Detrás del carácter firme de uno de los entrenadores más conocidos del fútbol europeo hay también recuerdos familiares, sabores de infancia y dos dulces tradicionales portugueses que nunca faltan en la cocina de su madre.
José Mourinho se ha convertido en una de las figuras más reconocibles del fútbol internacional. Su personalidad, sus declaraciones y su particular manera de afrontar la presión han protagonizado innumerables titulares a lo largo de su carrera.
Sin embargo, lejos de los banquillos y de las polémicas deportivas, existe una faceta mucho más íntima del entrenador portugués: la que lo conecta con su familia y con los sabores de su tierra.
En ese universo cotidiano ocupa un lugar especial su madre, Maria Júlia, quien en una entrevista concedida al periódico portugués Diário de Notícias desveló algunos de los gustos culinarios de su hijo.
Entre sus preferencias destacan dos dulces tradicionales de Portugal: los buñuelos de boniato y las azevias, unas empanadillas dulces que forman parte de la repostería más popular del país vecino.
"Mis nietos no comen muchos dulces; se han criado comiendo muy pocos, pero en casa no podemos prescindir de las azevias de mi abuela y de los buñuelos de boniato, que son los favoritos de mi hijo", explicó Maria Júlia en aquellas declaraciones.
Jose Mourinho, dirigiendo al Real Madrid.
Una confesión sencilla que permite descubrir una imagen diferente de Mourinho, habitualmente asociado a su temperamento competitivo y a su exigencia profesional.
Porque, incluso en la vida de quienes están acostumbrados a recorrer Europa entre entrenamientos, partidos y compromisos deportivos, las tradiciones familiares siguen teniendo un valor especial.
Dos dulces con sabor a tradición
Las azevias son uno de los dulces más característicos de la repostería portuguesa, especialmente durante las celebraciones navideñas. Se preparan con una masa fina que se rellena tradicionalmente con una mezcla de garbanzos y azúcar, aunque existen otras versiones elaboradas con boniato o cabello de ángel.
Una vez cerradas, se fríen y se terminan con azúcar, dando lugar a un bocado crujiente por fuera y suave por dentro.
Los buñuelos de boniato, por su parte, son otra de las elaboraciones que evocan las reuniones familiares y las meriendas de los meses más fríos.
El boniato aporta dulzor y una textura característica a una masa que, después de freírse, se convierte en un pequeño capricho perfecto para acompañar un café o compartir alrededor de la mesa.
En casa de los Mourinho, estos dulces parecen tener un significado que va más allá de la gastronomía. La referencia de Maria Júlia a las recetas heredadas de su abuela refleja la importancia de conservar las costumbres y transmitirlas de generación en generación.
Mientras la actualidad deportiva sigue pendiente de cada gesto del entrenador portugués, sus preferencias culinarias recuerdan que también hay espacio para las pequeñas costumbres que sobreviven al paso del tiempo.
Y es que, más allá de los títulos, las rivalidades y las ruedas de prensa, hay placeres que no entienden de resultados ni de temporadas. Para José Mourinho, uno de ellos parece estar claro: volver a casa y encontrar sobre la mesa esos dulces tradicionales que tanto le gustan.
Porque algunas de las recetas más especiales no necesitan grandes reconocimientos, solo una historia familiar y alguien que se encargue de mantenerlas vivas.
