Fouzi Lekjaa ha situado la aspiración de Marruecos de recibir la final del Mundial de 2030 en el centro de su discurso político.
El presidente de la Federación Marroquí de Fútbol y ministro delegado encargado del Presupuesto aprovechó uno de los últimos actos de campaña antes de las elecciones legislativas de este miércoles para defender la candidatura del futuro estadio Hassan II de Benslimane como sede del partido decisivo.
"Movilizaremos a todas nuestras instituciones y a todos los marroquíes para que acoja la final del Mundial 2030, le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste", afirmó Lekjaa ante los asistentes.
El dirigente convirtió así una ambición deportiva en una declaración de alcance nacional, con el Mundial compartido con España y Portugal como gran escaparate de la estrategia marroquí de inversión, infraestructuras y proyección exterior.
La frase llegó en Benslimane, la provincia elegida para albergar el nuevo estadio Hassan II. El recinto está llamado a ser la gran baza del país norteafricano en la carrera por la final, una pugna todavía abierta porque la FIFA no ha comunicado oficialmente la sede del encuentro.
El organismo internacional deberá resolver más adelante el reparto definitivo de los partidos entre los tres países coanfitriones.
Lekjaa no planteó el desafío desde la rivalidad con España y Portugal, sino desde la movilización interna. Marruecos ha presentado el torneo como una oportunidad para acelerar proyectos de transporte, desarrollo urbano y modernización de servicios en torno a sus sedes.
El estadio Hassan II
La construcción del estadio de Benslimane, proyectado para superar los 100.000 espectadores, representa el símbolo más visible de ese plan.
"El estadio de Benslimane será el corazón palpitante y el centro de desarrollo que experimentarán las infraestructuras", sostuvo el presidente federativo. Su mensaje vincula la futura instalación a una transformación más amplia de la zona situada entre Rabat y Casablanca, con la expectativa de que el Mundial deje un legado económico más allá de las semanas de competición.
El actual responsable de la Federación Marroquí conoce el valor político de esa promesa. Lekjaa ha sido una de las figuras centrales del salto competitivo del fútbol nacional durante la última década y, desde ese lugar, ha ampliado su influencia en la estructura institucional del país.
Fouzi Lekjaa en 2024.
La selección, los grandes eventos continentales y ahora el Mundial de 2030 han reforzado su proyección pública.
Su papel no se limita, sin embargo, a la gestión deportiva. Como ministro delegado de Presupuestos, participa en el diseño económico del Gobierno y maneja una de las áreas determinantes para la ejecución de los proyectos asociados a la cita mundialista.
Además, encabeza la Fundación Marruecos 2030, creada para coordinar los compromisos organizativos del país ante la FIFA y la Confederación Africana de Fútbol.
"Siempre estaremos ahí para defender los derechos del Reino de Marruecos y de África", afirmó Lekjaa al explicar la posición marroquí en la disputa por la final.
El dirigente entiende que el continente debe tener un papel protagonista en una Copa del Mundo que se presenta como histórica por su carácter intercontinental y por la conmemoración del centenario del torneo.
La reivindicación de Benslimane ha generado respuestas en España, donde la Federación Española defiende que la final debe jugarse en territorio español. La discusión, no obstante, sigue condicionada por la ausencia de una decisión oficial de la FIFA.
Lekjaa ya había expresado en anteriores intervenciones su convencimiento de que Marruecos podrá recibir el partido más importante del campeonato, aunque ahora ha elevado el tono al presentarlo como un objetivo colectivo.
Salto a la política
Ese posicionamiento coincide con su irrupción formal en la política partidista. Lekjaa se incorporó hace apenas unos meses al Partido Autenticidad y Modernidad, conocido como PAM, una de las formaciones que integran la actual coalición gubernamental.
Su presencia ha añadido un perfil tecnocrático y muy reconocible al tramo final de una campaña marcada por el coste de la vida, el empleo juvenil y la participación electoral.
Fouzi Lekjaa, junto a Gianni Infantino en el pasado Mundial.
Las urnas de este miércoles decidirán la composición del próximo Parlamento y la correlación de fuerzas de la que saldrá el Gobierno.
Lekjaa aparece como uno de los nombres de mayor peso dentro del PAM, aunque ha evitado alimentar públicamente la posibilidad de aspirar a la jefatura del Ejecutivo. Su prioridad declarada ha sido respaldar a su partido y consolidar el proyecto político en el que acaba de integrarse.
La final del Mundial funciona, en ese contexto, como un mensaje electoral de alto impacto. Lekjaa ofrece una promesa concreta, reconocible para el gran público y conectada con una de las principales fuentes de orgullo nacional de los últimos años.
Su desafío no consiste solo en ganar la sede frente a España y Portugal: también pasa por demostrar que Marruecos puede convertir el fútbol en una herramienta de desarrollo y liderazgo internacional.
