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La Federación Noruega de Fútbol (NFF) ha presentado dos denuncias formales contra Gianni Infantino y su equipo de asesores, entre los que figura el abogado español Emilio García Silvero, jefe de servicios jurídicos y de cumplimiento (compliance) de la FIFA.

El paso promovido por la entidad nórdica marca un hito sin precedentes, al ser la primera vez que una federación asociada denuncia por estas vías al máximo mandatario del fútbol mundial.

La ofensiva legal se articula a través de dos frentes complementarios. La denuncia principal ha sido interpuesta ante el Comité de Ética por presunto incumplimiento normativo individual, mientras que la segunda se tramita ante el Comité de Gobernanza y Compliance por el fallo sistemático en los mecanismos internos de control.

Asimismo, la NFF exige la recusación de García Silvero en cualquier asunto vinculado y reclama que los miembros del órgano ético se abstengan para garantizar la total neutralidad del proceso.

El documento presentado por la presidenta de la federación, la jurista y exfutbolista Lise Klaveness, engloba tres expedientes concretos bajo la acusación de presunto abuso de poder.

En primer lugar, la concesión del Premio de la Paz de la FIFA a Donald Trump, considerado una vulneración al principio de neutralidad política. En segundo término, el 'caso Balogun', relativo a la controvertida anulación de la tarjeta y sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun durante el Mundial 2026 tras presiones gubernamentales, hecho vinculado al área de Silvero.

Por último, las maniobras de privatización y venta de derechos comerciales de la Copa del Mundo mediante la creación de la filial FIFA Forward Enterprise.

Gianni Infantino, en la final del Mundial sub20 femenino. REUTERS

La federación noruega solicita examinar los casos de forma individual y conjunta, al entender que responden a un patrón coordinado. El procedimiento queda en manos de la Cámara de Investigación de Ética para una evaluación preliminar que podría derivar en sanciones provisionales antes de pasar a la Cámara de Adjudicación.

Klaveness ha reclamado una resolución expeditiva ante las elecciones presidenciales de la FIFA previstas para marzo, advirtiendo sobre el deterioro del modelo de gobernanza: "El marco entero de la cooperación en el fútbol internacional se puso innecesariamente en riesgo persiguiendo intereses individuales en lugar de los mejores intereses del juego".

Mediante esta denuncia, el fútbol noruego abre una brecha disciplinaria sin precedentes contra la cúpula de poder de la FIFA.

Las tensiones se intensificaron a raíz del proyecto para crear la filial comercial FFE. A través de esa estructura, Infantino pretendía dar entrada a capital privado vendiendo participaciones minoritarias de los torneos mundialistas por 4.200 millones de dólares.

La iniciativa desató una fuerte resistencia en Europa, liderada por la UEFA, al descubrirse que el principal inversor previsto era el fondo Thrive Capital de Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump. Ante el rechazo unánime, el dirigente suizo tuvo que retirar el plan.

A ese frente se sumó el 'caso Balogun', desencadenado cuando la sanción deportiva impuesta al delantero internacional estadounidense Folarin Balogun fue anulada de forma exprés en vísperas de un compromiso clave, presuntamente tras gestiones políticas procedentes del entorno gubernamental de Estados Unidos.

Las sospechas sobre la intervención directa de la cúpula directiva de la FIFA y de su departamento jurídico en ese expediente alimentaron las acusaciones de vulneración de la neutralidad e integridad deportiva.

El pulso continuado de Klaveness

Para la dirigente noruega, este enfrentamiento representa la culminación de años de discrepancias frontales.

Klaveness ya protagonizó un histórico y tenso discurso durante el Congreso de la FIFA en Doha previo al Mundial de 2022, donde denunció públicamente las violaciones de derechos humanos de los trabajadores migrantes en Catar y la falta de transparencia del ente rector.

Desde entonces, la presidenta de la NFF ha liderado la corriente crítica dentro del fútbol europeo contra los cambios unilaterales de formato, la asignación directa de candidaturas sin debate y lo que califica como una gobernanza opaca y centralizada.

La actual denuncia formal ante el Comité de Ética eleva ese conflicto al plano disciplinario, forzando a los órganos de control a pronunciarse sobre la conducta de la presidencia y su equipo legal.