Jorge Pacheco
Publicada

Tras dos décadas en Osasuna, Atlético de Madrid y Sporting de Gijón, Miguel de las Cuevas conoce de cerca el éxito deportivo y los riesgos del sobreendeudamiento prematuro.

En el videopodcast Los Fulanos, el exfutbolista alicantino de 40 años repasa su aprendizaje patrimonial y la estrategia inmobiliaria que le permite disfrutar de una retirada tranquila.

Su relación con los inmuebles comenzó con un tropezón financiero. Con apenas veinte años, tras fichar por el Atlético de Madrid antes de la crisis de 2008, asumió un endeudamiento desproporcionado: "Me compré un piso de 700.000 euros firmando una hipoteca de golpe", rememora.

Poco después, una grave lesión de tobillo que lo mantuvo alejado de los terrenos de juego durante 500 días desató sus temores al ver amenazada su carrera: "Compré el piso justo en plena burbuja inmobiliaria. Cuando sufrí la lesión y no podía jugar al fútbol, vi que no podía pagar ni el piso ni el coche. Ahí me entró el miedo y el bajón al darme cuenta de que había hecho una mala inversión", relata.

Sin embargo, aquel contratiempo aceleró su madurez financiera: "Tener que responder por aquella mala inversión me salvó la carrera, porque me obligó a centrarme y a trabajar duro para recuperarme".

Aquella lección reorientó por completo sus criterios, rechazando los mercados financieros para volcarse en el ladrillo: "De la bolsa y de esos mercados no entiendo nada; yo soy más del ladrillo", sostiene.

A su juicio, los deportistas no caen en la ruina por gastos cotidianos, sino por asumir proyectos erróneos: "El futbolista no se arruina por darse caprichos, sino por hacer malas inversiones: un piso mal comprado, una discoteca o un bloque de apartamentos", advierte.

Miguel de las Cuevas, en el podcast Los Fulanos. Captura de pantalla

Guiado por su entorno familiar, apostó sobre seguro: "En mi caso, gracias al consejo de mi familia, me centré exclusivamente en pisos y locales, y me ha ido muy bien".

Con el tiempo, evitó compromisos crediticios abusivos: "Tenía claro que no me iba a volver a hipotecar a 40 años como hice la primera vez".

Aprovechó las oportunidades del mercado para generar ingresos recurrentes: "Compré varias oportunidades. Los inmuebles te garantizan flujo de caja", explica, destacando la clave de la ubicación: "Lo primordial es la ubicación: buscar zonas en el centro de la ciudad o junto al mar. Un piso en el centro de Pamplona te costará más, pero el suelo siempre mantiene su valor".

En la actualidad gestiona diez inmuebles: "Tengo cinco pisos y cinco locales, un patrimonio bastante equilibrado", incluyendo un inmueble comercial en Alicante junto a su hermano: "El inmueble es mío; yo puse el local, mi hermano aportó el equipamiento y el trabajo, y nos ha ido bien".

Satisfecho con la rentabilidad conseguida, da por concluida su etapa inversora: "Llegó un momento en que decidí no comprar más. Con lo que obtengo vivo cómodo, ahorro un poco y no necesito adquirir nada más. He llegado a un punto en el que mi vida está enfocada y tranquila", concluye, rematando que "ahora mi único objetivo es vivir bien".