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España viene de ganar lo más grande que se puede conquistar en el mundo del fútbol. Pero lo que es mejor, España quiere seguir ganando. No es que lo digan los jugadores o el seleccionador, sino que huelgan las palabras porque los hechos hablan por sí mismos.

Todo parecía incluso preparado para seguir escribiendo renglones de oro en la historia de la Selección. No había mejor escenario que Wembley para estrenar la segunda estrella. Pocos rivales más apetecibles existían que Inglaterra, los inventores de toda esta locura, para poner a prueba el éxito del pasado Mundial.

El combinado nacional divirtió, volvió a emocionar y de nuevo ganó. El hambre sigue intacta. Como si el estómago estuviera vacío en esta era que comanda Luis de la Fuente y que, sin embargo, ya tiene en el zurrón una Eurocopa, una Nations League y un Mundial. Pero esto no para y lo próximo es esta Liga de Naciones en la que España ha comenzado con el mejor pie posible.

Lamine Yamal, con el pulgar arriba. REUTERS

A morder desde el inicio

Era toda una incógnita la versión que mostraría España en su primera prueba después del Mundial. Quizás pudiera pesar la segunda estrella en el pecho, a lo mejor se había perdido parte de esa conexión mágica que se vive en una Copa del Mundo con el inicio de la temporada de clubes.

Dos minutos tardó el planeta en salir de dudas. Los mismos en los que Lamine Yamal se apresuró a morder arriba a Guehi, robarle el balón y hacer el primer gol post-Mundial en Wembley. Dos minutos y la doble campeona del mundo ya estaba ganando, casi sin salir de los vestuarios.

Lo que llegó después fue incluso mejor. En el primer cuarto de hora de juego España pudo encarrilar el partido y firmar una goleada de escándalo.

Ferran Torres encontró el gol, aunque fue anulado por un claro fuera de juego. Y acto seguido el propio Ferran pecó de individualista en un dos contra uno ante el portero inglés cuando Nico podía haber empujado. Con algo más de acierto, el marcador podía haber sido de 0-3 en un cuarto de hora, un síntoma inequívoco de que España salió a ganar sin ningún tipo de contemplaciones.

Reponerse del bache

No fue un partido redondo de la Selección. Ni mucho menos. Pero quizás por eso cobra incluso más mérito el resultado final y la manera de llegar a la victoria en Wembley.

España supo levantarse y salir del bache que se metió entre el final de la primera parte y el arranque de la segunda. Encajó dos goles en dos minutos al filo del descanso, y eso le hizo marcharse por debajo en el marcador al intermedio.

Ahí surgieron las dudas, unas sombras que se alargaron en el inicio de la segunda mitad especialmente con una mala versión de Rodri. Pero el fútbol siguen siendo detalles, y parece que eso también lo controla España. Harry Kane falló el penalti que podría haber supuesto el 3-1 y ahí se abrió un nuevo partido.

Una vida extra que aprovechó Luis de la Fuente para introducir cambios. Y para volver a acertar. Como siempre, por cierto, porque el ratio de tino por parte del seleccionador comienza a rozar lo sobrenatural, como si tuviera una bola de cristal mágica en el banquillo.

Baena le cambió la cara al partido. Con una asociación brutal con Lamine Yamal, asistencia de tacón incluida, España volvió a creer en sus posibilidades. Y un minuto después llegó el gol del propio Baena.

El empate podía haber sido suficiente teniendo en cuenta los minutos anteriores, el rival y el escenario. Pero estamos en el punto de que un empate a domicilio ya le sabe a poco a esta Selección. Y eso es una bendición.

Oyarzabal celebra el gol de la remontada ante Inglaterra en Wembley. REUTERS

Fue a por más España. Con Oyarzabal en el campo -otro cambio ofensivo-, su conexión con Baena resultó letal y el de la Real hizo el resto con una definición impagable. El hambre está intacta, la actitud de cada jugador que entra al campo, también.

La Selección ya tiene en su punto de mira esta Nations League después del Mundial. Una Nations que, además, podría ganar en casa, porque si España entra entre los cuatro elegidos para la Final Four presentará su candidatura para ser la sede de la misma. "Estos jugadores no paran de querer ser mejores", dijo De la Fuente. Aquí nadie se conforma con nada.