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El regreso de la competición liguera a Vallecas terminó con la suspensión definitiva del encuentro entre el Rayo y el Athletic, correspondiente a la octava jornada.

El colegiado José María Sánchez Martínez detuvo el partido hasta en tres ocasiones por los lanzamientos de objetos desde las gradas.

Después de una primera retirada a vestuarios, los futbolistas regresaron al campo para intentar continuar, pero una nueva oleada de aviones de papel y pelotas frustró la reanudación.

La vuelta a casa, después de casi cinco meses sin un partido de Liga en el estadio, se convirtió así en una nueva muestra del enfrentamiento entre parte del rayismo y su presidente.

Los gritos de "Presa, vete ya" y "fuera, fuera" acompañaron una movilización que trasladó el malestar de las gradas al terreno de juego e impidió que el encuentro siguiera su curso.

Una protesta que paralizó el partido

La primera interrupción llegó en el minuto 13, cuando el Athletic se disponía a lanzar un córner. Los objetos comenzaron a acumularse sobre el césped y obligaron a parar el juego.

Durante unos diez minutos, empleados, recogepelotas y algunos futbolistas colaboraron para despejar el terreno y permitir que se retomara el encuentro.

El intento duró poco. Los lanzamientos se repitieron y Sánchez Martínez ordenó a los equipos marcharse a vestuarios. Por megafonía se advirtió de que una nueva interrupción por el mismo motivo supondría la suspensión.

Óscar Valentín, Isi y Sergio Camello se acercaron a la grada para intentar calmar los ánimos.

Tras la espera, ambos conjuntos regresaron al césped, calentaron y se dispusieron a continuar. Sin embargo, en cuanto volvió a ponerse el balón en juego cayó otra tanda de objetos.

Los jugadores tuvieron que abandonar nuevamente el campo y el árbitro dio por suspendido definitivamente el partido, siguiendo una recomendación de la Policía. La vuelta a vestuarios ya no tuvo retorno.

La movilización estaba anunciada antes del partido. Distintas peñas y colectivos habían convocado una pitada para el inicio del encuentro y un bufandeo en el minuto 13.

La carta que se leía en los aviones de papel lanzados al césped de Vallecas. EFE

El objetivo era concentrar las protestas en una jornada especialmente simbólica: la recuperación del estadio después de los problemas que habían obligado al equipo a ejercer como local lejos del barrio.

El regreso después de Butarque

El Rayo había disputado sus tres primeros compromisos ligueros como anfitrión en Butarque, el campo del Leganés. La salida de Vallecas se produjo después de que una auditoría detectara graves problemas de seguridad, salubridad y mantenimiento.

La Comunidad de Madrid suspendió cautelarmente la concesión del recinto a finales de julio, impidiendo su utilización durante el arranque de la temporada.

El presidente del Rayo, Raúl Martín Presa, y el presidente del Athletic Club, Jon Uriarte, en el palco del estadio de Vallecas. EFE

Una segunda inspección permitió levantar esa medida el 14 de septiembre, tras constatar mejoras en las instalaciones y en la documentación. Sin embargo, no hubo margen para trasladar a Vallecas el encuentro contra el Espanyol y el retorno oficial quedó fijado para la visita del Athletic.

Una semana antes, el Rayo ya había utilizado su estadio para el amistoso del Trofeo de Vallecas ante el Cagliari.

La autorización para volver a jugar no ha puesto fin al procedimiento de extinción de la concesión.

La Comunidad mantiene que el club incumplió sus obligaciones de conservación y continúa tramitando el cambio de gestión del recinto. En vísperas del encuentro, el consejero Mariano de Paco había pedido "calma, responsabilidad y concordia".

La suspensión definitiva convirtió el regreso en otro episodio de la crisis institucional. Ni las retiradas a vestuarios ni las llamadas a detener los lanzamientos permitieron completar el encuentro: la tercera oleada de objetos cerró la tarde futbolística en Vallecas.