Mourinho convirtió su comparecencia de este martes, previa al duelo de Champions contra el RB Leipzig, en una explicación de sus criterios para gobernar el Real Madrid. Los méritos para entrar en el equipo, las combinaciones tácticas y la autoridad arbitral vertebraron una rueda de prensa con un mensaje por encima del resto: "Intocable es sólo el escudo".
La pregunta sobre Vinicius provocó la respuesta más rotunda. "No me gusta el concepto de jugador intocable. Lo que lo hace no es el estatus, el brazalete, los años en el club o lo que se ha pagado por él, lo que lo hace intocable es el rendimiento en el campo".
El técnico separó así las jerarquías del pasado de las decisiones del presente. Sin embargo, la defensa de ese criterio no implicó incertidumbre sobre la participación del brasileño ante el conjunto alemán: "Solo puedo decir que Vinicius va a jugar mañana como extremo izquierdo". Sobre Diomande, mantuvo la incógnita: "Yan no sabe si va a jugar mañana, así que imagínate. No puedo decir más".
Confianza en Kovacs
El discurso sobre el arbitraje europeo tuvo un destinatario concreto. "Tenemos un árbitro mañana que no está para bromas. Tenemos un árbitro con una calidad y una personalidad altísima", afirmó sobre Kovacs.
Mourinho vinculó esa autoridad con el peso de la tecnología: "Me da la sensación que lo bueno de la personalidad que tiene, el VAR con él no tiene un papel importante en el partido". Y completó su valoración: "Estoy muy contento de tener un árbitro como Kovacs en un partido importante como el de mañana".
La pregunta por el presidente del CTA obtuvo una respuesta construida desde la comparación con su propio oficio: "Mi opinión es que el presidente es exactamente igual que yo. Para mí, mis jugadores son los mejores del mundo y para él, sus árbitros son los mejores del mundo. Enhorabuena. Es normal que lo haga".
Mourinho dirigiendo un entrenamiento del Real Madrid.
Una pizarra sin recetas fijas
La vertiente más didáctica apareció al analizar el encaje de Valverde y Güler. "La mejor posición para ellos es estar en el campo", arrancó. Después introdujo el criterio colectivo: "La combinación lateral-extremo no se puede elegir sin pensar en lo que pueden hacer juntos, lo mismo en el centro del campo".
La explicación desembocó en un ejemplo concreto: "Si jugamos en Roma con Bernardo y Arda juntos desde el primer minuto, nos meten cinco. Es mi sensación". El momento del encuentro, no solo los nombres, forma parte de esa ecuación: "Hay momentos para todos y yo trato de hacerlo con los timings correctos. A veces acierto y a veces no".
El mismo razonamiento apareció ante la posibilidad de alinear juntos a Espí y Endrick. "Difícil. De inicio en un partido, difícil. Si queremos jugar en un 4-4-2, sí. Pero con los jugadores de banda que tenemos, es un 4-2-4. Y con 4-2-4, tengo dudas".
Las circunstancias, en cambio, pueden abrir otras opciones: "Si juegas contra un equipo cansado o que ya no sale del bloque bajo, que no se preocupa de construir, puedes hacer todas las locuras posibles como hicimos en Roma". A continuación, marcó la distancia entre analizar y decidir: "Pero hay que leer. Es la diferencia entre los que comentan o escriben, con respeto, y el entrenador".
Construcción y no pronósticos
Tampoco aceptó presentar al Madrid como un proyecto terminado. "Falta mucho. Estamos desde hace 3-4 meses. Es imposible estar donde queremos estar. Se puede mejorar siempre individual y colectivamente".
Su flexibilidad táctica quedó resumida en otra declaración: "Yo no soy un entrenador cabezón con una idea y vive o muere con ella. No soy ese tipo de entrenador, estoy siempre abierto a analizar y entender cosas para buscar lo mejor para mi equipo".
Ese enfoque gradual alcanzó los objetivos europeos: "El Madrid, en este momento, no tiene el objetivo de ganar la Champions. El objetivo es clasificarse". La siguiente estación quedó igualmente delimitada: "Si llegamos a los puntos que nos permiten la clasificación, el siguiente objetivo es evitar el playoff".
Bellingham y el trabajo diario
El cuidado físico de Bellingham permitió ampliar el foco más allá de los partidos. "Tiene la cultura de recuperar, de cuidarse al detalle. Es verdad que viene por la tarde con el fisio, que lo cuida muchísimo y se siente muy bien con ese cuidado individual".
El elogio individual dio paso al funcionamiento del conjunto: "Está el departamento médico disponible y no hay nadie que se quede aquí sin que se quede un asistente mío. Esta dinámica global de trabajo me gusta mucho".
Al hacer balance de sus primeros cien días, Mourinho evitó fijar un horizonte de permanencia. "No voy contando los días que estoy, ni si estaré 200 o tres años". Su compromiso quedó formulado en términos cotidianos: "Mi objetivo es dar cada día el máximo en la construcción de un futuro mejor. Quien da el máximo, no está obligado a dar nada mejor".
