30 días son una eternidad en el fútbol moderno. Ese es el tiempo que ha pasado desde que el Real Madrid pisó por última vez el césped del Santiago Bernabéu.
Desde entonces, una victoria en Elche ensombrecida por la polémica de Ceuta, un derbi perdido, un parón de selecciones que se ha hecho eterno y mucho ruido mediático. Un caldo de cultivo perfecto para que la vuelta a casa sea tensa.
Consciente de ello, José Mourinho compareció en Valdebebas en la previa del partido ante el Villarreal no para desgranar tácticas, sino para erigirse como un muro de contención.
El técnico portugués cerró filas con su vestuario, asumiendo el desgaste de una sala de prensa convertida en trinchera, denunciando que, ante la atípica ausencia de lesiones en su plantilla, todo ha derivado al "campo de la búsqueda de problemas". El escudo protector está levantado.
El tribunal del Bernabéu
El coliseo blanco dictará sentencia este sábado frente al Villarreal. No será un partido cualquiera. Sobre el verde estarán Kylian Mbappé y Vinicius Jr, dos de los grandes estandartes del equipo que se encuentran bajo la lupa.
Al ruido generado de forma conjunta por el polémico episodio de la camiseta sobre Ceuta en el duelo ante el Elche -un gesto compartido que levantó ampollas en un sector del madridismo y acaparó horas de debate mediático por lo inoportuno del gesto- se le han ido sumando turbulencias individuales durante estas semanas sin fútbol en Chamartín.
Aquella escena, que los situó a ambos en el centro de la diana, fue solo el preludio de un parón asfixiante que ha obligado a Mourinho a salir al rescate de sus estrellas.
Por un lado, el escrutinio sobre el delantero francés ha sido total. Sus viajes a París y Suiza estando de baja han generado una corriente de crítica que Mourinho no dudó en calificar de "ridícula".
El técnico recordó que "un jugador lo es 24 horas" y desarmó las acusaciones sobre la escapada suiza: "Era un hotel de pequeñas casas... Eran bicicletas para moverse a zonas comunes en un hotel de tranquilidad. Y parece que estaba haciendo la Vuelta a Suiza".
Más allá de la anécdota, el luso fue tajante a la hora de garantizar el compromiso del delantero parisino, dejando claro que "estoy seguro de que no ha fallado con sus obligaciones con el Real Madrid" y confirmando que será titular.
En su alegato final, lanzó un mensaje directo a la grada, pidiendo perspectiva: "Mi esperanza es que el Bernabéu sea capaz de ser justo... y ser justo es ser inteligente".
Mourinho da indicaciones a Vinicius.
Por otro lado, discurre el bache deportivo de Vinicius. Lejos de señalar al brasileño por su bajo rendimiento sobre el césped, Mourinho adoptó un tono de profunda empatía, evidenciando la frustración interna del jugador por no poder ser decisivo.
"Yo no me escondo. La cosa que me hace mal, que me deja triste, es entender que él quiere estar bien, quiere ser el que gana partidos, que hace la diferencia", confesó el técnico.
El portugués reconoció que le duele "sentir este dolor que él siente, siendo un chico que para mi sorpresa es extraordinario y trabaja mucho para volver", y pidió abiertamente al entorno que le tienda la mano: "Merece ser ayudado. Quiere mucho ser el Vinicius que ha dado tantas alegrías al madridismo".
Enderezar el rumbo
Más allá de lo anímico, el Real Madrid afronta una urgencia deportiva innegable. El equipo necesita convencer desde el juego y desterrar la preocupante tendencia de las desconexiones durante los partidos que le impiden firmar 90 minutos redondos.
El Barça, que cuenta todos sus partidos por victorias, mira por el retrovisor con seis puntos de ventaja, una brecha que no admite más tropiezos si se quiere llegar con opciones reales al Clásico de dentro de dos semanas. Caer en el feudo azulgrana dejaría el título de Liga complicado sin apenas llegar a noviembre.
Mourinho admitió que el cuerpo técnico ha aprovechado este largo parón para detectar las carencias estructurales. "Nosotros hemos estado aquí y cuando tienes poco trabajo efectivo de campo, tienes mucho más tiempo para analizar cada detalle", explicó el entrenador.
Lejos de pedir una revolución, abogó por la precisión: "Hemos encontrado en este primer periodo muchísimas cosas buenas y cosas que mejorar. Hay que buscar mejoras en cosas que están bajo nuestro control... intentaremos hacer ajustes para mejorar en algunos aspectos".
Unos ajustes que pasan, obligatoriamente, por equilibrar el talento ofensivo, ya que, como él mismo advirtió, "en una situación de equilibrio con riesgos controlados no podemos jugar con siete juntos".
El tiempo de pruebas, sin embargo, ha terminado. Por delante se dibuja un 'Tourmalet' asfixiante: ocho finales en apenas 29 días antes del próximo parón de noviembre.
Mourinho, junto a sus futbolistas en el entrenamiento previo al partido frente al Villarreal.
La ruta de supervivencia arranca este sábado ante un Villarreal que Mourinho define como un rival "de Champions, de nivel alto".
Tras recibir al 'Submarino', tocará viajar a Roma, enfrentarse a Sevilla y Leipzig en casa, sobrevivir al todo o nada en el Camp Nou el 25 de octubre, y cerrar el maratón con tres salidas consecutivas llenas de trampas: Racing, AEK y Valencia.
Un mes de vértigo donde el Madrid se juega no solo recuperar su identidad futbolística, sino el ser o no ser en esta primera mitad de la temporada.
