El fútbol tiene la particularidad de medir a los equipos no solo por sus virtudes en los momentos de bonanza, sino por cómo reaccionan y se imponen ante los escenarios más volcánicos.
La selección española aterriza en Split con un doble objetivo cristalino en el horizonte: sellar matemáticamente su billete a los cuartos de final de la Liga de Naciones y ponerle el broche de oro a este súper parón con un pleno absoluto de victorias.
La hoja de ruta de los de Luis de la Fuente parece inmaculada, respaldada por una estadística que asusta en el Viejo Continente al acumular 41 partidos consecutivos sin conocer la derrota.
Sin embargo, el Estadio Poljud no es un escenario cualquiera. Es una auténtica olla a presión balcánica que pondrá a prueba la madurez de una España que llega como una máquina imparable, pero que deberá demostrar oficio para saber pescar en el río revuelto de un rival herido de muerte.
El infierno balcánico
Si España vive instalada en un estado de gracia y confianza permanente, el ecosistema de su rival es absolutamente opuesto. Croacia es, literalmente, un equipo en llamas.
El combinado ajedrezado recibe a La Roja todavía lamiéndose las heridas de un fin de semana catastrófico que ha dinamitado los cimientos de su fútbol. El humillante 0-7 encajado frente a Inglaterra no solo supuso la mayor debacle en la historia de la selección croata, sino que ha desatado una tormenta nacional sin precedentes.
El ambiente de crispación es total y ha colocado al seleccionador, Slaven Bilic, en el centro de la diana. Como él mismo advirtió, asumiendo la enorme presión que recae sobre sus hombros: "Es la peor derrota de la historia y es una mancha que va a quedar para toda la vida".
Los jugadores de Croacia, cabizbajos tras la dolorosa derrota ante Inglaterra.
En medio de este caos monumental y de un equipo convertido en un blanco fácil para la crítica, ha emergido la figura de su líder indiscutible para intentar sofocar el incendio.
Luka Modric no se ha escondido y ha asumido la gravedad de la situación con una crudeza inusual. "Lo peor del 7-0 no fue perder, sino la manera de perder", confesaba el centrocampista en las horas previas al choque.
El capitán reconoció públicamente sentir una "vergüenza enorme" por la falta de actitud de un equipo que pareció competir con varios futbolistas menos.
Modric ha entonado el 'mea culpa' colectivo, criticando duramente la falta de agresividad y exigiendo a los suyos apelar a la verdadera casta croata frente a España, a la que definió sin tapujos como "el mejor equipo del mundo".
El partido se presenta como un choque directo entre dos realidades completamente opuestas.
Por un lado, una Croacia con urgencias y la necesidad extrema de redimirse ante su público. Por otro, la solidez de la España de De la Fuente, que ya goleó a los balcánicos hace apenas unos días en Sevilla con un claro 4-1. En cualquier caso, ganar como visitante en un estadio como el Poljud nunca es un simple trámite.
Si España logra aprovechar la desesperación local y llevarse la victoria, habrá conseguido el ansiado pleno de triunfos en este parón y mantenido su racha invicta en un escenario de máxima exigencia.
