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El fútbol brasileño pende de un hilo. O eso es al menos lo que dicen una amplia mayoría de clubes que se han visto notablemente afectados por el veto del Gobierno de su país a las apuestas deportivas en línea.

El pasado 25 de septiembre Lula da Silva tomó una decisión drástica en el contexto de la carrera electoral que mantiene con Flávio Bolsonaro. Apenas una semana antes de la primera vuelta de las elecciones, ató en corto un asunto que considera una "enfermedad" para la sociedad brasileña y que está endeudando a muchas familias.

De repente, las 'bets', como se conoce popularmente a las apuestas deportivas en Brasil, tuvieron que echar el cierre. Una buena parte de la población apoyaba la medida.

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, tras conocer los resultados electorales, en Sao Paulo. Reuters

Pero este cambio tan vehemente también ha dejado otra cara. Mientras que el sector del juego brasileño ya ha interpuesto un recurso ante el Tribunal Supremo de Brasil, los clubes de fútbol de élite claman contra esta medida.

Argumentan que la mayoría de ellos perderían una cantidad importante de ingresos que no sólo afectaría a su competitividad, sino que pondría en peligro su viabilidad de la noche a la mañana. Ahora, los patrocinios en las camisetas se tapan con cinta adhesiva.

Por el momento, la medida provisional está en marcha y nadie puede apostar en Brasil. No obstante, puede ser revocada y necesita la aprobación del Congreso. Dependerá, entre otras cosas, del resultado de la segunda vuelta de las elecciones, así que parece que un nuevo partido acaba de empezar en los tribunales con muchos intereses en juego.

Preocupación por la población

Desde que el sector del juego se liberalizara en Brasil en 2018 los números no han ido sino en aumento. Las apuestas deportivas se han convertido en un negocio que cada vez atraía a más gente y más dinero, y en este punto el Gobierno de Lula da Silva ha querido decir 'basta'.

Entre enero de 2015 y junio de 2016, los brasileños depositaron en las plataformas de juego en línea 318.000 millones de reales, unos 56.000 millones de euros, lo que supuso una media de prácticamente 100 millones de euros al día.

El Gobierno mostró su preocupación por el endeudamiento de las familias, las conductas peligrosas asociadas a la ludopatía y la alta tasa de mortalidad por suicidio entre aquellos que tenían patrones de riesgo.

Memphis Depay, con el Corinthians, otro club patrocinado por una casa de apuestas deportivas. REUTERS

"Si las casas de apuestas le hacen daño a la gente, entonces la recaudación no se justifica de ninguna forma", llegó a comentar Darío Durigan, Ministro de Hacienda brasileño.

El Gobierno anunció la entrada en vigor de esta prohibición de hacer apuestas deportivas el 25 de septiembre y dio hasta última hora del 5 de octubre para que los jugadores retiraran sus saldos de las plataformas. Ese fue el último día en el que los clubes pudieron además lucir cualquier publicidad relativa a las casas de apuestas.

El 6 de octubre los sitios web de los proveedores dejaron de estar disponibles, el cierre total a las apuestas deportivas en Brasil, al menos de forma provisional.

Además, la Abogacía General de la Unión presentó una demanda contra las casas de apuestas por valor de 191 millones de dólares en concepto de indemnización por daños morales y colectivos.

El fútbol tiembla

La preocupación es total en el fútbol brasileño. Los clubes tiemblan ante esta medida repentina que va a cercenar de manera inmediata una buena parte de sus ingresos.

Para empezar, la máxima categoría del fútbol brasileño está patrocinada por una casa de apuestas que ahora ve comprometida su inversión millonaria.

Para continuar, hasta 13 de los 20 clubes que militan en la Serie A brasileña tienen como patrocinador importante a una casa de apuestas. En 2025, el número ascendía incluso a 18.

Esta prohibición del Gobierno ha hecho estallar a los clubes de fútbol brasileños. Una buena parte de ellos entre la primera y la segunda división se han agrupado para pedir la detención de la nueva orden promovida por Lula da Silva.

El mercado regulado dejó al fútbol brasileño cerca de 180 millones de euros el pasado curso, una cifra que ahora temen perder los principales equipos del país.

Para los clubes los ingresos procedentes de las casas de apuestas en forma de patrocinio representan, de media, cerca del 8% del presupuesto anual. En el caso de algunos gigantes, como el Flamengo o el Corinthians, estas partidas alcanzan incluso el 12,6% y el 17,3%.

Los clubes ven imposible cubrir estos ingresos millonarios de la noche a la mañana con la entrada en vigor de esta medida, y por eso también han acudido al Tribunal Supremo de Brasil.

Vitor Roque, con el Palmeiras, que también luce publicidad de apuestas deportivas. REUTERS

"Si se acaba el mercado regulado, no son las apuestas las que se acaban, es el fútbol el que se acaba", dijeron los clubes en un comunicado conjunto mostrando su indignación.

Pese a que Lula respondió que aquella sentencia era una "estupidez", los clubes claman por sus cuentas y por la posible pérdida de competitividad. Aseguran que si las casas de apuestas no pueden invertir en Brasil, lo harán en otros países cercanos y eso hará que el fútbol brasileño deje de dominar la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana.

Además, advierten del peligro de la proliferación de sitios ilegales de apuestas y que todo lo que hasta ahora estaba regulado pueda marcharse al mercado negro.