Lamine Yamal se ha consolidado, por méritos propios, como una de las realidades más deslumbrantes del fútbol mundial. Su fulgurante irrupción en el FC Barcelona y su papel clave con la selección española lo han catapultado hasta la cima mediática, al punto de que su nombre ya resuena con fuerza en la mediática lucha por el Balón de Oro.
Sin embargo, el meteórico ascenso del joven talento azulgrana no ha estado exento de sombras. En los últimos tiempos, al extremo catalán se le ha criticado con frecuencia por protagonizar feos gestos sobre el terreno de juego y por exhibir un ego que muchos consideran desmedido para un futbolista que acaba de dar el salto al profesionalismo.
Esta actitud altiva, que en ocasiones se refleja en quejas ostensibles cuando el balón no le llega, ha vuelto a situarse en el centro del huracán mediático. El plató de El Chiringuito de Jugones fue el escenario donde, hace unos días, el popular tertuliano Cristóbal Soria tomó la palabra para analizar sin tapujos el comportamiento de Lamine Yamal.
Durante su intervención, Soria lanzó una contundente reflexión sobre la preocupante falta de liderazgo en el vestuario culé a la hora de guiar al joven prodigio.
El exdelegado del Sevilla FC comenzó reconociendo el potencial del atacante, pero subrayando una enorme carencia en su entorno dentro de la plantilla. "Estoy convencido de que va a ir evolucionando y madurando, pero sigo echando en falta 2 años y medio después ese alguien que le eche el brazo por encima", sentenció Soria, apuntando a la necesidad urgente de una figura veterana que lo apadrine y le enseñe los códigos del fútbol de élite.
Soria fue más allá y recordó episodios concretos que evidencian una preocupante falta de respeto hacia las jerarquías tradicionales del deporte. "Tiene muchos gestos y tics en el campo. El año pasado le levantó los brazos en un par de ocasiones a Lewandowski", recordó el tertuliano, mostrándose muy crítico con la permisividad del equipo.
Para Soria, la culpa también recae sobre los pesos pesados del vestuario por no saber imponer su autoridad a tiempo ante un joven en formación. "Los rangos existen. Si Lewandowski para a Lamine la primera vez que le levanta los brazos en el campo, no hay segunda vez", afirmó con rotundidad.
Finalmente, concluyó su argumentación pidiendo al entorno del Barcelona mayor exigencia y firmeza, advirtiendo del peligro de los halagos constantes: "No se le puede decir a todo que sí. Al niño hay que cogerlo y decirle, eres muy bueno, pero puedes ser el mejor".
