Publicada

El derbi devuelve a José Mourinho y Diego Simeone al mismo escenario competitivo más de doce años después, aunque el reencuentro llega sin la hostilidad verbal que acompañó algunos de sus capítulos anteriores.

Atlético y Real Madrid se citan este domingo, a las 16:15, en el Metropolitano, separados por solo dos puntos: los blancos son segundos con 15 y los rojiblancos, cuartos con 13 después de seis jornadas.

El margen es corto, el ambiente promete ser caldeado y dos atacantes llegan señalados por motivos muy distintos: Julián Álvarez, todavía entre el ruido del verano y las dudas físicas; y Vinicius Jr, bajo el juicio de su propia afición y ante la grada con la que mantiene la relación más incendiaria.

Mourinho y Simeone no se enfrentan desde el 30 de abril de 2014. Aquella noche, el Atlético remontó al Chelsea en Stamford Bridge, ganó 1-3 y alcanzó su primera final de Champions de la era Simeone después del 0-0 de la ida.

Fue el sexto duelo entre ambos y fijó un historial de tres victorias para el portugués, dos para el argentino y un empate. La secuencia explica mejor la relación que el balance: Mourinho ganó los tres primeros, todos en Liga y como entrenador del Madrid; Simeone no perdió ninguno de los tres siguientes, entre ellos la final de Copa de 2013 en el Bernabéu y aquella semifinal europea.

El portugués conserva, además, un expediente casi perfecto contra el Atlético desde el banquillo blanco: ocho triunfos y una sola derrota en nueve derbis oficiales entre 2010 y 2013. Pero aquella excepción tuvo un valor histórico.

El 1-2 de la final copera, decidido en la prórroga, rompió una sequía rojiblanca de catorce años sin derrotar al vecino y anticipó el cambio de jerarquía emocional que impulsaría Simeone. Mourinho domina los números; el Cholo se quedó con los dos golpes que más memoria dejaron: una Copa en Chamartín y una final de Champions conquistada a costa de su Chelsea.

Compañeros de guerra

Doce años después, la víspera ha sustituido los dardos por reconocimiento. "Tengo un grandísimo respeto por Mourinho; obviamente, admirador de él por muchísimo tiempo. Lo he seguido, lo he mirado y él sabe el aprecio que le tengo. Y esperemos este domingo poder competir como lo hemos hecho cuando nos ha tocado enfrentarnos", expresó Simeone.

Mourinho recogió el elogio y enterró las viejas frases de combate: "El día que me contactaron para preguntar si podía hablar de Diego para su documental, no lo pensé ni un minuto. Él sabe exactamente lo que siento, lo que pienso, y ahí está: rivales otra vez, pero compañeros de guerra".

El respeto no reduce el peligro. El Real Madrid llega con cinco victorias y una derrota en Liga, 17 goles a favor y seis en contra; el Atlético presenta cuatro triunfos, un empate y una derrota, con 14 tantos marcados y los mismos seis recibidos.

Alineaciones probables de Atlético de Madrid y Real Madrid. Deportes EE

Los dos han reaccionado tras su último tropiezo liguero: el equipo de Simeone encadenó un 3-0 en Anoeta y un 4-0 ante Osasuna después de caer 0-3 en Bilbao, mientras el de Mourinho respondió a la derrota contra el Betis con victorias frente a Rayo y Elche.

La diferencia está en cómo llegan: el Atlético enlaza dos porterías a cero; el Madrid necesitó un gol de Carlos Espí en el minuto 91 para resolver el 3-2 del Martínez Valero.

Los datos señalan un Madrid con mayor volumen ofensivo, pero también a un Atlético que ha convertido con enorme eficacia sus mejores tramos. Mbappé lidera La Liga con siete goles en seis partidos y es la amenaza central de un ataque blanco que promedia 2,83 tantos; Álex Baena encabeza al Atlético con cuatro, dentro de un equipo que alcanza 2,33 por encuentro.

Los rojiblancos suman tres partidos sin encajar por solo uno del Madrid, una diferencia relevante para un encuentro que puede obligar al visitante a convivir con fases sin balón.

Duelo de pizarras

Ahí aparece una de las incertidumbres de Mourinho. El portugués ha reconocido que su equipo todavía debe aprender a defender mejor en bloque bajo, no porque quiera instalarse de forma permanente cerca de Courtois, sino porque asume que el Metropolitano lo empujará durante algunos intervalos.

Su elección en el centro condicionará esa resistencia y también la salida: Valverde parece fijo, mientras Tchouaméni aporta más protección y Bernardo Silva más control ante la presión. En defensa, Dumfries y Alexander-Arnold compiten por el lateral derecho; Konaté y Huijsen apuntan al eje, con Cucurella como opción de mayor seguridad en la izquierda.

El dibujo probable es un 4-2-3-1, pero su comportamiento puede mutar según quién acompañe a Valverde y dónde se sitúen Bellingham y Arda Güler. Con Tchouaméni, el Madrid gana cobertura para liberar a los laterales y proteger las pérdidas; con Bernardo, mejora la circulación, aunque expone más el retorno ante Baena, Lookman o Kang-in Lee.

