Carlos Serrano
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La temporada de Raphinha está superando expectativas. Su adaptación al carril del ‘9’ se ha convertido en una de las grandes noticias del curso y está ofreciendo un rendimiento que, antes del inicio de la campaña, pocos habrían anticipado.

La posibilidad de incorporar a Julián Álvarez parecía entonces una cuestión prioritaria, pero el brasileño ha demostrado que también puede asumir ese protagonismo en el frente de ataque.

Sus estadísticas respaldan la sensación sobre el terreno de juego. Raphinha ha protagonizado uno de los arranques de temporada más destacados de un futbolista en la historia reciente del Barça, confirmando además que su crecimiento bajo las órdenes de Hansi Flick continúa.

Año tras año, el brasileño ha añadido nuevos recursos a su juego hasta convertirse en una pieza cada vez más determinante.

Detrás de esta evolución hay mucho más que talento. El esfuerzo, la perseverancia y la capacidad de sacrificio forman parte de su personalidad desde que era niño. Raphinha creció en Restinga, una favela de Porto Alegre, en un contexto marcado por las dificultades económicas y la violencia.

Allí aprendió muy pronto a encontrar en el fútbol una vía de escape y una herramienta para afrontar las circunstancias que le rodeaban.

El balón y la familia como refugio

Durante su infancia llegó a recibir amenazas de muerte mientras jugaba al fútbol. Una experiencia extrema que, comparada con los insultos y las provocaciones que puede encontrarse actualmente en los estadios de LaLiga, adquiere una dimensión muy diferente.

Aquella realidad contribuyó a forjar el carácter del futbolista que hoy defiende la camiseta azulgrana.

En medio de ese entorno, su familia se convirtió en su principal refugio. Las condiciones en casa eran muy humildes. En una carta publicada en The Players’ Tribune, el propio Raphinha recordaba que todos compartían una única habitación: sus padres, su hermano pequeño, él y las mascotas.

Raphinha celebra un gol esta temporada. Reuters

Precisamente los animales tuvieron un papel especial durante aquellos años. En una etapa marcada por las carencias económicas, Raphinha explicaba que sus perros y gatos ayudaban a mantener el ánimo en casa: "Gracias a Dios teníamos a nuestros animales. Siempre me levantaban el ánimo".

Fuera del hogar también encontró una red de apoyo fundamental. Sus amigos de Restinga eran, en muchos sentidos, otra familia.

El futbolista aprendió allí el valor de la solidaridad y de devolver la ayuda recibida: sabía que algún día podía necesitar a los demás de la misma manera que ellos podían recurrir a él.

Las dificultades llegaban incluso a algo tan básico como la alimentación. Raphinha ha explicado que, después de los partidos, en ocasiones sus amigos compartían entre ellos lo poco que tenían para evitar que alguno regresara a casa sin haber comido.

Cuando nadie disponía de comida, algunos se veían obligados a pedirla a personas desconocidas en la calle.

"Pensaban que queríamos robarles. Era realmente triste, porque simplemente queríamos probar algo de comida. Una galleta, un trozo de pan... cualquier cosa", relataba el brasileño al recordar aquellos momentos.

Una historia que explica al capitán

Su pasado permite entender mejor el vínculo que Raphinha ha desarrollado con el Barça. Aunque su llegada a Barcelona no se produjo hace tantos años, el club apostó por él cuando todavía no era evidente el nivel que acabaría alcanzando.

El brasileño ha respondido a esa confianza convirtiéndose en uno de los futbolistas más importantes de la plantilla.

Su historia también ayuda a explicar algunos de los rasgos que caracterizan su fútbol. Su intensidad en la presión, la insistencia con la que busca los espacios entre los centrales y su capacidad para repetir esfuerzos aunque el pase nunca llegue tienen mucho que ver con una mentalidad construida desde pequeño.

Ese carácter también ha traspasado el terreno de juego. Raphinha se ha convertido en uno de los capitanes del vestuario y ejerce como una figura de referencia para los jóvenes que llegan desde La Masia.

Una responsabilidad que encaja con la filosofía que aprendió durante su infancia: proteger a los tuyos y entender que un equipo también puede ser una familia.

"Cuida siempre de tu segunda familia. Cuida siempre de tus hermanos", resumía el brasileño. Una frase que refleja tanto su pasado como el papel que desempeña ahora dentro del Barça.