El fútbol de toque y la magia canaria aún tienen capítulos por escribir. Cuando el mundo del balón daba por definitiva la retirada de David Silva, el exjugador del Manchester City, la Real Sociedad y campeón del mundo con la Selección Española ha sorprendido a todos.
El mediocampista regresa a los terrenos de juego para embarcarse en una exótica aventura: acaba de hacer oficial su fichaje por el Sha Tin de Hong Kong.A sus espaldas, Silva lleva una carrera envidiable plagada de títulos, pero el camino hacia el olimpo futbolístico estuvo marcado por el sacrificio personal, el desarraigo temprano y un aprendizaje forjado en el asfalto.
Lejos de las comodidades de las academias modernas, el canario moldeó su talento natural en su tierra natal, Arguineguín.
En una reciente aparición en el podcast presentado por el exjugador Mario Suárez, Silva rememoraba con nostalgia aquellos inicios puros: "Nosotros jugamos mucho en la calle, en la playa. Ese fútbol que ahora se echa en falta, un poquito de tener ese control de balón. Jugábamos en todos lados, a todas horas. Hoy se echa un poco en falta ver a los niños jugando en las calles".
Ese niño que dominaba el balón en la arena tuvo que hacer las maletas muy pronto para unirse a la cantera del Valencia CF. Una separación familiar que dejó cicatrices emocionales profundas en sus primeros años.
"Muy complicado", confesaba Silva a Suárez, reflexionando sobre el choque con la realidad. "No había las facilidades que hay ahora con el móvil, ahora hay muchos vuelos. Durante los primeros años, yo veía a mis padres solo dos veces al año. Después ellos se fueron a vivir; primero mi madre y luego mi padre al año siguiente".
El dolor de aquella distancia quedó grabado a fuego en una anécdota desoladora que ilustra el alto precio del éxito: "Llegué con mi padre y él estuvo unos días conmigo; justo entrenaba y me dijo 'mira David, en cualquier momento del entrenamiento me tengo que ir porque tengo que coger el avión'. Me pasaba todo el entrenamiento viéndolo y se me salían las lágrimas".
Sin embargo, esa dureza forjó el carácter de acero que siempre ha acompañado a su exquisita técnica sobre el césped. "Todo sirvió para madurar más rápido y entender que las cosas no iban a ser fáciles.
Me fue muy bien gracias al apoyo de mi familia, que luego hicieron el esfuerzo de venirse", reflexionaba agradecido. Hoy, con su familia siempre como pilar fundamental, el "Mago" de Arguineguín vuelve a sonreír con las botas puestas. El fútbol de la calle que mamó en Canarias se traslada ahora al fútbol asiático, donde los aficionados del Sha Tin esperan disfrutar de los últimos destellos de un genio incombustible.
