Guillermo Echeverría | Agencias
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El Villarreal vivió una noche de contrastes y pesadillas en Anfield, donde terminó cediendo ante el Liverpool en un partido de locura que supuso su segunda derrota en la presente Liga de Campeones.

En el esperado duelo táctico entre el maestro, Andoni Iraola, y su aventajado discípulo, Íñigo Pérez, los ingleses se llevaron un triunfo vibrante tras remontar un choque que los castellonenses llegaron a dominar con mano de hierro en la primera media hora.

El guion inicial parecía escrito a medida para el 'Submarino Amarillo'. Fiel a la promesa de su técnico, el equipo salió sin complejos ante un Liverpool mermado por las bajas. Ya en el primer minuto, Mikautadze perdonó un mano a mano, pero el delantero georgiano no tardó en redimirse: poco después, castigó un error grosero de Van Dijk en una cesión para batir a Alisson y silenciar el estadio.

Los jugadores del Liverpool celebran un gol contra el Villarreal. REUTERS

El gol desató los mejores minutos del Villarreal. Apoyados en un mediocampo imperial conformado por Gueye, Saliba y un Moleiro indetectable entre líneas, los visitantes movieron el balón a su antojo ante unos 'Reds' inoperantes que solo encontraban oxígeno en las internadas del joven Ngumoha.

La superioridad amarilla se tradujo en el 0-2 tras una excelente lectura de Cardona, que rompió la espalda de la zaga inglesa para culminar una asistencia milimétrica de Saliba.

Sin embargo, en Anfield los partidos nunca terminan pronto. Cuando los visitantes parecían tener el duelo anestesiado, la pizarra revivió al equipo de Iraola. Un gran remate de cabeza de Mac Allister a la salida de un córner recortó distancias y metió el partido en la coctelera.

El duelo se convirtió en un intercambio de golpes, un escenario de vértigo que benefició al cuadro local. Justo antes del descanso, Araújo pescó en el área pequeña un balón mal despejado por Cardona, asestando un golpe psicológico letal con el 2-2.

Tras el paso por los vestuarios, la inercia inglesa se transformó en un auténtico vendaval. Con Florian Wirtz asumiendo los galones en ataque, el Liverpool dio un paso al frente, asfixiando con su presión y acumulando llegadas sobre la portería de Gulácsi. Por su parte, un Villarreal huérfano de creatividad tras las sustituciones de Moleiro y Saliba, se vio obligado a atrincherarse y resistir.

El muro amarillo terminó cediendo en el minuto 65. Una nueva galopada de Ngumoha, que superó por velocidad a Cardona, terminó en un pase atrás que Mac Allister no perdonó para sellar la remontada. Apenas tres minutos después, oliendo la sangre de un rival noqueado, Wirtz castigó una pérdida de balón en la salida para colocar el 4-2 que parecía definitivo.

Pese al mazazo, el equipo de Íñigo Pérez tiró de orgullo en el tramo final para intentar la machada. Ayoze avisó mandando un remate a la madera y, a tres minutos de la conclusión, Oluwaseyi apretó el marcador dándole alas al Villarreal.

Sin embargo, el Liverpool supo tirar de oficio en los instantes finales para proteger un triunfo trepidante que deja a los castellonenses con las manos vacías tras haber acariciado la gloria.