellas requerirá repetir la demostración.