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El fútbol español atraviesa un momento dulce. Si la Selección no deja de acaparar éxitos allá por donde pasa, los clubes nacionales han comenzado la temporada en la Champions ofreciendo un rendimiento prácticamente inmejorable.

Los datos están ahí: ocho victorias en 10 partidos disputados entre Real Madrid, Barça, Atlético de Madrid, Villarreal y Betis. Un 80% de éxito con los únicos lunares de la derrota atlética en Anfield en la primera jornada y la del submarino amarillo en campo del Dortmund.

De hecho, por primera vez en la historia los cinco equipos españoles ganaron sus partidos en una misma jornada. Cuatro de ellos remontando, teniendo especial valor la resurrección del Real Madrid en Roma pasando de un 3-1 en contra en el minuto 82 a poner el 3-4 en el marcador en el 90'.

Un golpe de autoridad sumado a la victoria del Betis frente al Oporto con una gran reacción de los de Pellegrini o las sendas remontadas del Barça en Turquía o la del Villarreal frente al Nápoles en La Cerámica.

El Atlético fue el único que mandó sin demasiados apuros. Se adelantó frente al United en el primer minuto de juego y mantuvo su renta hasta el final llegando incluso a ampliarla en los últimos compases del choque.

Si bien es cierto que todavía restan 6 jornadas de la Fase de Liga, empezar de esta manera puede solventar muchos problemas futuros. En las dos primeras ediciones del nuevo formato han bastado 9 puntos para sellar el billete a los playoffs. Es decir, Barça, Madrid y Betis tienen prácticamente todo hecho.

El Atlético no debería tener problemas para lograrlo y el Villarreal parece estar en una dinámica mucho más positiva que la del curso pasado donde empató un partido y perdió los otros siete.

Mirando al futuro

Más allá del prestigio deportivo y del alivio que supone encarrilar las clasificaciones a las primeras de cambio, este arranque histórico tiene una trascendencia vital en los despachos: la encarnizada batalla por el coeficiente UEFA.

Con el nuevo formato de las competiciones europeas, la regularidad coral vale su peso en oro, ya que las dos federaciones con mejor rendimiento promedio a final de curso reciben como premio una plaza extra para la siguiente edición de la Champions.

Cada victoria en esta fase suma dos puntos directos al casillero nacional, una cifra que luego se divide entre los siete clubes españoles que arrancaron su andadura en Europa este año. Por eso, firmar un pleno de cinco triunfos en la máxima competición supone el mayor acelerón posible para el ranking.

Sumar y sumar sin fallo no solo infla la estadística, sino que amortigua cualquier posible tropiezo de nuestros representantes en la Europa League o la Conference League y mete de lleno a España en los puestos de cabeza.

El objetivo a largo plazo es claro: mantener esta inercia ganadora hasta la primavera para asegurar que La Liga vuelva a contar con cinco representantes en la élite el año que viene. Una meta que, de consolidarse, no solo reafirmaría el gran momento del fútbol español en el continente, sino que supondría una inyección deportiva y económica fundamental para todo el campeonato.