La duda no es menor frente a un Atlético al que Simeone intentará llevar hacia los costados antes de atacar el espacio interior. Militão, Rodrygo y Mendy son las tres bajas confirmadas de Mourinho.

Simeone tiene un rompecabezas todavía mayor. Pablo Barrios, su centrocampista con más capacidad para conducir y romper líneas, y Alexander Sorloth están descartados. Sin Barrios, el técnico debe elegir entre el gobierno de Koke, el músculo posicional de Hjulmand y la energía de Johnny Cardoso, además de decidir si Marcos Llorente actúa por dentro o como carrilero.

También está abierta la estructura: una línea de cinco puede proteger mejor el área y lanzar a Grimaldo y Llorente; una defensa de cuatro permitiría acumular un atacante más, pero ofrecería mayores espacios a Mbappé y Vinicius tras pérdida.

El propio Simeone ha identificado el punto crítico. Considera que el Madrid es superior en la transición ofensiva y especialmente dañino cuando recupera y acelera.

Su plan, por tanto, no dependerá solo de replegar, sino de perder bien: asegurar el pase, juntar futbolistas alrededor del balón y evitar que los centrales queden defendiendo carreras largas.

La tensión estará entre atacar con suficientes efectivos para aprovechar la localía y conservar una red de seguridad contra un rival construido para convertir un error en una llegada en pocos segundos.

Julián se apunta al derbi

En ese tablero aparece Julián. El argentino trabajó este sábado con el grupo tras una sobrecarga muscular que le apartó de los partidos contra Real Sociedad y Osasuna. Simeone confirmó su presencia, pero no la titularidad: "Nos va a acompañar. Después decidiremos si empieza de inicio o sale durante el partido".

Su estado invita a la prudencia; Jonathan David, fortalecido por sus dos goles ligueros, ofrece una referencia preparada para iniciar, mientras Julián puede convertirse en un recurso de enorme impacto cuando el partido se abra.

La duda física se mezcla con un comienzo cargado de ruido. Julián comunicó durante el verano su voluntad de salir y el Barcelona formalizó una oferta, pero el Atlético se negó a negociar y el delantero continuó en un club con el que tiene contrato hasta 2030.

Julián Álvarez, en el banquillo del Atlético de Madrid. EFE

Su respuesta deportiva aún no ha llegado: suma tres apariciones, una titularidad, 147 minutos, cero goles y una asistencia entre todas las competiciones; en Liga se queda en dos partidos, 55 minutos y ningún tanto.

El derbi puede ser su primera ocasión real para transformar el rechazo de parte del Metropolitano en reconciliación, aunque todo apunta a que Simeone deberá medir cuánto tiempo puede exigirle.

Vinicius, tras la polémica

Vinicius llega a la misma diana desde la dirección opuesta. Mourinho lo ha mantenido como titular en las seis jornadas, pero el brasileño registra un gol y tres asistencias en 508 minutos, con seis remates a portería sobre veinte intentos.

El rendimiento no es malo, aunque queda lejos del peso goleador asociado a su estatus y contrasta con los siete tantos de Mbappé. El Bernabéu ya le ha pitado esta temporada, tanto durante acciones fallidas como al ser sustituido ante el Inter, una fractura que parece alimentarse de factores deportivos y de desencuentros anteriores.

A esa presión se añade la controversia de Elche. Vinicius, Mbappé y Konaté llevaron doblada la camiseta de apoyo a Ceuta y ocultaron total o parcialmente el lema de la campaña.

Mbappé explicó después que quería solidarizarse tanto con los ceutíes como con los migrantes fallecidos y que no pretendía jerarquizar sufrimientos; Vinicius no ha ofrecido públicamente su propia versión, por lo que no puede darse por hecho que compartiera exactamente esa motivación.

Mourinho evitó este sábado entrar en el asunto y se limitó a responder: "Hablo de fútbol".

El Metropolitano añade una última capa. En anteriores derbis, Vinicius ha recibido cánticos racistas, insultos y una hostilidad constante; en septiembre de 2024, el lanzamiento de objetos obligó a interrumpir el partido durante diez minutos.

También permanece el recuerdo del muñeco con su camiseta colgado de un puente, un episodio por el que sus responsables fueron condenados. Ese contexto obliga a separar la rivalidad deportiva de cualquier conducta discriminatoria o violenta: el brasileño puede ser adversario, provocador para una grada o amenaza futbolística, pero nunca objetivo de racismo.

El derbi reúne así dos exámenes personales y uno colectivo. Julián busca demostrar que todavía puede ser la bandera del Atlético después de querer marcharse; Vinicius necesita responder fuera mientras continúa discutido dentro.

Entre ambos, Simeone debe decidir cuánto arriesgar sin Barrios y con su delantero recién recuperado, mientras Mourinho tiene que escoger el equilibrio que permita explotar la transición sin entregar el control.

"Compañeros de guerra" en los banquillos, doce años después; dos estrellas bajo el foco y un Metropolitano preparado para convertir cada decisión en una escena del partido.