Carlos Serrano
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Con más de 300 partidos en Primera División, Ibai Gómez repasa las luces y sombras del deporte profesional, la gestión patrimonial sin formación y la revolución personal que le devolvió la salud. Llegar a la cima del fútbol profesional con apenas 19 años suele percibirse como el triunfo definitivo.

Sin embargo, tras disputar más de 315 partidos en la élite y vestir camisetas emblemáticas como las del Athletic Club o el Deportivo Alavés, Ibai Gómez echa la vista atrás para analizar el elevado coste personal, mental y financiero que conlleva ese éxito.

En una extensa entrevista al podcast Los Fulanos, el bilbaíno reflexiona sobre la falta de educación financiera en los deportistas jóvenes, los episodios de ansiedad extrema antes de saltar al campo y el cambio radical de hábitos que redefinió su concepto de riqueza.

El salto repentino desde el fútbol regional a la Primera División en solo 15 meses situó a Ibai Gómez ante una realidad económica para la que no estaba preparado.

Al encontrarse con ingresos elevados a una edad muy temprana, la ausencia de un asesoramiento especializado supuso un lastre significativo en sus primeros años en la élite.

"Te plantas con 19 años con un dinero que dices '¿Qué hago con esto?' y nadie te guía", confiesa Gómez, quien admite de forma tajante el impacto de esa inexperiencia. "Puedo hablar del dinero que habré perdido por no generar oportunidades, en este caso por no tener una persona de confianza que te pueda guiar".

Durante sus primeros cuatro años como profesional, la administración de su patrimonio recayó en el entorno familiar directo. Aunque reconoce la buena intencionalidad de su madre, califica aquella gestión inicial como deficiente: "Mi ama, con toda la buena intención pero sin tener ni idea, me llevaba las cosas... mal gestionado, como todos".

A ello se sumó la dificultad para gestionar las relaciones personales en un ecosistema donde prima el interés económico: "Te vas dando cuenta de que hay mucha gente que viene por interés; no es fácil analizarlo a esa edad".

Egos, llantos y salud mental

Más allá de la estabilidad económica, la exigencia del rendimiento deportivo desencadenó cuadros severos de presión y ansiedad. El exfutbolista desmonta la pátina de infalibilidad que rodea al jugador profesional, revelando que llegó a padecer episodios depresivos mientras competía al máximo nivel.

"El deporte de élite no es salud", afirma con rotundidad. "Yo tenía miedo a salir al campo, yo lloraba porque al día siguiente iba a ser titular. Tu cabeza te dice que eres débil y no quieres decirle a nadie 'no quiero jugar porque tengo miedo', porque el ego te puede".

Para Ibai Gómez, la dificultad para verbalizar estos problemas radicaba en el estigma y la necesidad de proyectar fortaleza ante el entorno. "Vivimos en una sociedad en la que nos da miedo sentirnos débiles. Nos mata un ego desmedido que no te deja escuchar ni atender".

No fue hasta su salida del club bilbaíno cuando comenzó a trabajar con profesionales y coaches para reestructurar su patrón mental y comprender la importancia de la fortaleza emocional.

Del ayuno a la biología circadiana

Un punto de inflexión decisivo en su trayectoria física tuvo lugar tras su llegada al Deportivo Alavés, al coincidir con su compañero Marcos de la Fuente. La adopción de hábitos de salud holística -como el ayuno intermitente, la retirada del gluten, la alimentación basada en comida real y la exposición guiada a la luz natural- transformó su rendimiento muscular.

Tras haber sufrido reiteradas lesiones en su etapa previa en Bilbao, Gómez logró completar dos temporadas y media en Vitoria sin una sola dolencia muscular.

Además, la optimización de sus ritmos circadianos mediante el uso de gafas rojas nocturnas y la eliminación de pantallas antes de dormir le permitieron recuperar un descanso profundo. "Si duermes bien, empiezas el día con otra energía. Todos estos hábitos me cambiaron la vida".

Procedente de una familia humilde del barrio bilbaíno de Santutxu, Gómez apela constantemente a mantener los pies en la tierra para no perder la perspectiva. Tras su retirada del fútbol en activo y su transición hacia los banquillos y el emprendimiento en proyectos de restauración saludable y café de especialidad, su visión sobre el patrimonio ha experimentado una metamorfosis profunda.

"Afortunadamente tenemos para vivir bien, por eso nuestro objetivo al emprender nunca ha sido ganar dinero, sino desarrollar proyectos alineados con nuestro estilo de vida".

El exfutbolista concluye que la verdadera abundancia no reside en la acumulación de bienes de lujo, sino en el dominio absoluto sobre la propia agenda: "Cada día necesito menos para ser feliz. La felicidad realmente que te da el dinero es la libertad del tiempo de decidir qué hacer y qué no hacer. Ni coches, ni relojes, ni casas: el tiempo".